A través de largos milenios, las condiciones orográficas y climáticas del territorio ariqueño (Chile) permitieron asentamientos de pequeños grupos humanos que eran atraídos por sus serranías, ubérrimas playas o generosos valles.

Sin embargo, la región –con sus costas y sus valles- no presentaban un lugar de ilimitados recursos alimenticios, lo que fue un obstáculo para dar oportunidad a un desarrollo potencial, económico y capaz de cimentar la base de un reino o de una región independiente. Pero que fue suficiente para que aquella población (conocidos como los Chinchorros) pudiesen tener un asentamiento en dicha costa.

Al final de los valles -llegando a la costa- las playas se abren extensas y arenosas (hacia al norte por la depositación de material sedimentario) como invitando un reposo tras el descenso vertiginoso de las alturas en tan corto trecho que apenas alcanza los 200 kilómetros desde la planicie de una puna hasta la orilla del mar.

A lo largo de casi 10 milenios se fueron escalonando de generación en generación cazadores de camélidos de la puna andina, de pescadores y mariscadores en la costa; agricultores y ganaderos en los valles.

Su cultura o modo de vida

Las primeras bandas recolectoras, cazadoras y pescadoras, posiblemente compuestas por un reducido número de integrantes y provistos de recursos de captura modesta, se establecieron en la costa, en donde por sus condiciones de avezados dominadores de sus respectivos medios ambientales les permitieron subsistir por largos períodos tras la caza, la pesca y la extracción de mariscos.

Es así como los primeros pescadores fueron los ubicados en la costa chinchorra con una antigüedad entre 9.000 y 4.000 A.c. y allí fue como estos grupos tuvieron su desarrollo como modo de vida.

Estas tempranas sociedades fueron las primeras en manejar el principio básico del anzuelo el que se fue difundiendo hacia el sur en la medida en que sus bandas se desplazaban en esa dirección -pues hay fuentes que aseguran que son antecesores de los camanchacos que habitaban entre Camaná y Coquimbo-.

Su herencia cultural

Quizás el legado más importante que nos dejaron los hombres de la costa conocidos como los Chinchorros, fueron sus momias –conocidas como Momias Chinchorros-, mostrando (a través de objetos arqueológicos) una sofisticada forma de cazar y de vivir. Así lo muestra un análisis químico de los huesos e intestinos de las momias que da pruebas de que los Chinchorros mantuvieron la misma dieta por casi 5.000 años, en donde el 75% de su alimento provenía del mar.

En su vestimenta también estaban conectados con el mar, pues sus vestidos eran de fibra de vegetal o cuero –de lobo marino-. Es probable que en los días de frío se protegieran con pieles de animales.

Los adornos personales no estaban ausentes. pues ya se veía en los hombres que se alojaban a faldas del Morro. Se han encontrado peinetas collares de varios tipos; de piedra caliza, de lapislázuli, concheperla y piedras de colores.

No es extraño pensar que los primeros hombres ya estaban en la costa como los Chinchorros y se desplazaron al sur llegando a las faldas del morro e incluso al laucho –como los Quiáni- aunque aún no se tienen datos exactos.

Lo cierto es que desde 9000 años A.c. la costa ha sido un lugar de abastecimiento para muchas culturas, cosa que no es menor, pues hoy en día los productos del mar son uno de los principales abastecimientos del país.

Cabe destacar que uno de los colaboradores màs importantes en estos estudios son Max Uhle quien se dedicó completamente a la arqueología andina, siendo considerado el Padre de la Arqueología Andina. Algunos lo veían como: "dedicado en cuerpo y alma, de manera casi ascética. Alguíen que en caso necesario, prescindía de las comodidades de la civilización, que veía en la meta de este trabajo el eje central de su vida" (Masson, Peter: Archäologie und Kulturgeschichte des Andenraums als Lebenswerk. 1999: 23).

Actualmente la encargada del Museo de Azapa de Arica (Departamento que pertenece a la Universidad de Tarapacá de Arica-Chile) es la Doctora Marieta Ortega Perrier.