El clima de los continentes está influenciado enormemente por las masas de agua como los mares y océanos. El simple hecho de que un área emergida esté más cerca de un mar o de un océano implica que su clima sea más benigno que una zona que se encuentre en esa latitud pero en el interior de un continente.

Esto tiene ciertos matices, los cuales dependen en gran medida de la temperatura del agua del mar adyacente y de las corrientes marinas que existan en la zona (cálidas o frías).

La corriente del Atlántico Norte suaviza el clima europeo

Una de las corrientes marinas más importantes, que influye en el clima global y en especial en el clima del continente europeo, es la corriente del Atlántico Norte. Esta corriente atraviesa el océano Atlántico desde las costas americanas hasta Irlanda, donde se divide en dos. Una de las ramas se desvía hacia el sur (hacia las Islas Canarias, en España) y otra continúa su camino hacia el norte de Europa.

Gracias a este gran movimiento de las masas cálidas de agua, desde latitudes más bajas hasta las latitudes de países como Irlanda, Gran Bretaña o Noruega, el clima de estas zonas es más suave que si esta corriente no existiera. Así, las temperaturas en las costas orientales del océano Atlántico Norte son más altas que las de las costas occidentales de este océano que se encuentran en la misma latitud.

Formación de la corriente del Golfo

La corriente del Atlántico Norte también es llamada corriente del Golfo, ya que nace en el golfo de México. Su movimiento comienza gracias a los vientos que arrastran el agua cálida desde las costas de Florida (sur de Estados Unidos) hacia el norte y posteriormente al noreste. Además, los cambios en la densidad de esta masa de agua que viaja hacia áreas más frías también ayudan a la formación de dicha corriente.

Así, esta corriente es parte de la denominada circulación termohalina, que se basa en la convección originada por las diferentes densidades de las masas de agua, las cuales son provocadas por diferencias en la temperatura y la salinidad.

Es parte de la circulación termohalina planetaria

El agua que viaja hacia las zonas septentrionales se enfría al ir ascendiendo en latitud y se va haciendo más densa. Al aumentar su densidad, este agua se hunde hacia zonas profundas y deja espacio en la superficie para que pueda continuar llegando la masa de agua de zonas más meridionales. De esta forma, al hundirse el agua enfriada, se origina una corriente en las aguas profundas de sentido opuesto a la superficial y que atraviesa todo el océano Atlántico de norte a sur.

Por tanto, la circulación termohalina es uno de los métodos del sistema terrestre para trasvasar calor de unos lugares a otros con la corriente del Atlántico Norte como uno de los ejes elementales y su funcionamiento es fundamental para conformar el clima suavizado que tiene Europa, especialmente en invierno.

Sin embargo, en ocasiones a lo largo de los últimos cientos de miles de años esta cinta transportadora de calor ha fallado y originado enfriamientos, en especial en el hemisferio norte, pero eso sólo ocurre en ocasiones excepcionales.