La duda había sido una actitud en cierta forma natural durante la Edad Media. La filosofía escolástica sin llegar a cuestionarse a sí misma fue una corriente inmersa en lo no claro. Sin embargo, la época precisó a hombres que afirmaran lo cuestionable: la fe.

Se evoca pues a largos tiempos de incertidumbre y de confusión intelectual. No hay pensadores que sobresalgan excepto Giordano Bruno o Tomás de Aquino. El primero quemado en la hoguera y el otro quizá el más sobresaliente de la época.

Escepticismo aristotélico

La filosofía de Aristóteles es la más comentada en el oscurantismo de la Edad Media, las disertaciones y las fundamentaciones sobre dicha figura se encaminan a la aseveración de la falta de riqueza de un pensamiento consecuente con los problemas históricos de la época. Se cae en un descreimiento principalmente de la Física aristotélica y en la afirmación de la Teología aristotélica. La afirmación orientada a los aspectos metafísicos es una clara necesidad histórica de un momento desafortunado para la humanidad, puesto el hombre vive para la creencia divina y lo mínimo que pudo realizar en aquel entonces intelectualmente fue la fundamentación de lo divino.

El escepticismo respecto a Aristóteles es ya fácilmente explicable a partir de la observación del elemento histórico de la filosofía.

Problemática de la filosofía

Un sistema filosófico siempre responde a un problema concreto. En realidad, la filosofía problematiza los problemas de su época. Sin embargo, un pensamiento anacrónico es forzosamente un fracaso en el momento en el que se pronuncie. Se trata de hablar de contextos. La temática es intemporal. El sistema señala siempre un problema y es precisamente el problema del que hay que prescindir para reivindicar una vieja filosofía en una nueva época.

La duda cartesiana

La actitud que podía terminar con una época de pensamiento aletargado era precisamente la duda llevada a un límite. La Edad media dudaba y afirmaba no escépticamente ni racionalmente, sino problemáticamente, siendo presa de su propia confusión colectiva.

Frente a eso, Descartes simplemente dudó de todo, y procuró no afirmar nada mientras la duda se establecía como una revelación al pensamiento. Duda sistemática. La duda es la vuelta a la subjetividad y la muerte del Teocentrismo medieval. El hombre determina él el mundo cognoscible. El mundo, a pesar de ser un mundo Idealista es un mundo terrenal, conocido por ideas y relaciones mentales. La vida no se encuentra ya en el más allá sino en lo inmediato del sujeto: su realidad, o la realidad del yo. Dudar para Descartes no es escepticismo, sino inducción metódica.

La incertidumbre por olvido de lo terreno es la motivación de un hombre que busca la certeza. Se tiene una sola certeza o lo que es lo mismo: saber por lo menos que pensar la duda es una verdad. Partir de lo verdadero es en cierta forma un optimismo que Descartes lega a la humanidad, es el optimismo de pensar que no habrá incertidumbre, y por tanto oscurantismos intelectuales.