Al noroeste del estado de Chihuahua, a 350 kilómetros de la capital del estado más grande de México, el yacimiento arqueológico de Paquimé, cercano a la localidad de Casas Grandes, ofrece un legado artístico encarnado en su cerámica tradicional, que por su belleza como por la calidad de los detalles, se ha convertido en todo un reclamo turístico y artístico para la zona.

La cerámica como elemento distintivo de la cultura Casas Grandes

La cerámica de Paquimé ha sido uno de los rasgos que, junto con la impresionante arquitectura, han distinguido por su singularidad a la cultura de Casas Grandes como una de las más avanzadas de Oasisamérica y del México prehispánico. Precisamente han sido sus ollas de barro policromadas las que han desafiado el paso del tiempo y al perdurar hasta nuestros días han podido ser retomadas para seguir llevando el nombre de Paquimé más allá de sus fronteras.

La cerámica cobró especial relevancia en la etapa denominada como Período Medio por el doctor Charles Di Peso, del mismo modo que la arquitectura, los ornamentos y las tradiciones llegaron a su máximo nivel de expresión. Di Peso, que fue el principal investigador en el yacimiento arqueológico de Paquimé, estableció cuatro fases en la cronología de este asentamiento humano, el Periodo Viejo, Periodo Medio, Periodo Tardío y el Periodo Españoles. Aunque Di Peso estableció una secuencia temporal inicialmente, posteriores investigaciones han logrado situarla con mayor precisión, determinando que el Periodo Medio transcurrió entre el 1300 y el 1450 d.C.

Formas humanas y animales en las vasijas

La cerámica de Casas Grandes presenta delicadas formas simétricas, con decoración dentro y fuera de las vasijas de arcilla, cuyas formas son múltiples y variadas desde las ollas de boca estrecha y formas redondas, ollas dobles conectadas entre sí, incluso de representaciones de figuras humanas y de animales. También exista una gran variedad de vasijas de pequeño tamaño, con formas que van desde cajetes, ollas de doble cuerpo o incluso de extremidades humanas. Se utilizaron vasijas con forma de cruz, que eran utilizadas como recipientes para el alimento de las aves que criaban en la ciudad.

El descubrimiento, “El México Desconocido”

En el año 1904, el investigador noruego Carl Lumholtz publicó su obra “El México desconocido” que sacaba a la luz, entre otras culturas del noroeste de México, a la de Casas Grandes y la bella cerámica de Paquimé, que el autor plasmó de forma casi fotográfica con sus dibujos, en los que reflejó las formas, decoraciones y motivos decorativos con una técnica denominada por el propio Lumholtz como extensión. En estos precisos inventarios se recogió la descripción de las formas de estas vasijas, así como los motivos decorativos más repetidos en ellas, concluyendo que los más recurrentes eran la serpiente y las aves tropicales representadas como quetzales volando.

Aunque Lumholtz concluyó que esto indicaba que los pobladores de Paquimé pertenecieron a la cultura azteca y tenían como dios a Quetzalcóatl, esta influencia podría estar debida al intenso contacto comercial que esta civilización mantuvo con los pueblos del centro y sur del México prehispánico. Un análisis posterior de la cerámica Casas Grandes realizado por distintos investigadores de México y EEUU en varios estudios estableció que esta cultura perteneció como una extensión a la cultura Mogollón del suroeste de Estados Unidos, que mantuvo contactos con pueblos al norte y al sur. Los pueblos norteamericanos habrían aportado la greca escalonada, mientras que las representaciones del quetzal vendrían del territorio azteca en el sur.

Decoraciones geométricas

Una parte de las piezas de alfarería están decoradas con símbolos geométricos llenos de simetría, principalmente en rojo y negro sobre una base de blanco, crema, café o negro. Las principales formas geométricas empleadas eran espirales, grecas escalonadas, cuadros ajedrezados, círculos con un punto central y líneas en zigzag.

Las ollas efigie

Por lo que respecta a la representación de figuras humanas y de animales, algunas vasijas representan rostros humanos y cabezas de guacamayas. Las más espectaculares y detalladas son las ollas efigie, que reproducen seres humanos y animales, con cabezas y rostros finamente detallados. Estos rostros presentan el tradicional maquillaje facial de los indígenas del norte de México.

Las representaciones antropomórficas muestran el cuerpo desnudo, con los atributos sexuales bien definidos, lo que se interpreta como una parte del culto a la fertilidad de la tierra. Por otra parte, las de animales representan aves con el pico abierto, teniendo las cabezas como una extensión de la vasija, con el plumaje simbolizado mediante líneas geométricas rectas y onduladas.

El resurgimiento de la cerámica de Paquimé

La cerámica de Paquimé resurgió con fuerza en la vecina localidad de Juan Mata Ortiz, que irónicamente recibe su nombre de un soldado chihuahuense que combatió con las tribus apaches de la región en el siglo XIX.

La cerámica de Mata Ortiz, que reproduce los patrones de la cerámica de la cultura Casas Grandes, cobró un nuevo protagonismo en el arte contemporáneo gracias a los artesanos de esta localidad, que desde 1976 fueron descubiertos por un antropólogo, Spencer McCallum, lo que les reportó fama mundial.

Artesanos como Juan Quezada imitaron las cerámicas que se recuperaron del yacimiento arqueológico de Paquimé, tanto en sus materiales, métodos de elaboración como en sus motivos y decoraciones. Esta Nueva Cerámica de Paquimé se ha convertido en un importante atractivo turístico para los visitantes de las zonas arqueológicas del entorno, aunque se expone y vende tanto a nivel nacional como internacional.