Lo más importante y a la par difícil en todo proceso comunicativo es saber escuchar. A pesar del gran desarrollo tecnológico y aplicaciones existentes para aumentar la comunicación entre todos nosotros, mucha gente se siente más sola que nunca. El problema radica en que gran parte de los usuarios de las mismas no sabe escuchar a los demás, o dicho de otra forma, no sabe hacer que el otro se sienta escuchado.

Esta sensación se debe a que, en la mayoría de los casos, se suele estar más pendiente de las propias emisiones y de comunicar un mensaje carente de información para el receptor, que de aportar algo que sea realmente interesante para el lector u oyente. De tal forma, es común encontrarnos en las redes sociales con personas que llenan su espacio con frases que solamente aportan información personal de su día a día, poco relevante, sin ningún objetivo o fin específico que en realidad debería estar presente en su contenido. Así se pierde la esencia de la comunicación en sí, que es poner en común y compartir información con los demás, entendiendo por información, la transmisión de una idea.

El significado de “la escucha activa”

La escucha activa se refiere a la habilidad de escuchar no sólo lo que la persona está expresando directamente, sino también captar los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que se está diciendo. En definitiva, se trata de entender la comunicación desde el punto de vista de la persona que habla.

Elementos que facilitan la escucha activa

El factor más relevante es tener una correcta disposición psicológica, estando preparado interiormente para escuchar observando al otro. Se debe procurar identificar el contenido de lo que dice, los objetivos y los sentimientos que la persona desea comunicar en su expresión.

Para lograr captar con mayor claridad el trasfondo real del mensaje recibido, debemos hacer un esfuerzo por saber identificar con precisión las expresiones faciales de la persona que nos habla. Se pueden apreciar más de 3.000 expresiones en nuestra cara, ante las que reaccionamos de manera consciente o inconsciente. Pero para facilitar dicha tarea, basta con saber reconocer las siete expresiones faciales universales que descubrió el psicólogo Paul Ekman en sus estudios con la tribu de Papúa Nueva Guinea. Con algo de práctica frente al espejo, podremos determinar si el mensaje lleva implícito el enfado, miedo, asco, desprecio, sorpresa, algo de tristeza o alegría.

Mostrar empatía con la persona con la que estamos conversando es determinante para que ésta se sienta escuchada, dado que al ponernos en su lugar, estaremos entendiendo realmente sus motivos. Podemos generar un principio de empatía con expresiones como por ejemplo “ya veo, umm” y “ajá”.

Elementos a evitar en la escucha activa:

Lo primero de todo es procurar no distraerse. Hay que hacer un esfuerzo especial hacia la mitad del mensaje que se está escuchando. Estudios científicos han demostrado que durante el proceso de escucha, solemos mostrar dos picos de atención. Estos se producen al principio y al final del mensaje, con lo que el contenido de la mitad del mensaje recibe menor cantidad de nuestra atención, perdiendo así información al respecto.

Tampoco se debe interrumpir a la persona que habla y mucho menos juzgarla. Hay que tratar de evitar el ofrecer ayuda o soluciones prematuras así como rechazar lo que la otra persona esté sintiendo con verbalizaciones archiconocidas por todos como "no te preocupes, eso no es nada".

Otro de los errores más comunes es contar "tu historia" cuando el otro necesita hablarte o incluso contra-argumentar con el clásico “y yo también” cuando está manifestando su padecer.

No hay que olvidar que, como bien dijo Diógenes de Sínope, “Callando es como se prende a escuchar, escuchando es como se aprende a hablar y hablando se aprende a callar”.