Es de saber popular que una vida no es suficiente para desarrollar todas las potencialidades y deseos de una persona. Es de esperar que muchos elijan tener una vida paralela para completar ese vacío.

No es necesario ir en busca de gente excéntrica para ejemplificar la infame doble vida. Todo lo contrario, hay que mirar en aquella ama de casa que deja a sus hijos en el colegio diez minutos antes de que la campana suene, en aquel responsable esposo cuyos viajes de negocios lo obligan a frecuentar otras ciudades. Generalmente, las personas más “correctas” son las que tienen que ocultar sus comportamientos socialmente incorrectos.

Dobles problemas

Las razones por las cuales una persona se ve inmersa en este tipo de comportamiento son varias. Ninguna es concluyente y siempre dependen de la personalidad y el entorno de la persona, sin embargo, se pueden resumir en:

  • Auto-rechazo: los discursos sociales que pregonan a la homosexualidad como un problema, enfermedad o conducta indeseable son absorbidos desde una edad muy temprana en la escuela, la TV y la familia. La formación de un niño con esos conceptos en mente cimienta firmes bases para no poder aceptar tal naturaleza en otras personas y, mucho menos, en sí mismo.
  • El qué dirán: por más progresista que la sociedad se jacte de ser, predomina el machismo y la presión para ser heterosexual. Eso lleva a una preocupación constante acerca de lo que el resto de la familia y amigos cercanos pueden pensar. Esta misma intranquilidad se extiende a los vecinos, compañeros de estudio y colegas.
  • Desinformación: los mitos sobre la homosexualidad, tales como su supuesta anitnaturalidad, la promiscuidad, el HIV generalizado, su curación, entre otros, son cuestiones clásicamente adjudicadas a las minorías sexuales. Las mismas influyen en cómo la persona percibe la homosexualidad y cómo se relaciona con ella.
  • Entorno opresivo: muchas veces la familia, las amistades, el entorno laboral y el académico reproducen prejuicios que presionan al individuo a ocultar su verdadera sexualidad.
Ciertas iglesias también se muestran en clara oposición a este colectivo social. Sin embargo, es preciso destacar que en la actualidad muchas no discriminan e involucran activamente la diversidad sexual como el producto de la naturaleza que es.

Doble moral

Cuando una persona empieza a tener una doble vida es porque tiene un deseo tan fuerte que sobrepasa unos principios morales que no le permiten satisfacer ese deseo en un principio. Estos hombres y mujeres suelen negar sus verdaderos impulsos sexuales y condenan abiertamente el sexo entre personas del mismo sexo. Esta incompatibilidad básica entre la vida que se cree que se debe tener y la vida que se quiere tener hace que emerja la doble vida. En consecuencia, los comportamientos sexuales de estos individuos suelen traducirse en eventuales aventuras que sólo se basan en el sexo.

Asimismo, hay que mencionar que hay un riesgo de suicidio más alto en las personas que ocultan su sexualidad, siendo esto alimentado por los problemas previamente desarrollados.

Doble vida

El principal problema que tienen estas personas es la mentira. Engañar a una esposa o a los hijos con excusas laborales o nuevas amistades no sólo daña la integridad de la familia, sino al protagonista de estas acciones. La culpa y el remordimiento de sus actos son constantes, lo que afecta negativamente a su autoestima. Esto lleva a otro gran dilema, la dificultad de parar.

No se trata de excusar completamente de la responsabilidad de sus acciones, sino de comprender el mundo interno de este individuo.

Algunos llegan a confrontar su sexualidad una vez que ya están casados y con hijos, pero tienen demasiado miedo como para compartirlo con sus familias y amigos. Hay que remarcar que no se trata de hacer público este tema, sino privado, hablarlo con la pareja y encontrar la mejor manera de lograr que la relación funcione.

Un perfecto escándalo

Un ejemplo extremo, pero no por eso errado, es la escandalosa figura de Javier Rodrigo de Santos, ex concejal del Partido Popular del Ayuntamiento de Palma de Mallorca, condenado a 13 años de prisión por abuso sexual a dos menores y malversación de fondos públicos. Paradójicamente, el político está casado, tiene hijos, es ultracatólico, y, lógicamente, participaba en orgías en prostíbulos homosexuales.

Tarde o temprano, los secretos se conocen, y a la gente le encanta devorarlos. Pero más allá del elemento social, hoy en día apenas hay tiempo para tener una vida relativamente decente y feliz. ¿Se justifica complicarla una segunda?