El desarrollo de las TIC es hoy por hoy un hecho incuestionable, su impacto en la conformación de las nuevas sociedades del siglo XXI está por determinar, pero al parecer producirá cambios de carácter estructural en aspectos vitales de la vida de los habitantes de nuestro flamante mundo global. Concretamente en el aspecto político, el potencial de las TIC es enorme; a nadie le pasa por alto que el sistema democrático y la democracia parlamentaria por más señas, sufren en la actualidad una crisis de participación de la ciudadanía, fruto del desencanto y de la pérdida de confianza en las instituciones que la sustentan.

La sociedad y sus líderes

El ciudadano en general (y las cohortes de jóvenes en particular), sienten la democracia participativa como algo ajeno que no les representa, “como cosas de nuestros padres”. Sabedores de la pérdida de legitimación que significa que el electorado se inhiba de votar, los partidos políticos han comenzado una tímida incursión en el uso las NTIC; la profusión de blog, páginas web, foros, y la utilización de la Internet en términos generales, se han convertido en pantallas abiertas a modo de intento desesperado de no perder el contacto con el electorado, con el ciudadano votante. La sociedad como siempre, va por delante de sus líderes.

Las redes sociales, foros, móviles, etc., bullen de efervescencia, con debates, comunicación, y espacios cibernéticos de (casi) libre expresión. Se trata de formatos rápidos, ágiles, y que permiten la interacción y coordinación en tiempo real.

Son instrumentos que sirven de plataforma de conocimiento e información para una “sociedad de la comunicación” que no encuentra respuesta a sus inquietudes y demandas en una clase política anclada en la radio, los periódicos y la televisión como fórmula cuasi única de llegar a las masas.

Fortalecer el sistema democrático con instrumentos tecnológicos

Es indudablemente la capacidad del usuario de las TIC de ser emisor y receptor de forma casi instantánea y de la potencialidad que esto supone, lo que las hace ser superiores a las formas clásicas. La voluntad popular y la democracia participativa tiene en estos instrumentos tecnológicos una fuente inestimable de recuperación de la legitimación que esta perdiendo. El voto electrónico, la consulta vinculante a los ciudadanos (sobre todo los jóvenes) puede ser un aliciente para acercar los administrados a los administradores y fortalecer el sistema democrático tal y como lo conocemos.

Acción de gobierno y voluntad ciudadana

Es cierto que existe un cierto temor en las estructuras de los Estados en “abrir” demasiado el campo de la acción política al uso de las TIC, ya que esto supondrían una comunicación más directa y puede que “incómoda” entre la acción de gobierno y la voluntad de los ciudadanos y por ende puede ser considerada como una via de mayor control sobre la acción de gobierno. Además las TIC se prestan menos (por ahora) a las manipulaciones del poder y son más resistentes al “pensamiento único” y al control de la información.

Las alternativas son a medio y largo plazo muy limitadas: o el sistema partitocrático se abre a las TIC y aprovecha las sinergias que ofrecen para sanear el sistema y brindar a la ciudadanía un mayor “frescor democrático”, o bien la propia dinámica social producirá los cambios necesarios; aunque puede que en ese caso, sean cambios no controlados… Puede que una poderosa sociedad civil, bien estructurada y desarrollándose al margen de la política institucionalizada, pilote los cambios necesarios para avanzar hacia el interior del siglo XXI.

Los orígenes de la democracia como parte de la solución

Sin querer idealizar o sobreestimar las potencialidades de las TIC en el campo de la política, puede que el actual agotamiento del sistema democrático institucional tenga parte de su “cura” (además de en la innegable necesidad urgente de una catarsis ética), en la conformación de un Ágora Tecnológica, donde al estilo de las polis de la antigua Grecia, se diriman y debatan buena parte de los asuntos de la comunidad. Eso sería tanto como reconocer que parte de la solución es volver pues a los orígenes de la democracia, a su fundamento original.