La vida se compone de multitud de formas y organismos, por lo que, científicamente, surge la necesidad de clasificarlos u ordenarlos, como si del registro de una biblioteca de tratara. De esta ardua y difícil tarea se encarga la Taxonomía, que, en su sentido más general, es la ciencia de la clasificación.

Linneo: el padre de la Taxonomía

Numerosos han sido los científicos que a lo largo de la historia han propuesto distintas ordenaciones de los seres vivos. Uno de los primeros fue el médico y naturalista sueco Carl von Linné (castellanizado como Carlos Linneo). A mediados del siglo XVIII publica su libro más conocido, Systema Naturae (Sistema Natural), en el que clasifica a los seres vivos en dos reinos: Reino Animalia y Reino Vegetabilia (a los que habría que añadir el Reino Mineral (Regnum lapideum), para completar la clasificación del medio natural propuesta en su obra). A Linneo le debemos, además, el sistema de nomenclatura de especies que todavía se sigue utilizando, llamado nomenclatura binomial, ya que se basa en denominarlas con dos nombres: el nombre genérico y el epíteto específico.

Haeckel y Whittaker

Aproximadamente un siglo más tarde, el científico alemán Ernst Haeckel popularizó, gracias a su libro Generelle Morphologie der Organismen (Morfología General de los Organismos), una nueva organización de los organismos. Esta vez se trataba de 3 reinos: Reino Protista, Reino Plantae y Reino Animalia.

Pero sin duda la distribución biológica más conocida y usada es la propuesta por Robert Whittaker en 1969. El ecólogo estadounidense propuso una división de los seres vivos en cinco reinos: Monera (microorganismos unicelulares, procariotas), Protista (organismos sencillos, eucariotas), Fungi (hongos), Plantae (plantas) y Animalia (animales).

Nuevas teorías

No obstante, con el paso de los años, llegó el momento en que el anterior sistema de clasificación no podía explicar evidencias científicas y moleculares, principalmente en el Reino Monera. Es esta la razón por la que empezó a tomar fuerza una nueva categorización de los seres vivos, que es la más aceptada en la actualidad. Divide a los organismos en tres dominios: Dominio Bacteria, Dominio Archaea y Dominio Eukarya (el cual, a su vez, se divide en los reinos Protista, Fungi, Plantae y Animalia). Con este nuevo sistema, propuesto por Woese a principios de los 90, se hace una marcada distinción entre bacterias, arqueas (microorganismos unicelulares y procariotas, es decir, carecen de núcleo por encontrarse su material genético disperso en el citoplasma celular. Parecidos a bacterias, que por tener numerosas diferencias bioquímicas y evolutivas con las mismas, se encuadran en un dominio distinto) y eucariotas (organismos cuyas células poseen su material genético en un núcleo, con membrana nuclear).

Posteriormente, se han propuesto numerosos índices, como la que hace una distinción, dentro de los Protistas, entre protozoos y cromistas, para referirse a distintos grupos de algas, principalmente, ideada por Thomas Cavalier-Smith. En cualquier caso, se puede intuir que, a lo largo de todos estos listados, el grupo de los Protistas aparece, en la mayoría de ocasiones, como un cajón de sastre, en el cual se introducen aquellos organismos eucariotas que no pueden ser consideraros como hongos, plantas o animales.

Futuro de las clasificaciones

Para concluir, se puede hacer una reflexión. Y esta reflexión es que las clasificaciones biológicas no son estáticas, ni inmutables, sino que han ido modificándose con el tiempo en función de nuevos hallazgos científicos. Por tanto, cabe esperar que en el futuro sigan modificándose y siendo objeto de un intenso debate en la comunidad científica.