Uno de los días más importantes del año escolar romano era el 19 de marzo, cuando se celebraban festivales y procesiones en honor a Minerva, la patrona del aprendizaje y las artes. Los cinco días posteriores eran festivos y no se trabajaba, y también se aprovechaban para que los padres matricularan a los jóvenes en las escuelas. Unas escuelas que comenzaban su temporada el 24 de marzo.

La educación romana tomaba de otras culturas

Sobre el año 200 antes de Cristo, el sistema educativo desarrollado por el Imperio romano se diferenciaba del tradicional griego. Sin embargo, los romanos copiaron muchos métodos de enseñanza y actividades del sistema de Grecia.

La educación romana se basaba mayormente en el estudio de la literatura latina y griega y la intención principal era que los alumnos se formaran en el arte de la oratoria.

La educación total del niño

La relevancia de la educación romana es ciertamente destacable y sus principios en lo que respecta a las relaciones humanas y de aprendizaje alcanzan mucho más que la educación estándar de la época actual. La palabra latina educatio no se refería al progreso intelectual ni a la escuela (o por lo menos a la idea de escuela que se tiene ahora) sino a la "crianza" saludable (física y mental) del niño/a y a su comportamiento.

Una persona que era bene educatus no se refería, necesariamente, a alguien "bien educado" en el sentido que se la en nuestros días (erudito) sino de una persona "bien criada". Los profesores y padres romanos estaban tan interesados en la conducta y el carácter del niño/a como de la adquisición de cultura.

La educación romana tenía tres etapas: la instrucción primaria, lectura y literatura (la secundaria) y las clases de retórica. Estas fases no estaban dirigidas a todo el mundo o, mejor dicho, no estaban dirigidas a aquellos que no dispusieran de una buena situación económica, porque la escuela romana no era gratis.

Primero educar en casa

Los que podían permitirse enviar a sus hijos al colegio, primero tenían que educarles en casa. En la Roma antigua el tipo de educación que se le daba a los dos sexos era diferente la una de la otra.

El padre, si sabía leer y escribir, enseñaba al niño en el hogar; lo iniciaba en la ley romana, la historia, las costumbres, y en el entrenamiento físico que le ayudara a combatir en guerras. El respeto por los dioses, por las leyes, y el saber obedecer a la autoridad eran las lecciones más importantes y valoradas por la sociedad de entonces. Las niñas eran aleccionadas por sus madres, y aprendían a tejer y a coser; una educación sexista, eso sí, que continuó en siglos posteriores.

Los niveles de la educación romana

Una vez que los niños y niñas tenían el permiso de los padres y alcanzaban los 6 o 7 años ya estaban preparados para comenzar la enseñanza primaria del sistema educativo romano. En esa primera etapa, todos los alumnos profundizaban en la lectura, la escritura y el cálculo. Aprendían los números romanos y recitaban las lecciones que tenían que memorizar. A los 12 o 13 años, los estudiantes daban un paso más y pasaban a la fase de secundaria, donde estudiaban latín, griego, gramática y literatura.

A los 16 años de edad, los que quisieran, podían especializarse en la retórica, lo cual les convertía en expertos en hablar en público. Esto último era uno de los elementos más importantes de la educación, y lo que permitía alcanzar puestos muy importantes en los juzgados.

Los niños de las escuelas romanas no eran perfectos

Todo lo anterior no quiere decir que las conductas de los estudiantes romanos fueran totalmente ejemplares. El ser humano no es perfecto y los jóvenes son jóvenes. Tal y como comenta el experto en cultura clásica y catedrático Stanley Bonner, "fuera de los colegios, los chicos tenían sus propias bandas en tiempos de disturbios políticos, y bandas enemigas se enfrentaban en las calles. Incluso en las clases de retórica, los alumnos provocaban a los profesores y llevaban conductas agresivas".

A pesar de lo anterior, el sistema educativo invitaba a sus alumnos a pensar de forma crítica, a razonar, a integrarse y a contribuir a la sociedad. El reto era crear buenos ciudadanos.