El título de este artículo tiene un doble sentido, por una parte alude al libro Ética, escrito por el teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer, asesinado el año 1945, por la Gestapo de Hitler, y por otro lado, se refiere al compromiso ético de este personaje que finalmente dio la vida en la prosecución de sus ideales.

La ética de los cristianos de la Alemania nazi

Las ideas siempre afloran en un contexto. No son objetivas sino parte de un proceso que está ligado a acontecimientos coyunturales.

En tiempos de Bonhoeffer predominaba una ética basada en la idea que a medida que los seres humanos fueran adquiriendo mayor conciencia de la realidad moral, irían teniendo una mejor perspectiva ética, algo que Duch, el traductor de la obra de Bonhoeffer al español, llama "una versión matizada de la ideología del progreso".

La Segunda Guerra Mundial se desarrollaba plenamente. En este contexto, la iglesia y los teólogos se confrontaban con grandes interrogantes éticas. Por otro lado, la misma situación de Alemania había polarizado a los cristianos. Personas buenas y comprometidas se encontraban en lados opuestos de la guerra. La maquinaria propagandística nazi había logrado seducir aún a pastores de distintas congregaciones. Algunos teólogos incluso avalaban la cosmovisión del nacionalsocialismo. No era fácil proponer una ética en un ambiente tan complejo.

El libro

La obra fue escrita entre 1940 y 1943, éste último año cuando fue apresado por la Gestapo acusado de sublevación y conspiración. Fue publicada el año 1949 en una edición que preparó su alumno y amigo Eberhard Bethge.

Fue escrita en forma de conferencia, porque en parte es una compilación de los discursos de Bonhoeffer a sus alumnos y feligreses.

Los años de redacción fueron muy duros en la vida de Bonhoeffer, no sólo por lo que ocurría en Alemania, invadida por el nazismo, sino porque la redacción de su libro le obligó a tomar decisiones cruciales que lo llevarían finalmente a ser encarcelado y asesinado. En muchos sentidos, su ética es una discusión abierta con los cristianos de su tiempo que habían renunciado a vivir una ética cristiana sustentable.

Traducida al español por LIuís Duch, fue publicada el año 2000 por la Editorial Trotta, sólo con el título Ética y se tuvo como base la edición alemana del año 1992.

Su perspectiva ética

Bonhoeffer sostiene que el ser humano no puede ser árbitro del bien y del mal, esa prerrogativa sólo le está reservada a la divinidad.

Su ética está ligada a su perspectiva teológica. El ser humano debe ser entendido como un ser caído, por lo tanto, el mal es parte esencial de su experiencia vital.

Para Bonhoeffer el ser humano debería buscar hacer la voluntad de Dios antes que aferrarse a un conjunto de normas y principios preestablecidos. No era ingenuo al creer que el cristiano debía tener una respuesta revelada para cada dilema ético, por eso sostenía que: "si un hombre se lo pide a Dios humildemente, Dios le dará conocimiento cierto de su voluntad; y entonces, después de toda está búsqueda ferviente, habrá libertad para tomar verdaderas decisiones, y esto con la confianza de que no es el hombre sino Dios mismo que, a través de esta búsqueda, pone en efecto su voluntad".

Su búsqueda no es la de un Dios lejano, ajeno a la realidad, sino encarnar las propuestas del evangelio en la realidad cotidiana, dejando los caminos de la neutralidad cómplice.

Su ética se enmarca en la apelación a la gente de su tiempo a asumir una actitud no pasiva frente a los acontecimientos. Era una ética basada en un análisis de la realidad que obligaba a no ser neutral. Desde esa perspectiva es como señala Michele Lucivero, una "ética de la responsabilidad".

Su compromiso ético

Muchos autores en el pasado han confeccionado éticas, elaboradas desde diferentes perspectivas filosóficas y religiosas. Un cosa es redactar una ética y otra muy distinta vivirla, no siempre los dos elementos van juntos.

En tiempos de crisis moral surgen siempre individuos que muestran el camino a quienes movidos por el miedo, la comodidad o la presión de los acontecimientos prefieren callar y mantener un perfil bajo, alejado de las circunstancias que les toca vivir. Bonhoffer no sólo escribió, también vivió lo que creía firmemente. Por eso su discípulo Eberhard Bethge sostiene que "la verdadera concreción de la ética de Bonhoeffer se refleja en el testimonio de su propia existencia".

Conclusión

Una ética afincada en la realidad exige de quien la propone un compromiso no teórico sino vivencial, y eso es precisamente lo que hizo Bonhoeffer, llevar su propuesta ética hasta las últimas consecuencias, que en su caso fue el martirio a manos de la Gestapo. De allí el valor máximo de su propuesta, no es sólo una concepción objetiva e intelectual, sino es un modo de vida.