Guillermo Rosales (La Habana, 1946-Miami, 1993) escribió una ingente obra, que destruyó en su práctica totalidad. En vida sólo vio publicada la novela Boarding Home (1987), y póstumamente se publicó El juego de la viola (novela extraodinaria que no convendría olvidar, pese a ser hermana menor de Boarding home), que escribió a los 22 años. El alambique mágico, colección de doce cuentos, aún permanece inédita.

Guillermo Rosales se sumó al entusiasmo inicial de la revolución cubana. Fue de los primeros en subir a la Sierra Maestra a alfabetizar, aún adolescente. Pero se desilusionó muy pronto, y esa desilusión brutal marca lo poco que ha sobrevivido de su obra. En una entrevista dijo que casi todos sus personajes son “cubanos afectados por el totalitarismo castrista, guiñapos humanos”.

El juego de la viola (1994)

El juego de la viola es una novela vertiginosa de 90 páginas, sin respiro, de frases cortas, secas. Hay saltos repentinos de narrador, de perspectivas, de puntos de vista, en el espacio y en el tiempo; hay intercalados sueños, deseos, fantasías, con la realidad de la novela, que no dan descanso al lector; sólo hay picos, nunca valles.

En otro orden, es violenta, dura, terrible. El protagonista, Agar, es un niño que se refugia en un mundo de fantasía, nutrido de las historietas de tebeos que lee, para huir de la realidad, hostil y sórdida, en la que vive. E incluso intenta moldear la propia realidad rebautizando sus lugares, personas y objetos como si fueran elementos de cómic, o haciendo interactuar fantasías con ella, o superponiéndole episodios inventados. Hay pasajes en los que ni siquiera resulta del todo seguro saber si algo ha sucedido de verdad o Agar sólo lo está imaginando. Esto también ocurre en Boarding Home, cuando a veces no se sabe si a William Figueras, su protagonista, le gritan por la calle (siempre insultos) o simplemente es que oye voces en su cabeza, como le sucedía al propio Guillermo Rosales.

El peso del pasado

Otro detalle que se repite hasta la obsesión en ambas novelas es el peso demoledor del pasado sobre los personajes, hasta el deseo de consumir sus presentes en el anhelo de querer volver atrás en el tiempo y vivir de otra manera. Incluso Agar desea cambiar su pasado, un niño que casi carece de él.

El ambiente

La acción de la novela transcurre durante las vacaciones de verano de Agar, cuya vida oscila entre la locura de su casa y el infierno de la calle junto a sus amigos, a los que llama los Chicos Malos, quienes a menudo se expresan como un solo ente, reflejo del carácter opresor del grupo. En su casa reinan la sordidez y la imbecilidad; en la calle la crueldad y la ley del más fuerte. No obstante, Agar busca la compañía de los Chicos Malos y diríase que entre ellos encuentra mayor complicidad, dignidad y comprensión que en casa.

Los personajes

No hay ningún personaje positivo en la novela. Todos están minados por la mezquindad, la cortedad, la alienación. Y todos están alimentados por el odio y el resentimiento. Tampoco tiene Agar ningún asidero, algo que prevalezca puro y bueno, excepto sus tebeos, que así parece, da la impresión, porque a nadie más interesan. Agar observa que los adultos utilizan siempre sus creencias o ideas para amenazarle, pero él no puede tomarse las amenazas en serio ni respetar dichas creencias porque ve que lo que para uno es sagrado otro lo emplea para limpiarse el culo y nada sucede. Cuando Agar cuenta a los Chicos Malos que su padre le hace jurar por Stalin, estos le replican: "Gallo, ¡qué ridículo es tu padre!".

El mundo de los adultos se retrata de manera mucho más feroz que el de los niños, quienes, a pesar de su ignorancia, son mucho más inteligentes y auténticos que ellos. Los adultos, en cambio, aparecen como un atajo de despojos, rastreros, hipócritas, cobardes y estúpidos.

Agar vive con su abuela meapilas; su madre, una mujer impotente y desquiciada que se pasa el día mirando fotos de cuando era niña; y su padre, un fantoche inmundo. Sin embargo, acaso sea el padre, Papá Lorenzo, el personaje más complejo, mejor perfilado de todos. De él, la abuela dice: "Extraño. Tu padre es extraño. Primero recogía votos, organizaba huelgas y andaba en reuniones que siempre terminaban a balazos. ¡A mí misma me convenció para que le diera el voto a la candidatura Popular! ¡Pero ahora resulta que es Rotario! ¡Es comunista y Rotario Internacional! Cuestión de táctica, dice. ¿Táctica? ¡No entiendo nada!". Sin embargo, Papá Lorenzo le hace jurar a Agar por Lenin y por Stalin, y cuando está solo pronuncia discursos en voz alta y garabatea el nombre de sus santos en el cielo con el dedo. Y es sobre todo a partir del capítulo A las trece un enano crece (un capítulo memorable), donde se empieza a atisbar toda la complejidad del personaje, y donde acaso se le pueda tomar un mínimo aprecio, o tenerle alguna lástima. Por lo mismo, mejor que termine él el asunto: "Soy un mierda. ¡Todos somos unos mierdas! ¡Tú! ¡Yo! ¡Y hasta ese chiquillo desesperante que has parido!".