Millones de mexicanos han emigrado a los Estados Unidos en busca de un futuro mejor para los suyos. Sin embargo, no todo ha sido un camino de rosas al otro lado de la frontera.

Aunque los mexicanos nunca fueron objeto de una ley de segregación, como lo fueron los afro-americanos, hasta la década de los sesenta del pasado siglo en algunos estados del sur de Estados Unidos no se les permitía compartir algunas salas en instalaciones públicas con la población anglosajona.

La latente discriminación contra los hispanos en Estados Unidos duró hasta bien entrada la década de los setenta. Durante la Guerra de Vietnam (al igual que había sucedido anteriormente en la Segunda Guerra Mundial) el porcentaje de ciudadanos de origen mexicano enviados al frente era elevadísimo en comparación con la población de origen anglosajón. Estas estadísticas crearon gran pesar e indignación entre la población de origen mexicano y, en agosto de 1970, desembocarían en la organización de manifestaciones y concentraciones de afluencia masiva convocadas por asociaciones hispanas y que serían conocidas como la Moratoria Chicana de Los Ángeles.

La presión de la población anglosajona sobre la cultura hispana en Estados Unidos

En Estados Unidos, la población de origen mexicano ha sido continuamente presionada por querer mantener su cultura y costumbres. Sin embargo, esta presión no ha tenido éxito y mientras otras minorías étnicas en Estados Unidos han terminado siendo absorbidas por la cultura predominante, los hispanos (sobre todo los mexicanos) han conseguido preservar su herencia cultural.

Esto ha sido posible, en gran parte, gracias a la proximidad con México lo cual permite regulares visitas a aquellos familiares al otro lado de la frontera. A esto se le suma el hecho de que la población de origen mexicano se ve continuamente engrosada y reforzada por la llegada de nuevos emigrantes que colaboran en extender la cultura mexicana por los Estados Unidos.

La discriminación sobre el idioma español en las escuelas públicas de Estados Unidos

Hasta los años setenta, el español estaba prohibido en la mayoría de las escuelas públicas de Estados Unidos. Aquellos niños que se atrevieran a comunicarse en este idioma eran castigados e incluso expulsados del recinto escolar.

Las explicaciones dadas por los educadores estadounidenses para defender su postura no terminaban de convencer a nadie. Así, los profesores anglosajones estaban convencidos de que el bilingüismo podría ser confuso para los niños y que, al ser el inglés el idioma oficial, el uso de cualquier otro idioma incluso durante los descansos o después de clase era simplemente intolerable.

En muchas escuelas los niños no sólo eran castigados por hablar español sino que además eran colocados en aulas especiales separados de los niños de habla inglesa. El motivo dado por los educadores en un intento de justificar tal discriminación era que los niños mexicanos atrasaban al resto, ya que, la mayoría de ellos eran casi analfabetos no sólo en inglés sino también en español. Esta última afirmación que no dejaba de ser irónica teniendo en cuenta que la gran mayoría de estos profesores no poseían un nivel de español lo suficientemente elevado como para llevar a cabo tal evaluación.

Esta discriminación y la incapacidad de muchas escuelas de cubrir las necesidades del alumnado bilingüe resultó en un elevado porcentaje de abandono escolar entre la población hispana.

Legislación sobre educación bilingüe en las escuelas de Estados Unidos

Las quejas de los hispanos sobre el sistema educativo en Estados Unidos fueron finalmente escuchadas cuando, en 1968, el Congreso de Estados Unidos aprobaba la Ley de Educación Bilingüe. Durante la década de los setenta, bajo el amparo de esta ley se desarrollarían numerosos proyectos idiomáticos en las escuelas del Sur Oeste del país, áreas que contaban con un mayor porcentaje de población hispana entre su alumnado.

Cuatro años más tarde, en 1972, la autoridad educativa de El Paso, Texas, aprobó la “Resolución Bilingüe” a través de la cual se introducía la enseñanza de otros idiomas aparte del inglés en las escuelas públicas. Ese mismo año, la población de origen mexicano conseguía dar un paso de gigante cuando la Corte Suprema de Estados Unidos forzaba a las escuelas públicas a cubrir las necesidades específicas de los estudiantes cuyo idioma materno no era el inglés.

Aunque estos proyectos bilingües resultaron ser positivos fueron cancelados durante la década de los ochenta debido a falta de fondos y al giro político conservador experimentado en Estados Unidos durante esa década.

En la actualidad, mientras muchos estadounidenses aún continuan pensando que la educación bilingüe no es necesaria, el sistema educativo de Estados Unidos todavía no es capaz de cubrir adecuadamente todas las necesidades de aquellos estudiantes bilingües y esto se refleja en el porcentaje de abandono escolar entre la población hispana que es más de cinco veces superior al mostrado por la población anglosajona.

Irónicamente, la insistencia de la población anglosajona en erradicar el idioma español y su incapacidad para ofrecer soluciones coherentes a la población escolar hispana, han tenido un efecto contrario al esperado reforzando el uso del español y creando un profundo sentimiento hispano.