Grecia, pero principalmente sus sectores político y económico, tiene ahora cierta tranquilidad al haberse acordado las últimas condiciones del segundo paquete de ayuda impulsado por la denominada troika integrada por la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE), para poder cumplir con los compromisos financieros de este año, el más cercano de los cuales -de 14.500 millones de euros- vence el 20 de marzo.

Se trata de un nuevo rescate aprobado en julio del año pasado, que llega algo atrasado por cuestiones más políticas que económicas, que no solo pusieron en peligro al país cuna de una de las mayores civilizaciones humanas, sino también al conjunto de la Unión Europea, al euro y al mundo.

La cesión fiscal y otras condiciones del segundo rescate a Grecia

Son 130.000 millones de euros los que recibirá Grecia en forma de crédito a bajos intereses, luego de los recortes de gasto, de sueldos, de pensiones o la disminución de funcionarios o trabajadores públicos anteriormente acordado, existiendo además el compromiso por escrito de que todo ello seguirá respetándose gane quien gane las próximas elecciones. Todo lo cual, en el marco de una pérdida de soberanía fiscal que constituye la mayor de un país en tiempos de paz.

Los acreedores griegos y los compromisos asumidos

Los acreedores y los fondos de inversión asumieron más concesiones a las inicialmente aceptadas, pues tendrán que renunciar a 107.000 millones de euros al asumir la pérdida del 53,5% del valor nominal de activos griegos en su poder, mientras que el Banco Central Europeo y los bancos nacionales de la Unión renunciarán a los beneficios generados por la deuda soberana helénica.

Una nueva ayuda financiera algo ajena a la vapuleada población griega

Para la sociedad helena, sin embargo, puede que la ocasión pase desapercibida dada la insatisfacción que padece desde antes del primer rescate en mayo de 2010, y porque es de esperar que la frágil situación de su economía no mejore en el corto y en el mediano plazo y sigan por tanto latentes los condicionantes de su ya prolongada apremiante situación: paro o desempleo, inseguridad económica y social, etc.

Ya Christine Lagarde, directora del FMI afirmó luego del acuerdo alcanzado las primeras horas del martes, que existe un gran riesgo “de que la economía griega no pueda crecer al ritmo que esperan los acreedores internacionales, lo que pondría en entredicho su capacidad para devolver el dinero y salir de la crisis”.

Un tercer rescate griego sería necesario en los próximos años

El Financial Times va en la misma línea al asegurar que una nueva ayuda financiera a Grecia sería necesaria entre 2015 y 2020, cuando se le acaben en 2014 los fondos obtenidos en el primero y segundo rescate de la troika. No solo por la probable imposibilidad de que cumpla con la reducción acordada de su deuda, del actual 160% de su PBI al 120% en 2020.

Sino también por el aumento del costo de la recapitalización de su banca, por el menor monto esperado de su programa de privatizaciones hacia finales de la actual década o por las trabas a la esperada reforma del clima empresarial, la liberalización de los mercados de servicios y la mayor flexibilidad salarial debido a la burocracia y la resistencia de partes interesadas.