La administración pública , para Bonin, “no es más que el Gobierno considerado en su acción parcial y pormenorizada, y que su objeto es la aplicación de las leyes del Estado en materias generales y comunes a todos.” Es importante señalar que en la administración, la ley no estatuye sobre el hombre en particular, sino sobre la sociedad en general, de aquí que sea importante considerar a los ciudadanos y al Estado para que exista ese lazo político.

La administración debe ocuparse de las personas y también de la propiedad, ya sea ésta pública, comunal o privada. Es la propiedad, la que de alguna manera permite recabar impuestos al Estado para servir o cubrir las necesidades que la población demande. “Tres cosas establecen pues la relación del impuesto con la propiedad: que no se deduzca más de lo que es estrictamente requerido por las necesidades del estado, que el establecimiento del impuesto no se haga más que sobre aquello que por su naturaleza está sujeto a imposición, que su modo de percepción no sea una nueva carga para los ciudadanos.”

La naturaleza de la administración pública

Bonin trata de explorar la naturaleza de la Administración Pública, para que esta se convierta en un elemento central para la buena convivencia y el respeto de los acuerdos establecidos previamente por la sociedad. De aquí que la administración tenga que ser detallada de tal manera, que se eviten los conflictos de autoridad y se canalicen de forma adecuada los problemas y los asuntos que relacionan al ciudadano con otro ciudadano, y aquellos que unen al ciudadano con el Estado.

Por otro lado, la relación que debe existir entre la teoría y la práctica dentro de la administración pública resulta de vital importancia para el seguimiento de las políticas públicas. Y es que sin un elemento teórico la planificación no puede existir, y mucho menos, llegar a alcanzar su objetivo. Es precisamente esta necesidad, la que lleva a Bonin a hablar de un código administrativo.

El código administrativo

Una especie de reglamentación que regule los procedimientos por medio de los cuales la administración pública pueda ocuparse de los asuntos que conciernen a toda la sociedad sin traicionarle. En el autor francés, las normas de carácter administrativo son aquellas leyes que “protegen a los ciudadanos, conservan el orden público y garantizan la probidad y los conocimientos del administrador público”.

En la definición anterior descubrimos primero, el carácter colectivo de la ley. Es decir, para que algo sea administrativo debe ser avalado por el Estado y por los ciudadanos. Más adelante tenemos una contradicción: la protección a los ciudadanos y la conservación del bien público. A la mayoría les parecería una consecuencia lógica. Sin embargo, no lo es.

Porque el orden público atenta contra la libertad individual, y lo mismo hace el carácter dogmático de la conservación. Sin embargo, hay que recordar que la administración pública, al ser parte integral de la política, lleva consigo un carácter problemático: el juego del poder. La lucha por la detentación del poder, que da como resultado la plasmación de ciertos procedimientos en instituciones reconocidas por la colectividad como autorizadas para realizarlos.

La administración pública como igualdad

Así pues, las leyes deben garantizar la igualdad de los hombres a través del novel de conocimientos y moralidad de quien las forja. El administrador debe ser entonces una especie de “protector” de la colectividad. El sentido Aristotélico de la política se encierra en las normas administrativas. Si la administración parte de la ley, como narrativa que permite la igualdad entre los hombres, entonces, la administración queda atada a los procedimientos.

No hay privilegios ni maltrato en la administración pública según la definición que Bonin nos brinda. El problema de las definiciones es que son narrativas deontológicas que pretenden abarcar la realidad con unas solas palabras. Como ejemplo la constitución de cualquier nación. En palabras de Lorenz Von Stein, la Carta Magna se encarga del orden público y jurídico en general, permanente.