
- Envidia - Desde adentro
La literatura universal ha producido miles de obras donde el centro de la trama es la envidia. Sin embargo, recién en los últimos años se la comienza a estudiar como un fenómeno emocional negativo de consecuencias múltiples.
La expresión "envidia" viene del latín invidere que en su origen habría significado "mirar con malos ojos". En otras palabras, el envidioso no ve bien.
El origen de la envidia
Bernardo Stamateas, en su libro Gente tóxica, sugiere que "la envidia nace de la sensación o de la creencia de que nunca voy a tener lo que el otro posee".
Si se sigue esa lógica, el problema de fondo tiene que ver con una percepción emocional de la realidad.
De allí que la excelencia y el triunfo, o las diferencias económicas en contextos sociales, siempre produzcan una cuota de envidiosos.
Lo que la persona envidiosa no alcanza a percibir es que el problema reside en ella y no en los otros. Como dijera alguna vez Napoleón Bonaparte (1769–1821): "La envidia es una declaración de inferioridad".
Perspectiva desde la inteligencia emocional
En el año 1990 Peter Salovey y John Mayer, dos psicólogos norteamericanos, acuñaron el término "inteligencia emocional", cuyas repercusiones eran difíciles de establecer en ese momento.
Daniel Goleman, investigador y periodista del New York Times, con su clásico libro Inteligencia emocional, le dio fama internacional al término y al concepto.
Los estudios en este sentido han mostrado que la vida humana no sólo se compone de aspectos físicos e intelectuales, sino que la emoción juega un papel fundamental en el desarrollo de las personas.
Goleman sostiene que "la inteligencia emocional es dos veces más importante que las destrezas técnicas o el coeficiente intelectual".
Existen emociones calificadas como positivas (alegría, esperanza, paz, equilibrio interior, etc.), pero hay otras negativas que influyen de una manera inesperada en la vida de las personas. En este último rango se encuentra la envidia.
Una persona envidiosa, a menudo tiene un problema con su control emocional. Por lo tanto, es dominada por impulsos y sentimientos que muchas veces la llevan a tomar decisiones contraproducentes para su vida.
Efectos negativos de la envidia
En un estudio realizado en México entre estudiantes universitarios y publicado como libro con el título de Celos y envidia: Medición alternativa, escrito por Lucy Reidl, Raquel Guillén, Gisela Sierra y Lilia Joya, se descubrió que la envidia:
- Favorece trastornos psicosomáticos generando algunos tipos de dolencias producto de su presencia.
- Provoca inseguridad, miedo, falta de autoestima, sentimientos de inferioridad, sensación de ser neurótico, etc.
- Provoca la indeseabilidad social, por lo que genera sentimientos encontrados en las personas que la padecen.
Una persona envidiosa tendrá problemas en todos los aspectos de su vida que impliquen relaciones interpersonales: familia, trabajo, escuela, amistades, vecinos, etc.
La envidia corroe y destruye
Fernando Soler afirma que "la envidia es uno de los sentimientos más destructivos que puede tener una persona. Cuando logra poseer el corazón de un individuo, transforma al otro en él y en ese momento su vida se orienta contra él con un solo objetivo: "Si yo no lo tengo, si yo no puedo, él tampoco". En ese momento desaparece toda posibilidad de descubrir un tú. Más alegría causa en el envidioso la derrota ajena que su propio bien".
Miguel de Unamuno (1864–1936), el filósofo y novelista español, decía que "la envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual". Por esa razón, la mente del envidioso comienza a enfermarse porque es algo que lo corroe y produce, tal como las arterias que se tapan, obstrucciones emocionales que le impiden avanzar y crecer adecuadamente.
Eso significa que no existe la llamada "envidia sana"; al contrario, una persona envidiosa desarrolla una relación codependiente, puesto que vive en función de lo que anhela de otro.
Poner la vida en perspectiva
El éxito, en el ámbito que sea, no es producto del azar. Es importante educar para que se entienda que el fruto del trabajo necesariamente dará como resultado prosperidad y desarrollo.
Si no se enseña adecuadamente este concepto, que parece muy simple, se crean las condiciones para la envidia.
El dicho dice: "Si observas mi éxito, no te olvides también de mirar mi esfuerzo". El envidioso suele no detenerse en ese factor, ocasionándose a sí mismo un daño, y enturbiando la relación con los demás.
¿Qué hacer?
Pablo, el escritor bíblico, da una sugerencia que si bien no viene del campo psicológico, coincide con lo que se ha descubierto al respecto: "Nada hagáis por rivalidad o por vanidad; antes bien, con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo" (Filipenses 2:3).
Cuando se tiene un buen concepto de sí mismo lo primero que se aprende es que:
- Los seres humanos somos hábiles en algunos aspectos y débiles en otros.
- Las personas sabias entienden que deben ser amos de las circunstancias y no sus esclavos.
- Siempre, en algún sentido, alguien será mejor que otro, y eso no debería ser motivo de envidia, sino de reconocimiento de las diferencias humanas.
Por lo tanto es preciso:
- Reconocer las habilidades y debilidades personales. Eso nos dará un buen concepto y nos permitirá entender qué podemos realizar y qué no debemos emprender.
- Aprender a ser proactivos con las circunstancias que nos tocan vivir.
- Reconocer los éxitos de otros, sin desmerecer los propios. Los logros ajenos deben servir para motivar, no para generar un sentimiento destructivo como la envidia.
Conclusión
Graciela Frigerio, en Notas sobre la envidia, señala que entre otras cosas, la envidia vuelve a quien la padece un "inválido para la creatividad", y probablemente en esta frase está el meollo del asunto. La actitud del envidioso lo vuelve inhábil para salir de su situación, y su propio fracaso lo convierte en alguien incapaz. Es un círculo difícil de romper.
Para crecer, la envidia es un estorbo. Saberlo es ya el primer paso para sanar.
