En la antigüedad el retiro de recursos a la población tenía carácter de imposición por parte de los conquistadores que, de este modo, acumulaban riqueza, gracias a un saqueo prolongado. Más tarde, la sustracción fue institucionalizada como tributo, que sancionaba el estado de sujeción del país conquistado respecto del ocupante. Exigirlo no significaba una obligación por parte de pueblo dominante.

El primer escándalo financiero

El Imperio persa, constituido por Ciro el grande en el siglo VI hasta la conquista de Alejandro Magno a fines del siglo IV, tenía un sistema de recaudación de impuestos bien organizado. El imperio comprendía los antiguos imperios asirio, babilónico y egipcio, en donde la recolección de impuestos era habitualmente contratada por los recolectores locales, aunque podía realizarse por intermedio de dinastías del lugar que apoyaran al imperio.

El sistema habrá sido eficiente porque Alejandro encontró un tesoro de 300.000 talentos de oro y plata, considerando que el talento pesaba entre 26 y 36 kilogramos. La población contribuía, además, con animales, joyas, especies, perfumes, esclavos y especies. La sala del tesoro era custodiada por hombres de confianza de Magno, de quienes no obtuvo una buena respuesta: el tesorero real, Árpalo, escapó con gran parte del tesoro, originando el escándalo financiero más grande de la antigüedad.

El pago de tasas en Egipto

En el Egipto ptolemaico se mantuvo el sistema de recaudación de impuestos de la edad faraónica. En gran parte consistía en la contribución de cereales, pescados, cerveza, ganado. La economía real preveía vender estas contribuciones para convertirlas en monedas, metales preciosos para las transacciones internacionales. Los ciudadanos egipcios pagaban también con corvée, mano de obra gratuita durante el invierno, cuando el trabajo en el campo se interrumpía.

La profunda religiosidad del pueblo egipcio hacía que estos tributos se pagaran de buena gana, pues serían destinados a los dioses. De este modo, el patrimonio crecía y se realizaban grandes templos, ejemplo de ello son las tumbas de los faraones.

Los impuestos en el Imperio romano

Durante el Imperio romano la recaudación de tasas se adjudicaba por concurso. El vencedor era el que garantizaba el máximo rédito, lo cual significaba mayor presión fiscal para los contribuyentes. Los gobernadores consideraban esta función como un medio cómodo para bajar sus propios débitos o para aumentar el patrimonio personal.

Los romanos introdujeron el concepto de obra pública en el sentido moderno: el Estado restituía a los ciudadanos parte de los impuestos en forma de obras públicas, como acueductos y caminos.

Decadencia del Imperio romano

En los años de decadencia, el imperio debía hacer frente a un siglo y medio de continuas evasiones, los gastos militares aumentaron y con ellos la presión fiscal. Las clases más acomodadas trataban de descargar el peso del fisco en las clases más pobres o emigraban hacia otros territorios, “escapando” de los impuestos.

Para alcanzar el nivel de civilización del Imperio romano se necesitaron trece siglos de guerras, pestes y catástrofes. Si bien el Medioevo y el Renacimiento produjeron inestimables tesoros de arte, el legado cultural de los romanos se perdió; fueron necesarias sangrientas revoluciones para afirmar la idea de ciudadanía y de igualdad de los ciudadanos ante la ley; conceptos obvios en el mundo romano.