El proyecto de ley 55/2007, más comúnmente conocida como la Ley del Cine ha tenido recientemente un nuevo capítulo de controversia al saberse que se aplicará una discriminación positiva a aquellas películas en las que la responsable o la directora sea, valga la redundancia, una mujer.

Citando esta ley, se establece en el en segundo punto del Artículo 25 que “se valorará que el proyecto aplique medidas de igualdad de género en las actividades creativas de dirección y guión”. Como se ha sabido más adelante, se establecerá que en igualdad de condiciones de calidad y presupuesto, recibirá mayor subvención aquella película que esté dirigida por una mujer. Es un hecho que el numero de directoras es muy inferior al de sus homólogos masculinos cuando es un hecho que la capacidad creativa está repartida por igual.

Capacidad laboral y aspecto físico

Esto se suma a muchas otras discriminaciones que existen actualmente en el mundo audiovisual, ya no en lo referente a mujeres y hombres, sino mucho más importante en los cánones estéticos. Es obvio que en el mundo del cine y la televisión, una persona ya sea hombre o mujer que sea estéticamente atractivo o atractiva tendrá muchas más posibilidades de conseguir un puesto frente a una persona que no lo sea en tan alto grado, incluso a pesar de que esté más preparada. Aunque es más acuciado en el mundillo audiovisual, esta situación se extiende a muchas otras profesiones.

Esta forma de ver el mercado laboral ha calado muy hondo en países como China, en donde las jóvenes optan por hacerse operaciones estéticas -especialmente aquellas relacionadas con la eliminación de los rasgos asiáticos más evidentes como es el caso de los ojos rasgados-con la creencia que de esta forma podrán optar a un empleo mejor.

Aunque esto parezca un concepto algo extremista, resulta más que comprensible dada la alta competitividad laboral existente en un país con aproximadamente 1.300 millones de habitantes. No es tampoco una práctica en exceso alejada de las que se llevan a cabo en el mundo occidental, en donde este tipo de operaciones han aumentado considerablemente en número a lo largo de los años, con la diferencia que en occidente quienes se someten a estas operaciones no especifican que lo hagan con esos mismos fines. Actualmente en España se realizan alrededor de 400.000 operaciones anuales de este tipo.

Fácil de poner, difícil de quitar

Tal y como sucede en multitud de ocasiones, el sistema legislativo tiene muchas más facilidades para instaurar una nueva ley que para eliminarla, por lo que una vez se instaure la Ley del Cine, ésta seguirá aplicándose durante años aún cuando finalmente se consiga llegar a esa igualdad deseada, por lo que en ese momento no se tratará de una discriminación positiva sino de una discriminación como otra cualquiera, con la diferencia que ésta estará avalada por la ley, lo que provocará que la polémica, en vez de desaparecer, se trasladará en el tiempo.

Es cierto que en una sociedad que quiera avanzar se deben establecer ciertas normas reguladoras que garanticen una igualdad de oportunidades para ambos sexos, en cuanto que la capacidad laboral debe anteponerse siempre al género del candidato. Teniendo en cuenta este concepto resulta un tanto ilógico que en igualdad de condiciones se discrimine positivamente a un sexo por encima del otro, ya sea positivo para hombres o mujeres indistintamente.

Disminuyen las oportunidades

En la esfera geopolítica internacional hay pocas cosas que no se hayan visto afectadas por la actual crisis económica, y obviamente uno de los sectores más perjudicados ha sido el empleo. El aumento de las cifras de paro ha ido parejo a un aumento en la competitividad laboral que lógicamente ha conllevado una necesidad por parte de los trabajadores de estar más cualificados en todos los aspectos a fin de conseguir el empleo deseado.

La discriminación a la hora de elegir a un profesional para determinado puesto ha existido siempre y es labor de la sociedad eliminar esas discriminaciones para que sea el trabajador más cualificado quien finalmente consiga el empleo al que opta sin que medien razones de ninguna otra naturaleza. De este modo, las discriminaciones positivas que se establezcan hoy serán negativas mañana.