Las consecuencias de la crisis económica y financiera actual son ya de por sí malas para las sociedades de casi todos los países del mundo, pero si a ello hay que sumar el desenvolvimiento irresponsable de los mercados que suelen preocuparse más por lograr beneficios a corto plazo, incluso a costa de acentuar la gravedad de la situación, porque así obtienen mayores beneficios, qué otra institución que los Estados para ponerles freno.

Aparición de los Estados y su necesidad actual

Situaciones de descontrol y caos fueron, precisamente, lo que motivó el surgimiento de los Gobiernos nacionales en la antigüedad, y hoy, no obstante los siglos y centurias de evolución humana, situaciones similares ameritan su existencia más allá de las fronteras nacionales, a fin de frenar los abusos de las actividades económicas y el mercado, que persiguen generalmente el mero lucro relegando aspectos de la ética y la moral.

La crisis de deuda pública acentuada por la crisis económica

El creciente déficit público que está amenazando al bienestar presente y futuro de las regiones tradicionalmente más desarrolladas -Estados Unidos de América y la Unión Europea- se generó, precisamente, por paliar los efectos de la crisis financiera acentuada en 2008 pero iniciada en agosto de 2007, al estallar el escándalo de las tristemente célebres hipotecas subprime.

Lo cual, está siendo agravado por efecto de dicho accionar de los mercados, pero también por una cierta inacción estatal que parece no estar todavía a la altura de la nueva forma de organización y gestión internacional que ha impuesto el contexto de la globalización económica en las últimas décadas.

La especulación que las agencias de ‘rating’ incentivan

Una manifestación de aquello es el irresponsable e injustificado actual ataque que el financiamiento de la deuda de diversos países de la zona euro está padeciendo, por parte de inversores financieros internacionales avalados, además, por cuestionados informes emitidos por agencias de ratings a las que las instituciones europeas pretendían, hasta hace poco, imponer una regulación para limitar su inclusive incontrolado proceder.

La parte de responsabilidad que tienen en la actual crisis por emitir básicamente “buenos informes” a algunas de las hipotecas basura que la desencadenaron, debió haber sido motivo más que suficiente para hacer entonces internacionalmente lo que ahora pretendía Europa; propiciar incluso su desaparición o total reorganización, como cuando a la hasta entonces prestigiosa auditora Arthur & Andersen, no le quedó otra salida que desaparecer al conocerse que emitió informes favorables a grandes empresas que hacia el año 2001 quebraron fraudulentamente: Enron, WorldCom, etc.

España y el acoso especulativo de los mercados

Incídase en el caso de España para conocer hasta qué punto la irracionalidad de los mercados -que en el fondo no es más que de las personas e instituciones que influyen en él-, puede afectar a países que poco o muy poco tienen que ver con el contexto de crisis que todavía impera, por haber aplicado a tiempo las medidas que su ejecución retardada en otros lugares la está acrecentando.

Recuérdese que en mayo de 2010 al Gobierno español no le quedó otra salida que poner en marcha duras medidas económica que le han permitido tener actualmente una posición institucional mucho más ventajosa que por ejemplo Grecia e Italia, aunque con un gran coste político y social que ahora se comprueba en dichos países.

Nuevo orden político e institucional en el nuevo contexto económico mundial

Por ende, las funciones estatales que tradicionalmente se han encuadrado al ámbito nacional, no resultarán ahora efectivas mientras no tengan la trascendencia o alcance propias de la economía y el mercado en el actual contexto globalizador. Y la Unión Europea está en mejor posición de poder empezar aquello, al tener ya institucionalizado una agrupación de países que debe todavía afinarse en política y finanzas, a fin de poder hacer frente a las turbulencias que seguramente seguirán sucediéndose en la economía mundial.