El Peropalo es el nombre con el que se conoce la peculiar fiesta de Carnaval en Villaueva de la Vera (Cáceres). Dicha celebración se desmarca de la tipología convencional más frecuente de representación carnavalesca en la que prima el disfraz. En dicho pueblo verato, el Carnaval está inmerso en una serie de manifestaciones simbólicas muy particulares, todas ellas ritualizadas. El Peropalo es la referencia por antonomasia de los habitantes del pueblo y ha adquirido en las últimas décadas un papel identitario para toda la comarca de la Vera.

Durante los días de Carnaval, Villanueva se llena de forasteros atraídos por esta particular representación donde todo el pueblo viste sus trajes populares (en lugar de disfrazarse), tocan sus instrumentos musicales tradicionales, etc... Todo ello conforma un característico ambiente visual y sonoro, que unido a su interesante arquitectura tradicional, su sugestivo paisaje y su atractiva gastronomía, hacen de esta localidad extremeña un lugar de referencia en la celebración del Carnaval en España.

El ritual

El Peropalo es un muñeco, de tamaño natural, formado sobre una armadura y vestido con calzón antiguo, abotonado a los lados y formando una pieza con la chaquetilla, hecha del mismo paño que los calzones. Completa el atuendo una faja negra y un pañuelo blanco, que se le ata al cuello. La cabeza se fabrica con una careta de cartón y se cubre con un gran sombrero, poniéndola un cigarro en la boca. Este muñeco lo hacen los peropaleros que son un grupo de personas que forman los iniciados. Estos velan por el pelele y además dirigen toda la celebración y se encargan de tocar el tambor, el principal instrumento de esta fiesta. Al muñeco se le confecciona en un lugar secreto entre redobles de tambor y recitados letanías misteriosas.

El pelele recorrerá el pueblo, acompañado siempre por el tambor, bailará entre el regocijo de todos, será acusado, juzgado y sacrificado el martes de Carnaval. También habrá ofertas para quien lo desee, a una mesa de autoridades; los oferentes son golpeados con calabazas una vez depositada su contribución. Tampoco falta la jura de la bandera presidida por el capitán y la capitana, provista del emblema de su rango, que es un chorizo colgado de una vara de zarza. Se organizan dos bandos antes de la muerte del Peropalo, uno de ellos pide su muerte por promiscuo y otros vocean para que no sea ejecutado.

Interpretación

Según la tradición local, la fiesta es ancestral. La primer referencia documental se vincula con un proceso inquisitorial de 1752, ante la acusación de que en el pueblo, todos los años, se asesinaba en el fuego a una persona. En el proceso se personó el Concejo en pleno, y representaron en directo su fiesta, para demostrar que lo que se quemaba era un muñeco, un judío al que se le atribuían todos los males, entre estos, los más característicos eran los de tipo sexual.

Para muchos antropólogos esta fiesta se encuentra en el marco de las celebraciones que conmemoran el paso de un ciclo a otro. Es decir, la vida y la muerte , el paso de una estación a otra, la lucha entre el invierno que muere y la llegada de la primavera. Son muchos los lugares del mundo donde se simbolizan estos rituales de variadas formas. En algunas regiones de occidente se quemaban viejas de cartón en este periodo carnavalesco, muñecos de paja y entierros de animales y personas. Incluso antiguamente la paja del propio muñeco cuando se mataba se llevaba a los terrenos de labranza con la idea de fecundar, generar abundancia y fertilidad a la cosecha. También asociado a los rituales de regeneración se encuentran las luchas de bandos contrarios, unos a favor de la muerte y otros en contra de ella. Esta lucha es por sí misma un ritual de estimulación de las fuerzas genésicas, donde al final siempre triunfa la muerte. Otro de los elementos rituales presentes en el Peropalo y otras fiestas de este carácter son los ruidos , los golpes y empujones, prácticas todas ellas en el marco de la regeneración de la vida vegetativa.

La fiesta del Peropalo responde por tanto a una celebración de importante carga simbólica, pero uno de los aspectos más interesante es el fuerte vínculo identitario que genera dicha celebración, donde la transmisión de manera secular se sigue transmitiendo de padres a hijos.