Si hay algo que caracteriza a los mexicanos es su cultura, la cual se manifiesta a través de numerosas expresiones culinarias, artísticas, históricas entre muchas otras. El culto a la muerte en México resulta por demás significativo, en especial en los primeros días de noviembre, cuando en todo el país se llevan a cabo numerosos rituales enmarcados por costumbres llenas de flores, música y comida, que hacen del culto a la muerte toda una manifestación cultural única en el mundo.

En la política mexicana, la muerte lleva al heroísmo

Sin embargo, existe también un aspecto que permanece oculto en esta forma tan peculiar que tienen los mexicanos de ver a los muertos. En la idiosincrasia mexicana, es común observar cómo la persona que fallece se transforma en un ser diferente al que fue en vida. 

En la percepción de las personas que lo conocían, el difunto adquiere con su muerte los requisitos necesarios para ser digno de homenaje; todas aquellas cuestiones negativas de su personalidad, conductas y actitudes son olvidadas por sus familiares o conocidos, hasta convertirse en un ser inmaculado y lo suficientemente inflado, para que pueda surcar los cielos de la memoria colectiva sin mancha alguna.

En la política el fenómeno de ensalzar a los muertos tiene un propósito que va más allá de la nobleza mexicana; el fallecimiento de un personaje de la vida pública representa un jugoso capital político para el partido del cual era miembro, pues desde ese momento se convierte en mártir de la democracia y objeto de culto, digno de que se le pongan estatuas, bustos o el adoptar su nombre para bautizar una calle en alguna ciudad o pueblo.

Luis Donaldo Colosio, de político de bajo impacto a héroe nacional

Tal fue el caso de Luis Donaldo Colosio Murrieta, político sonorense del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y candidato a la presidencia de México, que en 1994 fue brutalmente asesinado en un mitin político en Tijuana, Baja California. A partir de su trágica muerte, Luis Donaldo Colosio se convirtió no solo en el objeto de culto, sino también en el estandarte mediático que permitió que el PRI ganara las elecciones presidenciales de ese año a través del candidato sustituto, Ernesto Zedillo Ponce de León.

La percepción social sobre Luis Donaldo Colosio cambió radicalmente después de su asesinato. El PRI le generó una imagen de ideólogo y apóstol de la democracia, un hombre con la personalidad, argumentos y los anhelos suficientes para ser un presidente que realizaría cambios fundamentales en el país, pero lo cierto es que la trayectoria política de Colosio no fue por mucho de las más destacadas. Si se revisa su vida pública, se pueden contabilizar diversos tropiezos políticos que a larga le derivaron en serios obstáculos mientras buscaba la presidencia de la República.

El lado oscuro en la trayectoria política de Luis Donaldo Colosio

Su desempeño como presidente del PRI fue muy cuestionado, debido a que en su administración, este partido perdió la hegemonía en varios municipios del país e incluso, llegaron a perder el proceso electoral de Baja California, donde Ernesto Ruffo, candidato del Partido Acción Nacional (PAN) se convirtió en el primer gobernador de oposición en México.

Por otra parte, su campaña como candidato a la presidencia se vio opacada por diversos factores: La entrada en escena del Ejército Zapatista de Liberación (EZLN) en enero de 1994, captó casi toda la atención de la opinión pública nacional, que hizo a un lado las propuestas políticas de los candidatos que en esos años aspiraban a la presidencia, para maravillarse con el espectáculo mediático que representaban los zapatistas y su líder, el subcomandante Marcos.

Manuel Camacho Solís, la sombra de Luis Donaldo Colosio

Aunado a esto, habría que tomar en cuenta el protagonismo que el presidente Carlos Salinas de Gortari le dio a Manuel Camacho Solís, exregente de la ciudad de México, quien había manifestado públicamente su frustración de no ser el elegido para ser el candidato del PRI a la presidencia de la República. 

El presidente Salinas le asignó la tarea de ser el Comisionado para la Paz  y la Reconciliación en Chiapas que negociara directamente con los zapatistas, lo que quitó los reflectores a Luis Donaldo Colosio, al grado de que en altos círculos del PRI se contempló la posibilidad de sustituirlo de la candidatura presidencial dado su bajo impacto en el electorado.

Colosio decidió entonces dar una muestra de alejamiento de su partido a través de su conocido discurso del 6 de marzo de 1994, el cual es recordado como su decálogo ideológico, basado en el “I have a dream” que pronunció el reverendo Martin Luther King en 1963.

Todos estos inconvenientes fueron borrados de la imagen de Luis Donaldo Colosio el 23 de marzo de 1994, día en que Mario Aburto Martínez, asesino confeso, le propinó un balazo en el cráneo que lo privó de la vida. Desde ese día, el PRI lo exhibió como un hombre de ideas, un personaje fundamental en la vida política de México y que debía ser recordado en estatuas, bustos y monumentos como un prócer de la democracia y la justicia.

Juan Camilo Mouriño, el último mártir de la política mexicana

Ahora bien, esta mitificación política de los muertos no cambió con la transición democrática. El Partido Acción Nacional (PAN) quien ostentaba hasta el 2012 la presidencia de México, ya tuvo también un personaje que gracias a su muerte fue transformado en un héroe nacional: Juan Camilo Mouriño.

Este político español, nacionalizado mexicano, logró destacarse en la vida pública solo por haber sido diputado y la mano derecha del candidato del PAN a las elecciones presidenciales del 2006, Felipe Calderón Hinojosa. Su trabajo como coordinador de la campaña panista y la amistad con el candidato le hizo ganarse un lugar especial en el gabinete calderonista, primero en la oficina de la presidencia, luego en la Secretaría de Gobernación, el cargo más importante después del primer mandatario.

Los cuestionamientos a su inexperiencia y escándalos de tráfico de influencias que beneficiaban a empresas de su familia, ventilados en la opinión pública, mancharon su trayectoria política hasta el 4 de noviembre de 2008, cuando murió trágicamente, junto con otros funcionarios del gobierno, en un accidente aéreo en pleno Paseo de la Reforma en la ciudad de México.

Tal y como pasó con Colosio, Juan Camilo Mouriño fue presentado ante la opinión pública por el presidente Felipe Calderón como un ideólogo del PAN, con visión y sensibilidad política para hacer grandes cambios en el país, además de haber sido un mártir de la democracia por las supuestas calumnias que habían manchado su trayectoria política, la cual según dicen, iba a ser proyectada hasta ser el candidato a la presidencia de la República por el PAN en el 2012; y como también ocurrió con Colosio, ya se pueden ver en varias partes del país monumentos y bustos en honor a Juan Camilo Mouriño, que ahora inexplicablemente es un 'prócer de la Patria'.

La necesidad de héroes y la política en México

Resulta lamentable que en la política mexicana la costumbre de ensalzar a los muertos, y no el servicio a la Patria, sea la fuente principal para la generación de nuevos héroes nacionales. En México se vive una crisis de héroes y los hombres del poder se han dado cuenta, por ello, tratan de llenar ese hueco solamente con políticos fallecidos de manera desafortunada y lamentable.