Es bien conocido el apoyo que personas ciegas y sordas pueden recibir de perros adiestrados especialmente, sin embargo no todo mundo sabe de su intervención en el tratamiento de muy diversos padecimientos, lo que se conoce ya como caninoterapia.

La caninoterapia no cura pero ayuda

La caninoterapia forma parte de la llamada Terapia Asistida con Animales (TAA) que en la mayoría de los casos utiliza animales de compañia sobre todo perros, aunque también puede conseguirse apoyo igualmente útil de aquellos que no son compañeros habituales de los seres humanos, los delfines por ejemplo y cualquier otro animalito cuyo contacto procure, sobre todo, ganas de vivir.

Es importante advertir que la intervención de perros de terapia no cura las enfermedades en sí, pero influye significativamente sobre el estado de ánimo de los pacientes quienes a través de actividades de interacción, recomendadas por los entrenadores expertos (en colaboración con los médicos tratantes) optimizan la salud emocional, lo que a la larga redunda en el aumento de capacidades personales y consecuentemente mejoran la calidad de vida.

Entre las actividades de interacción probadas se encuentran desde una simple sesión de caricias-lengüetazos del perro, hasta un conjunto de ejercicios procurados, por ejemplo, por medio de un simple empujón del perro-terapeuta para que el paciente, a su vez, se esfuerce estirando y encogiendo algún músculo o lleve a cabo, en general, ejercicios diversos. Otra estrategia utilizada es la de dar capacitación al paciente para que sea él mismo quien entrene al perro, sobre todo cuando el enfermo es también el propietario del animal y, por lo tanto, tendrán la posibilidad de interactuar de manera cotidiana.

Candidatos idóneos para la caninoterapia

Entre quienes pueden verse más beneficiados con la caninoterapia se encuentran los niños con parálisis cerebral, autismo, síndrome de Down e hiperactividad; adolescentes y jóvenes que sufren adicciones; adultos mayores con alzheimer; personas de cualquier edad que sufran depresión. Incluso enfermos recluidos en centros psiquiátricos y reclusos en cárceles y centros de readaptación.

La caninoterapia como alivio emocional

Una persona enferma no puede pretender sentirse del todo bien si no logra un buen estado de ánimo; por lo tanto evitar las emociones negativas que se experimentan cuando se tiene un padecimiento (de cualquier tipo y severidad) es un requisito indispensable para mejorar.

De entre las estrategias recomendadas por los terapeutas está la de utilizar distracciones internas como rezar por ejemplo, o decirse a uno mismo “puedo aguantar”. También actividades externas como escuchar música, o pasear en un parque y, por supuesto, encargarse de cuidar a otros entre los que se cuentan las mascotas, de preferencia los perros.

Entrenar un perro, darle de comer, asearlo, conversar con él, amarlo, no solo brinda la sensación de ser responsable sino que realmente se está siendo responsable de otro y, si se es capaz de cuidar a otros, con eficacia, se estará también en posibilidad de hacerse cargo de uno mismo.

El hecho de que un paciente experimente que el perro de terapia lo reconoce, responde a su llamado, obedece sus órdenes, camina a su lado, se sienta junto a él, le muestra cariño y fidelidad, representa un recurso emocional inagotable para lograr el desarrollo de habilidades sociales y de comunicación (hablar con otros, escucharlos, tocarlos, mirarlos a los ojos) así también para relajarse física y emocionalmente, para controlar la ansiedad y, en síntesis, sentir que se logran objetivos y se alcanzan metas que parecían antes imposible.