Cuentan que los arrieros eran hombres valerosos y honrados que tenían que sortear los caminos para llegar a salvo a su destino allá por el siglo XVI y la segunda mitad del XX; en el tiempo en que la arriería era una importante actividad económica y que fue menguando con la llegada del ferrocarril.

Hoy en día, los danzantes son los que conmemoran a esos hombres, les rinden tributo a su hombría y su tarea; la de llevar a lomo de mula los bienes, intercambiarlos entre las haciendas y los puertos y venderlos; se organizaban en recuas para defenderse, con el tiempo, a este grupo de arrieros se les llamó cuadrilla o hatajo.

Así, como símbolo del intercambio de productos que estos hombres realizaban, los danzantes obsequian imágenes religiosas, dulces, naranjas y adornos al público.

San Bartolo Ameyalco

Actualmente, la danza de arrieros que se practica en el Distrito Federal, se registra en las delegaciones de Tlálpan, Cuajimalpa y Álvaro Obregón.

La primera danza que se realizó en San Bartolo Ameyalco, como lo comenta Alicia Córdova, investigadora mexicana, "fue en 1922 y ellos la adquirieron por la enseñanza del pueblo de San Pedro Atlapulco, Estado de México, de donde se dice que la danza es originaria; pueblo otomí del Estado de México quienes dejaron la música y un repertorio de sones de 29 títulos desde 1833".

La danza se realiza en dos ocasiones, en la festividad del Dulce Nombre de Jesús, el primer domingo después del 2 de enero, y el 24 de agosto, el día del santo patrón.

El baile se practica a lo largo de dos días de fiesta y durante la jornada los arrieros representan las actividades que hacían cuando sorteaban los caminos: cargar los bienes, descargarlos, cantar, comer y vender.

Se practica en escenas, de acuerdo con la organización jerárquica de las labores de los arrieros como son: Los patrones, sus hijos (los xocoyotes), el mayordomo, el administrador, el rayador, el sabanero, el juanito, los cocineros del hatajo (las pascualitas) y los cargadores primero y segundo.

Festividad del Dulce Nombre de Jesús

No hay nubes, el sol pega fuerte y las bandas de colores que anuncian la festividad del Dulce Nombre de Jesús del 2 de enero se mueven suavemente. En las estrechas calles del pueblo San Bartolo Ameyalco, la gente sube y baja, algunas señoras llevan comida, los niños juegan despreocupadamente. Las roscas de reyes están alineadas en los puestos de pan; el aire huele anís, azúcar y tamal.

La iglesia está vestida de flores y en el atrio descansan algunos viejos que ya comienzan hablar de la fiesta, porque no hay otro tema de conversación más importante que la celebración del día siguiente.

De acuerdo a la tradición, un día antes de la fiesta, los arrieros rinden homenaje a su patrón, en este caso al niño Jesús, para decirle que están preparados para el baile, para rendirle honor. En la casa del mayordomo de la fiesta, algunos de ellos se han reunido para comer y beber cerveza, la banda toca con trompetas y tambora, el patio de la casa está adornada con manteles y palas y trapos de cocina.

Los danzantes bailan durante todo el día

Se escucha un danzón y el señor Víctor Ubaldo, uno de los maestros de la danza de arrieros, de ojos brillantes y un solo brazo, comienza a bailar, su sobrino insiste en llevarlo consigo; tira de su manga para llamar la atención, el sonríe y deja ver su lengua debajo de los dientes.

Al rato las mujeres bailan. Están contentos, se preparan para el día de mañana, domingo 7 de enero, para celebrar la misa, bailar y comer mole y beber atole y cerveza.

Durante todo el día los danzantes arrieros representarán el baile y el lunes se representará: el asalto con el negro y sus forajidos. "Los hermanos", "el minino" y "la zorra", son los "patrones", quienes cada domingo, por alrededor de 2 meses, invitaron al pueblo para participar en la fiesta.

Ellos entregarán el cargo a los próximos "patrones" el lunes y, entre los arrieros, escogerán a las próximas parejas, porque el mando se pasa de dos en dos. Así, año con año se prepara esta fiesta.