Para una sana comunicación los expertos sugieren adoptar lo que definen el estilo empático-asertivo. Es decir, los actores tienen que tener un adecuado nivel de interdependencia y autonomía. Es fundamental, además, que haya equilibrio entre la expresión de las propias necesidades y la comprensión de las ajenas. La tolerancia y el respeto por las opiniones y sentimientos del otro tiene que estar siempre presente. En definitiva, hay que corregir el estilo agresivo así como el estilo pasivo. Si el primero se caracteriza por un alto grado de control y dominancia y un bajo grado de expresión racional y emocional. El segundo, destaca por una excesiva complacencia y sumisión y un bajo grado de expresión racional y emocional. Ambos estilos, el agresivo y el pasivo, reflejan poca tolerancia a la disparidad y argumentación ajenas.

Los sentimientos

Si la comunicación es entendida también como intercambio de sentimientos, sobre todo cuando se trata de un niño, hay que tenerlo muy presente, porque siempre existe una relación directa entre lo que un niño siente y como se comporta. Así que puede ser de gran ayuda escucharle con gran atención. Reconocer los sentimientos que expresa con palabras, gestos e interjecciones. Dar nombre a esos sentimientos que manifiesta y conceder sus deseos en la fantasía o apuntarlos en algún sitio. Actuando de este modo las familias sirven de modelo para la transmisión y adquisición de hábitos comunicativos positivos por parte del futuro adulto.

Lo hábitos positivos

Al hablar, un adulto debería siempre definir de forma clara el motivo de la conversación y sus expectativas. Conviene tratar un solo tema a la vez. Centrarse en el presente, sin remover el pasado. Utilizar siempre la primera persona para referirnos al problema explicando cómo uno se siente. Comprobar si la otra persona nos entiende y animarla a dar su punto de vista u opinión. Al escuchar, conviene siempre prestar mucha atención y encontrar la manera de expresarlo. Además, hay que procurar comprender a la otra persona, qué dice y cómo se siente. Finalmente, es buen hábito, resumir de vez en cuando el mensaje de la otra persona para indicar que estamos escuchando y comprobar que lo hayamos entendido bien.

Los hábitos negativos

Las personas siempre, a la hora de empezar una conversación, deberíamos huir de las generalizaciones. Criticar a la persona en vez de su conducta es nefasto y hiere los sentimientos. Gritar, levantar la voz para hacernos oír no lleva a nada sino a aumentar la incomprensión. Acusar, culpar, insultar, ridiculizar al otro es tan negativo como adivinar y presuponer. Además nunca deberíamos usar el sarcasmo o la ironía. A la hora de escuchar nunca deberíamos pensar en otras cosas o intentar atender dos cosas al mismo tiempo. Mostrar impaciencia, interrumpir y no dejar acabar de hablar son actitudes tan negativas que siempre deberíamos esforzarnos de corregir.

Nunca hay que olvidarse que si es tan importante el diálogo en las relaciones interpersonales, lo es aún más la comunicación en la familia. Aprender a comunicarse de una forma correcta es un logro no solamente para el individuo sino para la sociedad.