''Disfrutará de una fantástica experiencia al pasar por una línea de frontera, donde nadie le preguntará nada ni le pedirán ningún documento. De un lado de la frontera usted oye, habla y lee en español, paga en pesos o en dólares y está en Rivera-Uruguay; del otro lado usted ya está en Brasil, en nuestra ciudad hermana Sant'Ana do Livramento; escuchará otro idioma, usará otra moneda, pero se sentirá en su casa pues todos lo entienden. Leerá en portugués, pagará en reales, pesos o dólares''. ''Bienvenidos a la frontera Rivera-Livramento''.

Fronteras de Paz, Fronteras de Guerra

Es el típico mensaje que le espera en la frontera uruguayo-brasileña. En Rivera-Santana do Livramento, cruzar la frontera es cruzar una calle, que más que separar, une. Se la llama ''Frontera de la Paz''. Allí flamean, como se ve en la foto correspondiente, en la Galería de imágenes, las dos banderas, la de Uruguay y la de Brasil, en la misma plaza uruguayo-brasileña, binacional, la Plaza internacional, que data de 1943, y donde se encuentra el Obelisco de la Fraternidad, en el que están tallados los escudos de los dos países. Hay relojes de ambas nacionalidades marcando la hora oficial. Cuando estas horas coinciden, el vértice de vidrio del Obelisco despide un haz de luz. Aquí casi no hay controles y uno no siente que esté cambiando de país.

De la frontera argentino-británica siempre nos llegan noticias diferentes. Aquí la frontera es marítima y no trate de cruzarla como quien atraviesa una calle: hay zonas de exclusión y si desembarcara, hay campo minado, así que podría volar en pedazos. Cierto que, como en todos lados hay mensajes de bienvenida, ''Welcome Falkland Islands'', y unos simpáticos pingüinos esperándolo, pero no hallará una frontera de integración cultural, política y económica argentino-británica. Más bien la idea es la contraria. Hay tantos militares en la base de Mount Pleasant/Monte Agradable como población en Port Stanley/Puerto Argentino, a unos 40 km de distancia, y la intención no es construir vínculos, sino romperlos:

''Lisa Watson vivió en Malvinas hasta los 16 años. Como la mayoría de los isleños adolescentes viajó al Reino Unido a completar su educación [...] Volvió y se convirtió en una ferviente militante de la causa británica en el archipiélago.

En 1999, con 30 años, se opuso a los acuerdos de comunicación con Argentina, que establecieron dos vuelos semanales desde Chile pasando por Argentina. Participó de protestas y manifestaciones. Usó pecheras que gritaban en inglés: 'Sin vínculos con Argentina'.

Dirige el Penguin News, el único periódico de las islas [...] Este año protagonizó un sonado incidente. En el sitio web del Penguin subieron una foto de Cristina Kirchner. El archivo se llamaba 'bitch.jpg' ('puta.jpg'). Estaba cargada con ese nombre en su computadora''. ''Sin vínculos con Argentina'', Clarín, 2/04/2012.

Separados, pero unidos

Y sin embargo, existen fuertes vínculos históricos y económicos entre las Islas Malvinas y América del Sur. Imposible mantener las Falkland desde Gran Bretaña: cuesta unos 1.000 millones de dólares, casi un millón por cada isleño nativo de Malvinas. El petróleo y otros recursos de la zona no pueden extraerse sin colaboración de los gobiernos del MERCOSUR. El transporte aéreo se hace desde el continente.

Los isleños se valen de servicios educativos, sanitarios y comerciales de Montevideo. Incluso durante la Guerra de 1982 Gran Bretaña no pudo prescindir de estos servicios. Durante el siglo XIX, la explotación de los recursos ganaderos de la zona, muchas veces introducidos desde el continente, también se hizo desde Montevideo.

No hay muchas personas viviendo en las Islas Malvinas. Pero aun así tienen que importar los alimentos y los electrodomésticos. En las Islas no crecen verduras ni hay árboles que produzcan fruta o madera. Tampoco hay dónde fabricar utensilios y herramientas de uso diario. Y sale caro traer leche de Alemania y electrodomésticos de Gran Bretaña. Razón por la cual la misión comercial de empresarios uruguayos en Malvinas ha despertado mucha expectativa. Esto no impide a Uruguay mantener su apoyo a Argentina. Pero el continente no bloquea las islas. Los empresarios uruguayos consideran que estos contactos comerciales datan de hace 200 años.

La crisis de soberanía en las Islas Malvinas no es resultado de una actitud unilateral de Argentina ni particular de Cristina Fernández. Es un planteo que hace todo el MERCOSUR, UNASUR, CELAC y Naciones Unidas. Que Argentina y Gran Bretaña se sienten a negociar.

Las Fronteras de Paz se construyen

No todos los anglo-malvinenses están enfrentados con Argentina. Hay otras ideas, por ejemplo las de John Fowler, también de Penguin News. Y en Gran Bretaña, las de Simon Winchester. No todos los argentinos están enfrentados con Gran Bretaña. También están las ideas de varios Premios Nobel de la Paz de Argentina, Irlanda, E.E.U.U., Guatemala e Irán. Sería una paradoja que esto fuera de otra forma en el Río de la Plata, donde siempre hubo una corriente de intereses culturales y comerciales anglo-rioplatenses.

Los mapas que integran la Galería de imágenes muestran cómo se construyó la frontera uruguayo-brasileña. En primer lugar siempre hubo una migración ''portuguesa'' a Uruguay y ''española'' a Brasil, como puede verse en el primer mapa. Uruguay y Brasil reconocieron los derechos de todos los descendientes de estos inmigrantes, y su aporte fue visto como algo que suma y enriquece, no que resta y empobrece.

Esto no significa que las relaciones entre Uruguay y Brasil hayan sido siempre pacíficas. Como muestra el último mapa, Brasil invadió Uruguay en 1816, y se quedó allí hasta 1825. Es decir que Brasil podría reclamar ''derechos de ocupación efectiva'' y ''prescripción adquisitiva'' en Uruguay. Pero ambos países reconocen que una ocupación no tiene efectos jurídicos cuando se hizo de forma violenta. Por eso no tenemos una crisis de soberanía Uruguay/Cisplatina como tenemos una crisis Malvinas/Falkland.