En épocas distintas pero igualmente importantes para la consolidación nacional de la Argentina, Manuel Belgrano, Juan Bautista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento dedicaron parte importante de sus reflexiones a la educación. Belgrano fue uno de los líderes del proceso que llevaría a la independencia argentina. Medio siglo más tarde, Sarmiento y Alberdi se impusieron como dos pensadores fundamentales de lo que fue la Argentina moderna, reunificada, liberal y agroexportadora.

Belgrano y una educación para la producción

Hacia fines del siglo XVIII, algún tiempo antes de abrazar la causa por la emancipación americana, Belgrano, por entonces abogado de los Reales Consejos y secretario del consulado español en Buenos Aires, señalaba la imperiosa necesidad de fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio en las colonias. Es que el futuro creador de la bandera argentina veía con alarma lo que consideraba un comportamiento ocioso y poco productivo de parte de los locales.

De este modo, el eje de su discurso estaba puesto en la producción agrícola, a la que consideraba "el verdadero destino del hombre". Afirmaba entonces que sin el cultivo de tierras "no hay materias primeras para las artes, por consiguiente, la industria no tiene cómo ejercitarse, no puede proporcionar materias para que el comercio se ejecute".

Pero lo más importante pasaba por su visión de la agricultura como un arte que necesitaba estudiarse y reglarse: "Una de las causas a que atribuyo el poco producto de las tierras y, por consiguiente, el ningún adelantamiento del labrador, es porque no se mira la agricultura como un arte que tenga necesidad de estudio, de reflexiones o de regla".

En consecuencia, exigió establecer una escuela de agricultura donde enseñar los principios generales de la vegetación, a distinguir cada tipo de tierra, los diferentes arados y el cultivo conveniente a cada uno, cómo debían aplicarse los abonos, entre otras cosas. También señaló la utilidad de instruir en técnicas de dibujo como conocimiento base en la producción industrial (en el sentido de la época, es decir, el trabajo de artesanos)

En definitiva, para Belgrano la educación pasaba por el aprendizaje de oficios que permitieran generar agricultura e industria para un mejor aprovechamiento económico de las colonias españolas, y para 'elevar' el nivel de una población en la que los niños podían llegar a la pubertad no conociendo lo que era trabajar, algo, evidentemente, inaceptable para la época.

Alberdi y la educación por medio de las cosas

Ya a mediados del siglo XIX —con la Argentina transformada en país independiente y en pleno proceso de consolidación—, al igual que Belgrano, Juan Bautista Alberdi también priorizó en sus escritos la educación en función de aquellos oficios o profesiones que se necesitaban con fines práctico-económicos. En este sentido, criticó negativamente la política universitaria de la época por haber preferido las ciencias morales y filosóficas a las prácticas y de aplicación. "Estos países necesitan más de ingenieros, de geólogos y naturalistas, que de abogados y publicistas. Su mejora se hará con caminos, con pozos artesianos, y no con periódicos agitadores o serviles", aseveró en las Bases.

Asimismo, el eje central del pensamiento alberdiano estaba dado por la relevancia otorgada a la inmigración europea, sobre todo anglosajona. Según el ensayista tucumano, en la Argentina se había desatendido "la educación que se hace por el ejemplo de una vida más civilizada que la nuestra". Así, uno de los principales objetivos de la política inmigratoria estatal debía tener como objetivo la "educación por medio de las cosas" de los argentinos.

Al respecto, Alberdi consideraba que la instrucción dada en el país no había sido la adecuada. Según él, la instrucción por medio de la cultura, la que se daba en las escuelas primarias, sólo era adecuada para los pueblos ya desenvueltos; y que, por el contrario, era la educación a través del ejemplo la más conveniente para los pueblos jóvenes.

"¿De qué sirvió al hombre del pueblo el saber leer? Para verse injerido como instrumento en la gestión de la vida política que no conocía. Para instruirse en el veneno de la prensa electoral, que contamina y destruye en vez de ilustrar, para leer insultos, injurias, sofismas y proclamas de incendio, lo único que pica y estimula su curiosidad inculta y grosera", se quejaba.

Sarmiento y la instrucción primaria

En este punto surgió una diferencia con su contemporáneo sanjuanino Domingo Faustino Sarmiento. El autor del Facundo colocó a la escuela primaria, pública y gratuita para ambos sexos en un lugar primordial. En su concepción, con sólo saber leer y escribir las personas se volvían más aseadas, tenían más orden y método en sus acciones y aspiraban a mejorar de condición.

De este modo, la escuela tendría en los niños un efecto moralizador motivado por la ocupación de una parte del tiempo que de otro modo sería desperdiciado en el ocio (preocupación en común con Belgrano, al igual que la necesidad de la instrucción femenina), motivado también por los hábitos de un deber regular, el acostumbramiento a una figura de autoridad por fuera de la familia y las prácticas de sociabilidad en la relación con otros alumnos y con los maestros.

Está claro que, ya sea desde lo moral o lo estrictamente económico, la educación ha sido una inquietud fundamental en el pensamiento de los grandes ideólogos y políticos en la etapa fundacional de la República Argentina.