Vernant hace una caracterización del héroe plasmado en la épica homérica, específicamente en la Ilíada. Destaca ciertas características que dibujan la figura del héroe y su importancia dentro de la concepción de individuo, que podría, en algún sentido, atribuirse al pensamiento de la Grecia arcaica.

Fama y honor: la exterioridad del héroe

La cultura griega es una cultura de vergüenza y de un proceso de definición a través de los demás. La fama y el honor configuran la forma en que se perfila la personalidad del individuo. El héroe cobra aquí una singular posición: a través de su “heroicidad”, que está determinada por el destino, logra consagrarse como individuo. Pero, esta individualidad no puede entenderse del todo como una subjetividad al estilo moderno, pues se encuentra inserta en un ámbito de la existencia que obedece a las apariencias y a la percepción de los otros.

La bella muerte: destino heroico

Una de las características principales del héroe es conseguir una “bella muerte”. Esta consiste en aceptar un destino heroico, en el que se rechaza la vida larga y tranquila, en favor de una muerte ejemplar, es decir, tener una vida corta pero conseguir con la muerte la pervivencia a través del recuerdo futuro.

La muerte bella arrebata al joven héroe de la vejez y de la muerte. Al morir en la cima de su vida, de su belleza y de su excelencia, se aparta de la disminución de sus fuerzas y del deterioro. El héroe se sitúa “más allá de la muerte cuando la busca en lugar de padecerla, cuando pone en constante peligro una vida que de esta manera adquiere valor ejemplar, y que será loada por los hombres como modelo de la –gloria imperecedera -.” Los héroes, de esta forma, viven, porque se sustraen al olvido que en una cultura como la griega significa la verdadera muerte.

La heroicidad (una vida corta, acciones gloriosa y una bella muerte), adquiere sentido al ser el héroe digno de ensalzamiento y retrato a través de cantos, que reflejan un sistema de valores vivos dentro de una comunidad y tienen una función educativa.

Individualidad y muerte

La individualidad del héroe se reafirma y constata a través de su muerte. La conquista es total, ya no necesita la confirmación de su yo por medio de los otros. Sin embargo, aun alcanzando ese lugar a través del cumplimiento de su destino, su cuerpo representa un elemento muy importante. Un cuerpo joven y bello confirma la gloria del héroe que murió de forma espléndida, de forma heroica.

La exterioridad del héroe es fundamental en esa afirmación a través de los ojos ajenos. El cadáver, antes de ser entregado a los ritos funerarios, debe conservar su incorruptibilidad; su belleza y su gloria. Vernant plantea que el enfrentamiento entre el héroe y su enemigo debe ser radical. No es suficiente haber ganado, hay que anular al oponente, negarle su propia humanidad reduciendo su cadáver a nada.

Al privar al otro de una bella muerte, lo despoja, asimismo, de todo rastro de gloria que su muerte podría haberle traído. Para que el nombre del héroe pueda ser reconocido por generaciones futuras, necesita que su cadáver “haya recibido su tributo de honores, el géras thánonton, que no se haya privado de la timé que le corresponde y que le hará penetrar hasta el fondo de la muerte y acceder a un estado nuevo, al estatuto social de difunto, tomándosele, sin embargo, como representante de los valores de vida, juventud y belleza que el cuerpo encarna y que en él se han visto consagrados por la muerte heroica.”

Esta negación del cuerpo del caído busca la destrucción de la individualidad, borra la figura del muerto disminuyendo su situación de ser humano a la de un mero objeto.