La censura en el cine mexicano

La viuda negra - art-books.com
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Política, religión y sexo, la triada que incomoda al cine mexicano. La censura se ha convertido en el talón de Aquiles del cine nacional.

En la historia del cine mexicano, la censura se ha mostrado de una forma velada, discreta, un acto de simulación denominada “supervisión”, que comúnmente han sufrido todo tipo de filmes antes de llegar a una sala de exhibición.

Las autoridades gubernamentales encargadas de supervisar las obras cinematográficas nacionales, han carecido de criterios contundentes para determinar qué o cuáles producciones pueden ser exhibidas de manera pública, al grado de llegar a situaciones extremas como la mutilación de algunas películas, o también, lo que se conoce como “enlatar” las cintas, sin conocer las razones que los llevaron a tomar este tipo de decisiones.

Los primeros intentos de censura en México

En 1910 el gobierno de Francisco I. Madero –quien regalaba entradas de cine a obreros, campesinos y sus familias–, se duplicaron las salas de cine en sólo un año y surgieron los inspectores, cuya función era fomentar la “higiene del espíritu” del “bajo pueblo”, alejarlo del vicio y las “bajas pasiones”.

Entonces se exhibían vistas (cortos documentales) como parte de programas más amplios que incluían coristas, magos y payasos. Los funcionarios maderistas iniciaron clausuras, como la del Cine Pathé, “en atención a la inmoralidad que existía en las variedades”.

Con la promulgación de la Constitución de 1917, el Gobierno de Venustiano Carranza incluyó un tipo de régimen legal para la producción, distribución y exhibición, que sería el inicio formal de la industria cinematográfica en México. En octubre de 1919, se publicó el Reglamento de Censura Cinematográfica (RCC), a cargo de Adriana Elhers, una de las dos primeras becadas por el régimen de la revolución para estudiar cine en el extranjero (EUA). El Departamento de Censura dependió desde entonces de la Secretaría de Gobernación.

Y el cine empezó a hablar

Con el cine revolucionario, las primeras cintas resaltaban la figura heroica y los beneficios que la gesta había traído al país, hasta la irrupción del director de la trilogía de la revolución Fernando de Fuentes, sin olvidar el caso de Vámonos con Pancho Villa (1935), con un final mutilado en pleno sexenio cardenista, el personaje de Pancho Villa asesina a la mujer e hija de Tiburcio Maya, único sobreviviente de los Leones de San Pablo, para obligarlo a unirse nuevamente a su Ejército, siendo esta una secuencia muy violenta para la época.

Por su parte, el cine prostibulario, iniciado por Santa de Antonio Moreno, (1930), suscitó el caso de La mancha de sangre de Adolfo Best Maugard (1937), un trabajo adelantado a su tiempo, filmada en cabarets reales y con auténticas sexoservidoras.

La época de oro, el control en su máxima expresión

La época de oro del cine nacional comprende los años 40 y parte de los 50, se caracteriza por impartir discursos patrioteros, ecos del cardenismo, acompañado con la Segunda Guerra Mundial, una visión idílica de la revolución, la afirmación de la nacionalidad, el apogeo de las madres abnegadas que triunfan sobre todas las cosas, además de enaltecer a los pobres con las historias arrabaleras. Los apellidos de directores como: Bracho, Gavaldón, Rodríguez, Fernández y Galindo llenan las salas cinematográficas.

Se presume que por aquella época surge en México un Código de Producción Cinematográfica y un Anteproyecto de Ley de Espectáculos Públicos que, promovidos por grupos católicos, pudieron haber afectado a varias películas realizadas en el país durante este período. El primer documento estaba dirigido a los productores quienes, de haberlo seguido, habrían gozado de estímulos fiscales que delatarían una presunta complicidad censora con el Estado.

Censuradas por transgredir con imágenes militares

Aunque la mayoría de las veces se retrató a un México distorsionado, hubo producciones que fueron la excepción de la regla: Los Olvidados de Luis Buñuel (1950), además de realizar un segundo final más “suave” que el original debido a presiones hacia los productores por el tratamiento dado por el director aragonés, a la semana de su exhibición salió de cartelera.

Desde lo urbano hasta el campo mexicano, algunas cintas fueron censuradas por “transgredir” con imágenes militares Las abandonadas, de Emilio Fernández (1944); el sistema caciquil predominante El brazo fuerte de Giovanni Korporaal (1958); la crítica política El impostor de Emilio Fernández (1956); la desnudez Cada quien su vida de Julio Bracho, (1959); y una malentendida diplomacia Espaldas mojadas de Alejandro Galindo (1953).

Los sesenta, década de cambios, pero no en el cine mexicano

Sin embargo, será La sombra del caudillo de Julio Bracho (1960) la película maldita y estandarte de la censura cinematográfica nacional, un film basado en la novela de Martín Luis Guzmán que narra las sucesiones presidenciales de los periodos 1920-1924 y 1924-1928, que nunca tuvo una explicación oficial sobre su prohibición en aquellos años, sin duda “ofendía” la imagen para el sector militar.

La religión, tema espinoso para el cine mexicano

La religión es un tema muy difícil de plasmarlo en las cintas mexicanas, para el periodo del presidente Luis Echeverría (1970-1976), denominado “la apertura democrática”, éste no pudo cumplir su slogan cuando el debutante director Gabriel Retes a través del propio Estado realizó Nuevo Mundo (1976), no duró ni tres días en cartelera debido a su trama: la creación de la Virgen de Guadalupe a partir de un modelo indígena.

La mezcla entre sexo y religión también ha sido condenada por la censura, La Viuda Negra (1977) de Arturo Ripstein no se exhibió hasta seis años después debido a las escenas “escandalosas” entre los personajes de Isela Vega, un ama de llaves que sostiene relaciones sexuales con el párroco Mario Almada.

Otra cinta que nunca será exhibida en las salas mexicanas es Redondo (1984) de Raúl Busteros acerca de una rebelión de monjas poblanas en el siglo XVIII, divulgada por un escritor en tiempos actuales, contiene imágenes y secuencias irreverentes, con connotaciones sexuales hacia la imagen de Cristo.

Existe una larga lista de películas y casos curiosos, incomprensibles e indignantes que la censura ha dado de qué hablar en casi cien años de vida del cine mexicano, tema que se continuará explorando.

Perspectiva, Eduardo Sánchez Villagrán

Eduardo Sánchez Villagrán - Eduardo Sánchez Villagrán. Estudios en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de ...

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