En la actualidad parece ser que los valores fomentados por la televisión no son los que durante varios siglos se establecieron como verdaderos, sino que en su lugar, se fomentan actitudes que dan cuenta de traición, delación, envidia e injurias.

La programación

Gran parte de la programación que emiten las señales de aire, corresponden, en muchos casos a un formato en donde, un coordinador y panelistas dan su opinión con relación a otros programas, por lo que se repiten los mismos hechos, incidentes, en casi todas las señales.

Este tipo de formato, corresponde al rubro espectáculos, pero por lo general se ajustan a dar cuenta de los escándalos, los mismos incluyen traiciones, dimes y diretes con alto tono agresivo, cuanto más transgresores, mayor audiencia tienen.

Durante el mes de diciembre, dos canales colocaron formatos en donde jóvenes convivían en grupo. La convivencia estaba atravesada por vínculos en donde la violencia, el maltrato, la traición eran los mecanismos utilizados como juego para sobrevivir y llegar a ganar.

Las mediciones de audiencia en ambos programas eran altas, y aumentaban cuando mayor agresión, traición y engaño había entre los participantes.

Otros formatos

Durante el corriente mes, se ha iniciado una nueva puesta del ciclo "Soñando por un sueño", este último se centra en realizar obras benéficas a instituciones sin recursos, mostrando así un cariz solidario.

Más allá del baile, el programa posee como complemento una suerte de escándalos entre los jurados y bailarines, hombres y mujeres se agreden, insultan y descalifican, a fin de promover su popularidad.

En cierta forma, estas situaciones que van más allá de lo artístico, llegan a mostrar la pérdida de la dignidad humana propiciando la reproducción de conductas contrarias a las mínimas normas de convivencia.

Otra serie de formatos muestran la vida desde lo marginal, se debate la situación de los sectores en situación de calle y se entrevista a ladrones, prostitutas alcohólicos, carteristas. Si bien muestra una realidad, no aparecen acciones para revertirla, constituyéndose en apología de la droga, violencia y de la prostitución.

La tendencia

Parece que la tendencia de la audiencia argentina centra sus expectativas en observar la miseria de otros, y según las mediciones, la audiencia tiende a subir cuanto más escándalo y agresión presentan los participantes.

Con respecto a esto, debe marcarse que hay posturas que hacen referencia a la televisión como instrumento de la educación, desde esta posición, surge el interrogante acerca de: ¿En qué lugar se ubica la televisión para educar?, ¿qué valores promociona?, ¿es válida la promoción de dichos valores?

Otra postura marca que la televisión es un reflejo más o menos ajustado de la sociedad, por lo que se limita a reproducir lo que pasa en el afuera. Cuestión no menor, dado que podría inferirse que la sociedad se encuentra muy enferma y necesita urgentemente intervenciones válidas para posicionarse en otro lugar, revisando fundamentalmente cuestiones relativas a la convivencia pacífica.

Cuando se hace referencia a los valores, se marca desde distintas posturas, la honradez, solidaridad, bondad, justicia, caridad, valores que debería promover la televisión como medio masivo de comunicación, pero que de hecho no lo hace, sea porque los escándalos miden más o bien porque no logra descentrarse del entorno y por lo tanto lo reproduce.

Con relación a lo expuesto, puede inferirse que su reversión se hace difícil, debido a que no hay una real política educativa que apunte a promocionar una televisión rica en contenidos, a fin de que se puedan elegir otros formatos. Mientras tanto, una buena salida puede estar orientada a apagar el televisor y dedicar ese tiempo a la lectura u otras actividades que revaloricen la vida, el buen trato y la convivencia .