La espada es algo más que el arma principal del samurái en la lucha del cuerpo a cuerpo, por encima del arco, las flechas, la lanza o la alabarda; la espada constituía además un símbolo de estatus y una actitud moral y espiritual sublime. La espada es su alma.

La fabricación de la espada requiere todo un proceso de elaboración y una predisposición tanto del herrero como del guerrero para su ejecución. No en vano, antes de la fabricación de una nueva espada, se realizaba una ceremonia religiosa en un santuario sintoísta y se acometía una limpieza ritual al herrero encargado de la forjadura de la nueva arma de filo.

La labor del herrero

El herrero era una persona que gozaba, sobre todo en el periodo de la Edad Media occidental, de un gran prestigio. Al contrario que otros artesanos, los herreros no pertenecían a la clase media, sino que formaban parte de la nobleza cortesana o de las familias samuráis; incluso, a finales del siglo XII se declaró el oficio de herrero de espadas como una ocupación que sólo concernía a la alta aristocracia.

Una espada de samurai requería una media de 14 días de trabajo y constaba de dos partes bien diferenciadas, la hoja y el montaje. La hoja, que podía ser de un solo filo de acero templado, tenía un tratamiento de calentamientos y temples reiterados que originaban en la superficie de la hoja distintas figuras de formas diversas. El montaje, por su parte, era igual de laborioso que la preparación de la hoja, sobre todo en el caso de la empuñadura, el guardamano y la vaina.

Las armas antiguas

Al principio, en Japón se usó una especie de espadas rectas y de doble filo introducidas desde China y Corea, pero con posterioridad al año 900 se desarrolló una espadería de caracteres netamente japoneses. Fue a partir de año 900 cuando se distinguen tres etapas claramente diferenciadas en las clases de espadas existentes en Japón.

La época de las espadas antiguas, o koto, que se extiende hasta bien entrado el siglo XVI y que se caracteriza por la fabricación de espadas con hojas de más de 120 centímetros de largo. Normalmente, los talleres y los herreros se situaban en las inmediaciones de los centros administrativos y del gobierno.

Las espadas nuevas

El periodo de las espadas nuevas o cinto abarca desde la unificación del imperio en el siglo XVI hasta la Restauración Meiji. En esta época se reduce la longitud de la hoja. Fue en este periodo cuando se consigue la pacificación y unificación del país, lo que origina una cierta pérdida de poder de la casta guerrera, por lo que las espadas son desposeídas de su anterior función luchadora y se convierten en un símbolo de poder del samurái.

La longitud del arma

Las más largas, conocidas como daito o katana, tienen una hoja de no menos de 60 centímetros. Como arma auxiliar se impusieron a partir del siglo XIV las espadas cortas wakizashi, con un largo de hoja entre 30 y 60 centímetros. Este tipo de espadas eran usadas, fundamentalmente, para la lucha cuerpo a cuerpo y como instrumento para el suicidio ritual, así como para decapitar al enemigo, cuya cabeza era posteriormente trasportada a la casa del vencedor como trofeo.

Por último estaban las dagas o tanto, que medían menos de 30 centímetros y que eran portadas por las mujeres cuando salían del domicilio familiar.

La espada del samurái es su alma de combate, cuya elaboración requiere una especialización del herrero. El arma suele medir entre 60 y 120 centímetros de hoja.