En la no demasiado extensa obra, de solo siete largos, del director soviético, existen dos películas que acostumbran a ser etiquetadas por los analistas como de ciencia ficción. Se trata de Solaris (1972) y de Stalker (1979).

Pequeña acotación del género

Suele aducirse lo problemático de la definición del género. Pero la ciencia-ficción (science fiction) tanto literaria como cinematográfica, trataría de desarrollos ficcionales en los que la ciencia, y por extensión la Tecno-Ciencia (es decir el binomio Ciencia-Tecnología) está presente como fundamento básico de esos desarrollos. Puede haber en la obra personajes de psicología compleja, que manejen difíciles asuntos morales, pero ello ha de ser siempre con la ciencia como punto de referencia.

En la novela de James Blish Un caso de conciencia (1959) el protagonista principal, jesuita y biólogo, expone preocupaciones religiosas, pero lo son en relación a una avanzada raza extraterrestre en el planeta en el que se les hospeda a él y a otros humanos. Tal raza es tecnológica y espiritualmente compleja. En la novela de Blish, es por tanto un asunto “científico” la base del relato: unas biologías extraterrestres que proponen en su propio entorno un desafío intelectual, moral, a los humanos. Dios se encarnó y murió por el hombre, pero, ¿solo por el hombre del planeta Tierra?

Tras esta breve acotación del género, veamos hasta qué punto Solaris y Stalker son realmente ciencia-ficción, o dicho de otra manera, qué hay de Ciencia en estas dos películas de Andrei Tarkovsky.

"Solaris", película y novela

Solaris (1972) está basada en la novela del mismo nombre del escritor polaco Stanislaw Lem (1921-2006), muy apreciada por Tarkovsky. En Solaris y en el resto de la obra de Lem, estamos ante una ciencia ficción muy rigurosa y auténtica, en la que la tecnociencia no es solo, como suele suceder, un simple escenario (naves, estaciones, planetas), sino que se constituye en el núcleo duro de la narración, del que irradian todo tipo de derivaciones humanísticas. Sociales, culturales, filosóficas, morales, literarias.

En Solaris (tanto en el libro como en el film) se nos presenta un planeta así llamado, que se encuentra cubierto por un inmenso océano. Existe una colonia terrestre en una base científica suspendida sobre el planeta. Pronto se rebela que el planeta, o mejor dicho su océano, parece estar dotado de conciencia, se trataría de un increíble ser vivo, inclasificable y va a constituir un auténtico impacto para la cultura de la Tierra.

A lo largo del siglo transcurrido entre el descubrimiento del planeta y la llegada a la base del psicólogo Kelvin (que ha de decidir sobre la conveniencia o no de mantener abierta la base) se ha ido desarrollando una densa disciplina intelectual humana, o más bien un conjunto de disciplinas, que conforman la Solarística, con sus tesis y departamentos universitarios. La Solarística trata del estudio del planeta, y también de todas las manifestaciones culturales que dicho planeta consciente ha generado en nuestra civilización: poesía, literatura, filosofía, moral.

Ciencia y tecnología en "Solaris"

Solaris, la película, nos provee de un escenario típicamente “tecnocientifico”. Un planeta que es un ser vivo, una fisiología inaudita, que es además capaz, como vemos más tarde, de generar criaturas vivas tras escarbar en la conciencia de los terrestres, y basándose en dicha conciencia y sus contenidos (a Kelvin se le aparece su mujer, muerta por suicidio hace años). Dichas criaturas no son alucinaciones. Son seres materiales, y práctica (o totalmente) humanos, con toda su complejidad y capacidad de indagación, pero cuya unidad material básica son los neutrinos.

Pero Andrei Tarkovsky construye una película con fuertes connotaciones metafísicas y religiosas, y parece más preocupado por las relaciones entre Kelvin y Hari, su milagrosamente renacida esposa, así como las tensas discusiones con los otros dos habitantes de la colonia. Según una posible lectura de la obra del realizador soviético, la incomunicación, la distancia sideral entre los propios seres humanos, es lo que convierte en una quimera el asomarse al cosmos y pretender entablar contacto con inteligencias extrañas. El profundo enigma no resuelto de la persona humana y de la propia Tierra, hace absurdo intentar resolver enigmas extranjeros.

Soledad e incomunicación entre seres (humanos)

A Tarkovsky le interesan las interacciones y el diálogo entre los humanos, la angustiada relación entre Kelvin y Hari, el amor renacido, la culpabilidad, la renuncia, el compromiso y el cambio. Los vericuetos de las emociones humanas frente a estímulos extremos. Pero ha sido el planeta extraño (el impacto de esos "juegos" suyos con el corazón de los terrestres, la inconcebible fisiología y carácter del océano, el contraste de naturalezas y conciencias) el detonante de esta nueva indagación sobre la “condición humana”. Hay pues “Ciencia” en el Solaris de Tarkovsky, si bien en un segundo plano, frente a la psicología (en el sentido más humanista), la moral, las emociones, la trascendencia, la espiritualidad, la fe.

Si en Solaris hay algo de tecnociencia, lo que nos permite con alguna cautela considerar la película como de ciencia-ficción, en el caso de Stalker, podemos afirmar que la ciencia está más bien ausente, y en el mejor de los casos, es tan solo un débil punto de partida. En este artículo nos ocupamos de la otra obra del director soviético.