Un vasto espacio de terreno cubierto con miles de metros cúbicos de arena, procedentes de unas excavaciones en un yacimiento cercano, en los años treinta del siglo pasado, por el arqueólogo egipcio Selim Hassan, dio paso en 1998, a un auténtico tesoro de la antigüedad: La ciudad perdida de las pirámides.

La circunstancia del Guiza Plateau Mapping Project (Proyecto de Cartografía de la Meseta de Guizé), dirigido por Mark Lehner, permitió descubrir de entre las cambiantes arenas, los vestigios de una pequeña ciudad, donde vivieron los obreros de la corte real egipcia: los constructores de las pirámides.

Este acontecimiento ha permitido establecer determinados estudios, como el uso de varios programas informáticos especializados, que han demostrado que los hombres que trabajaron en la construcción de las pirámides, no fueron esclavos, sino personal cualificado en aquella época, para la labor de los singulares monumentos.

La circunstancia de poder afirmar este estatus de los trabajadores se debe a los restos de huesos humanos y de animales, estudiados por analistas de fauna y arqueo-botánica, que indican que los habitantes de aquellos lugares, comían bien, consumiendo carne, pan y cerveza.

En busca del pasado hogar de los constructores de las pirámides

Cuando se dispusieron a localizar y excavar las áreas donde los trabajadores habían vivido, se tuvo en cuenta toda la región de Gizé. Si los trabajadores tenían que ir por turnos a trabajar al lugar donde estaban las pirámides, lo tenían que hacer desde un lugar cercano y accesible.

Cuando se descubrió que las canteras que suministraban la mayoría de los bloques estaban al sur, era muy probable que los trabajadores también vivieran al sur, ya que por la parte norte de la llanura, habían unas largas calzadas que unían las pirámides con sus respectivos templos del valle cerca del Nilo, bloqueando el acceso a la zona desde el norte.

Los primeros indicios de que podía existir esta ciudad de trabajadores aparecieron en 1987, cuando Zahi Hawass, actual director del Consejo Superior de Antigüedades de Egipto, descubrió un pequeño cementerio, repleto de modestas tumbas. Tras unos análisis osteológicos de los esqueletos, Hawass dedujo que aquellos restos humanos eran de trabajadores manuales.

Unos enigmáticos graneros de la época faraónica

En 1998 el antes citado egiptólogo Mark Lehner, comenzó una serie de excavaciones al pie de una elevación, que estaba justo debajo de la necrópolis encontrada por Hawass. En aquel lugar apareció un raro edificio de grandes dimensiones, y en su interior salieron a la luz, grandes plataformas de tipo rectangular, hechas de bloques de adobe cubiertos de escayola amarillenta.

Lo más seguro es que sirvieran de base a algún tipo de contenedor que bien pudiera ser un granero. También a lo largo de los lados meridional y oriental de toda aquella estructura, discurría una especie de callejón separador.

Por otro lado, aparecieron restos de trozos de sellos de barro en los que se mencionaba un extraño nombre, que se intuyó como Wabet (el sitio de la purificación). Aquellos enigmáticos sellos habían sido grabados durante el reinado de Micerino, (Dinastía IV, en el Imperio Antiguo).

Micerino fue el faraón que construyó la tercera y más pequeña pirámide de Guizé, su nombre verdadero proviene del griego Mykerinos, del que habló Herodoto en su libro sobre Egipto.

Las panaderías del pueblo trabajador egipcio

Pocos meses después de estos descubrimientos, muy cerca del lugar aparecieron los restos de dos panaderías del Imperio Antiguo, edificadas contra una especie de muro de adobe.

Los restos dan muestra de cómo elaboraban el pan, siguiendo las pautas de unos dibujos en piedra en la tumba de Ty, en Saqqara, en donde se pueden ver a varios trabajadores como vierten la masa del pan en unos recipientes en forma de campana, y en torno a los cuales se enciende leña para cocer el pan.

El equipo de Lehner descubrió un emplazamiento preparado para el fuego, en una esquina de cada una de las dos panaderías encontradas. Esta circunstancia da un peso específico a la teoría de que existía una gran especialización en la construcción de las pirámides, y que el personal empleado no estaba compuesto por prisioneros de guerra ni esclavos, sino de egipcios libres empleados exclusivamente por la corte real del faraón, que estaban correctamente alimentados para las duras tareas que realizaban en el desarrollo de las técnicas de construcción de las pirámides.