Basta observar los retratos de los cinco reyes de la dinastía Habsburgo en España para constatar la decadencia de la familia en tan sólo 200 años. La política matrimonial de las casas reinantes en Europa y concretamente la de los Austria españoles tuvo la culpa de ello. La necesidad de contraer matrimonio con alguien de sangre real y la ambición de aumentar el poder mediante alianzas políticas llevó a decenas de uniones con miembros de la propia familia y con ello a un aumento del coeficiente de consanguinidad que pasó del 2,9% que tenía Felipe I de Habsburgo al 25,4% de Carlos II. Ya Felipe III tenía un 21% que bajó al 11,5% de Felipe IV.

Mortalidad infantil en la familia e incidencia de la sífilis

Incluso en una época en la que la mortalidad infantil era enorme, la gente del pueblo llano se extrañaba de la gran cantidad de abortos, de malformaciones y de mortalidad infantil en el seno de la familia real. Prueba de ello es que en menos de 15 años, desde 1568 a 1582 hubo tres herederos a la corona, ya que dos de ellos murieron antes de cumplir los siete años.

Al alto índice de consanguinidad, hay que añadir la incidencia de la sífilis en la familia, enfermedad que no sólo se transmite por vía sexual, sino que es también hereditaria y de la que sabemos que contrajo Felipe II, que contagió a Isabel de Valois y a su hijo Carlos y Felipe IV que transmitió a su esposa Mariana de Austria y, a través de ella, a su hijo Carlos II. Últimos estudios hablan también de un posible contagio, por parte de Fernando el Católico a su esposa Isabel.

El caso de Felipe II y el Príncipe Don Carlos

El Príncipe Don Carlos (1545 - 1568), hijo de Felipe II (1527 – 1598) y de su primera esposa María Manuela de Portugal que eran primos por partida doble, nació con tremendas deformidades físicas y psicológicas. Tenía un hombro más alto que otro, el pecho hundido, la pierna izquierda más corta que la derecha y una joroba. Su inestabilidad mental le llevaba a actos de crueldad extrema y en ocasiones a autolesionarse. Aún así fue nombrado Príncipe de Asturias. Un accidente empeoró su estado y debieron practicarle una trepanación. La animadversión que sentía hacia su padre, le llevó a la traición y a la prisión donde murió en extrañas circunstancias. Aunque la historiografía tradicional culpó al monarca de su muerte y Schiller, en su obra Don Carlos, infante de España, sitúa la causa de su encarcelamiento en su pasión por su madrastra Isabel de Valois, la historiografía moderna exculpa a Felipe II.

Carlos II el Hechizado y el fin de una dinastía

La otra gran victima de la endogamia de los Habsburgo, fue Carlos II el Hechizado (1661 – 1700), último hijo de Felipe IV y también único varón legítimo. Su coeficiente de consanguinidad equivaldría al de un hijo incestuoso. A lo largo de su vida padeció hidrocefalia, raquitismo, prognatismo, oligofrenia, retardo motor, epilepsia, esterilidad y probablemente impotencia, además de diversas afecciones de tipo infeccioso. A su muerte, el marqués Alberti filtró parte de la autopsia según la cual: "no tenía el cadáver ni una gota de sangre; el corazón apareció del tamaño de un grano de pimienta; los pulmones, corroídos; los intestinos, putrefactos y gangrenados; un solo testículo, negro como el carbón, y la cabeza llena de agua." Las últimas investigaciones han llegado a la conclusión de que el monarca padecía el síndrome de Klinefelter, anomalía cromosómica que provoca hipogonadismo y que debió ser, en última instancia, el motivo por el que Carlos II fue incapaz de de concebir un heredero.

A su muerte, acaecida el 1 de noviembre de 1700, la sucesión al trono de España queda abierta y esto provocará la Guerra de Sucesión y la llegada de una nueva dinastía, los Borbones.