Al desaparecer la arriería, los burros se quedaron sin actividad redituable en México, al grado de convertirse en una especie en peligro de extinción: de un millón y medio de asnos registrados en el Censo de 1991, la población disminuyó, dos décadas después, a solo medio millón, según estimaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la asociación Donkey Sanctuary, de Inglaterra.

Con la expansión de la maquinaria agrícola y el desarrollo de los modernos medios de transporte, los asnos no tienen nada qué hacer en este país. Como consecuencia de ello, su población se ha reducido tan drásticamente que ya se piensa en su rescate y preservación a través de "santuarios de burros" como el que funciona desde hace cuatro años en Otumba, Estado de México.

La población de burros en el mundo tiende a disminuir

Aunque se mantiene alta la demanda de burros en regiones subdesarrolladas, la población mundial de esta especie tiende a disminuir. En Europa, por ejemplo, el censo se redujo de dos millones a solo medio millón de cabezas durante las últimas tres décadas.

Actualmente se estima que hay 44 millones de asnos en el mundo. Entre los principales productores figuran China, Pakistán, India, Etiopía y Egipto.

El asno, salvador de la clase indígena mexicana

Resulta que el asno, visto ahora como bestia inferior, fue realmente el salvador de la clase indígena mexicana, pues no sólo sustituyó a los tamemes, que eran los cargadores prehispánicos, sino que posteriormente, a partir de la Conquista, les evitó las tremendas y costosas cargas a que fueron sometidos los naturales por razones de encomiendas, mandamientos y otras forma de esclavitud.

Pero además de servir como bestias de carga, estos fuertes y sobrios animalitos fueron útiles para conseguir el aumento de la raza mular, resultante de la cruza de burros con yeguas o de burras con caballos.

Cristóbal Colón trajo los primeros asnos a América

El navegante Cristóbal Colón fue quien en 1495 introdujo en América los primeros burros: cuatro machos y dos hembras. La demanda de equinos debió crecer considerablemente a partir de la Conquista, en 1521, porque ya para los años 30 del siglo XVI se reiteraba la exigencia de los gobernantes de Nueva España a sus contactos en Europa para el envío de pies de cría de esta especie.

El obispo virrey de México, Ramírez de Fuenleal, escribía a la Metrópoli diciendo: "Convendría mucho que viniesen trescientas borricas para distribuirlas entre los indios. Hago que se les den ovejas y críanlas con grande amor".

De ese modo es como empezó a establecerse en la América continental la cría del ganado asnal y mular, que tanto impulso recibió durante la Colonia, y aún después, para el trabajo en las minas, la agricultura y el abastecimiento de víveres a ciudades y pueblos.

Alejandro de Humboldt, al hablar del florecimiento alcanzado a principios del siglo XIX por el comercio establecido entre las ciudades de México y Veracruz, informó que ocupaba en sus tráfagos más de cien mil mulas.

El burro, llamado a convertirse en mascota de lujo

Sin embargo, todo lo que empieza acaba: "El automóvil del pobre", como se le llamó hasta hace unas décadas al burro, tras de recorrer durante más de cuatro siglos los caminos de México, ha terminado su función como medio de transporte, y seguramente no pasarán muchos años para que el noble jumento, tan despreciado ahora por propios y extraños, se convierta en artículo de lujo destinado al solaz y esparcimiento de los turistas en zoológicos y ricos ranchos ganaderos del país.