La Divina Comedia tiene una división tripartita (Infierno, Purgatorio y Paraíso) y cada una de estas secciones está conformada por 33 cantos, los cuales, junto con el canto que funge como introducción, dan un total de 100 cantos.

Numerología y simbolismo

Por otra parte, el Infierno se encuentra distribuido en 9 Círculos; el Purgatorio, en 9 apartados; y el Paraíso, en 9 ámbitos celestes. Las almas condenadas del Infierno forman tres grupos (incontinentes, violentos y fraudulentos); las almas del Purgatorio, también estructuran tres grupos (los que se dejaron guiar por un amor que los condujo al mal, los que no amaron el bien lo suficiente, y los que amaron demasiado los bienes mundanos); en lo que se refiere al Paraíso, allí yacen los seglares, activos y contemplativos, de acuerdo al nivel e intensidad de amor que hayan manifestado al Creador.

El número 100 es de alto valor simbólico y resulta un número frecuente en las obras medievales de tipo didáctico; de la misma manera, el número 3, fundamental en la estructura de la Divina Comedia (escrita en tercetos con estrofas de 33 sílabas), también exhibe un gran simbolismo, de acuerdo a la numerología medieval, ya que se relaciona con la perfección de Dios y su capacidad de hacer patente lo único en lo diverso. En última instancia, el número 3 de acuerdo a Dante, sería la versión numérica del de la Santísima Trinidad.

Microcosmos de poesía

Por supuesto, Dante no se limitó a componer su obra de acuerdo a algunos números de gran simbolismo. En realidad el poeta florentino les otorga una referencia muy específica a partir de ciertos enfoques filosófico –científicos, de gran importancia en el Medioevo. Dante por medio de los números trata de representar la armonía del cosmos, y de acuerdo a ello, la Divina Comedia se perfila como una suerte de modelo a escala del universo entero. En este microcosmos poético el triángulo- de nuevo la alusión al número 3- es la figura básica y el círculo, por su parte, la de mayor complejidad. Y entre ambas figuras, el conjunto acontece, desde la proyección del Más Allá, hasta la noción de Historia, es decir, pasado, presente y futuro, en una representación más de la Trinidad.

Arquitectura eterna

La forma del Infierno está determinada por las culpas que paga cada grupo de condenados: pusilánimes, sin bautizar, lujuriosos, glotones, avaros, iracundos, etc. En el Purgatorio, se sigue un modelo parecido, puesto que se trata de una montaña con siete cornisas en donde se localizan los penitentes de acuerdo a sus faltas: negligentes, soberbios, envidiosos, iracundos, perezosos, etc. Cuando el viajero llega por fin al Paraíso, Virgilio, su guía hasta entonces, desaparece, y su lugar lo toma Estacio, otro poeta de la Antigüedad. En el Paraíso gozan las personas que han logrado la salvación y se distribuyen de acuerdo a sus méritos y dedicación a Dios, en espacios correspondientes a los siete planetas, las estrellas y el Primer Motor; todo ello fundamentado en el sistema celeste de Ptolomeo. Y así, la Luna es el ámbito de los que faltaron a los votos de alguna u otra manera; Mercurio, el de los que se prodigaron el bien por puro afán de celebridad, Venus el de los enamorados, el Sol el de los sabios, etc.

El sitio más alto y divino del Paraíso es el Empíreo, que trasciende al sistema celestial y escapa del tiempo de los hombres, al mismo tiempo que concentra en su propio ser a todos los demás cielos.