El cambio climático está, actualmente, en boca de todo el mundo. Sin embargo, los daños ejercidos por el ser humano a los ecosistemas de la Tierra no se limitan a la liberación de gases de efecto invernadero, ni siquiera únicamente a los diversos tipos de contaminación. La pérdida de especies y los daños a los ecosistemas provocados por la pérdida de hábitats y la caza abusiva son de los peores efectos que el ser humano ha ocasionado en el planeta a lo largo de siglos y así lo refleja un estudio publicado recientemente en la revista Science.

La desaparición de depredadores causa problemas en ecosistemas

Una de las causas de la pérdida de biodiversidad y de los numerosos problemas a que se enfrentan los ecosistemas hoy en día es la desaparición de los grandes depredadores como leones, lobos, tiburones, leopardos o nutrias.

La fragmentación de los hábitats de estas especies y la caza excesiva son las dos principales razones del descenso y desaparición de numerosas poblaciones de estos animales esenciales en los ecosistemas.

Qué provocó la desaparición del lobo en Yellowstone

Según el estudio de Science, la desaparición de estos animales puede provocar en los ecosistemas en que vivían una desestabilización de toda la cadena trófica. Por ejemplo, en el Parque Nacional de Yellowstone, en Estados Unidos, la desaparición del lobo originó que la población de alces aumentará y, en consecuencia, una drástica disminución de especies vegetales de las que se alimentaban estos rumiantes.

Cuando se reintrodujeron los lobos en Yellowstone la población de alces se estabilizó y las especies de álamos y sauces regresaron a niveles normales dentro del Parque. El ecosistema se estabilizó.

La disminución de leones en África origina problemas al ser humano

Sin embargo, las consecuencias pueden variar mucho más. La disminución de la población de leones y leopardos en África ha llevado a que los papiones, o babuinos entren en contacto con los seres humanos de forma más habitual.

Los babuinos, al no tener tantos depredadores, se reproducen e incrementan su población más rápidamente. Asimismo, han sufrido cambios en su comportamiento. Todo esto ha llevado al mayor contacto entre humanos y papiones, lo cual ha generado que los parásitos intestinales aumenten su incidencia en ambos.

Problemas en hábitats marinos por la desaparición de tiburones y nutrias

En hábitats marinos sobresalen los dramáticos cambios que han sufrido las regiones costeras allí donde la nutria marina ha desaparecido. Estos animales tienen en su dieta principal a los erizos marinos, los cuales se alimentan de algas, por lo que las nutrias marinas son controladores de la población de algas y su desaparición origina una desestabilización en la cadena trófica.

Mientras, la desaparición o disminución de tiburones provoca el auge de una determinada especie de rayas, lo cual origina a su vez un colapso en la población de marisco costero.

La importancia de los depredadores en los ecosistemas

Estos daños provocados por la desaparición de depredadores desestabiliza, por tanto, las cadenas tróficas y origina drásticos cambios en los ecosistemas implicados, tal y como refleja el estudio de Science, lo cual puede ser llevado a cualquier lugar del mundo donde los depredadores situados en la cima de la cadena trófica han sido llevados a la extinción o a números alarmantemente bajos.

En España, por ejemplo, este podría ser uno de los problemas principales de sus ecosistemas, ya que depredadores como el lince, el lobo y las aves rapaces juegan un papel clave en los ecosistemas. Incluso los depredadores menores ofrecen un control sobre poblaciones como los ratones y topillos, que han causado plagas en algunos puntos de la península durante los últimos años.

Así, el estudio refleja la importancia de estos animales carnívoros en la biodiversidad y en el control natural de los ecosistemas y, seguramente, sean una pieza clave para evitar la llamada sexta extinción, causada por el hombre y que se encuentra, según muchos especialistas, ya en curso.