Después de que Francisco I. Madero dirigiera la revolución que terminó con la dictadura porfirista y de que fuera elegido presidente de México, a fines de 1911, su popularidad descendió de manera importante. Desde antes de asumir la presidencia comenzó a sufrir el abandono de sus principales correligionarios. El licenciamiento de la fuerza militar maderista y el olvido de sus promesas de campaña agravaron la situación pero, sin duda, el factor fundamental en la caída del presidente fue la campaña que emprendió en su contra el embajador de los Estados Unidos.

La debilidad del régimen maderista

Uno de los graves errores cometidos por Madero fue su alejamiento de quienes lo habían llevado al poder. Antes de comenzar su gobierno la popularidad y la credibilidad del presidente se hallaban en niveles muy bajos. Los hermanos Vásquez Gómez habían optado por separarse de Madero y el licenciamiento de la fuerza militar que lo había llevado al triunfo había creado ciertas dudas acerca de las verdaderas intenciones del presidente.

La fuerza del maderismo fue disminuyendo conforme se alejaban los principales líderes. Iniciado el periodo de gobierno se rebeló Emiliano Zapata como respuesta a la violenta represión que sufrían los campesinos de Morelos. Zapata se alzó con el Plan de Ayala, acusando a Madero de traidor y de "ultrajador de la fe, la causa, la justicia y las libertades del pueblo".

A principios de 1912 se levantó Pascual Orozco, resentido porque el núcleo maderista lo había relegado a un segundo plano. Orozco obtuvo algunos triunfos militares, en el norte, durante el año hasta que fue derrotado por Victoriano Huerta.

Por otro lado, antiguos porfiristas como los generales Félix Díaz y Bernardo Reyes buscaban, de manera individual, derrocar al gobierno. Ambos fueron derrotados y encarcelados en la ciudad de México.

Las presiones de los Estados Unidos

A estas rebeliones que minaban el maderismo hay que sumar la hostilidad del embajador norteamericano Henry Lane Wilson. Como lo afirman los historiadores Héctor Aguilar Camín y Lorenzo Meyer, en su obra A la sombra de la Revolución Mexicana, el embajador Wilson se había dedicado, sistemáticamente, a desprestigiar a Madero. Con frecuencia atacaba al gobierno por su incapacidad para restablecer la paz y se quejaba del peligro que enfrentaban los ciudadanos estadounidenses y sus propiedades.

Como resultado de esta campaña el gobierno de Washington envió una protesta al presidente de México, el 15 de septiembre de 1912, culpándolo de discriminar las empresas estadounidenses y reclamando por el cobro de un impuesto –veinte centavos por tonelada- a la extracción de petróleo.

Como el gobierno maderista no reconoció la validez de las reclamaciones, el presidente norteamericano, Taft, resolvió tomar medidas tendientes a desestabilizar al gobierno mexicano y recurrió, entre otras cosas, a la amenaza de intervención armada.

La Decena Trágica y el asesinato de Madero

Para enero de 1913 las facciones de Díaz y Reyes recobraron fuerza. El 9 de febrero estalló una rebelión en plena ciudad de México. Los levantados liberaron a Félix Díaz y a Bernardo Reyes, muriendo éste último en una de las zacapelas.

En los siguientes diez días -periodo conocido como la Decena Trágica- la población capitalina padeció un estado de guerra que probó la ineficacia del gobierno y llevó a su final al presidente. Mientras, el encargado de defender la plaza, Victoriano Huerta, se dedicó a negociar con Félix Díaz el cese de hostilidades y la manera de deshacerse de Madero.

Con la total participación de Wilson, El 17 de febrero, en la embajada norteamericana, concluyeron las negociaciones. Madero y Pino Suárez, el vicepresidente, fueron hechos prisioneros. Se dice que fue el propio Wilson quien propuso a Félix Díaz permitir el ascenso de Victoriano Huerta al poder.

Días después se consumaría la tragedia. Desde su aprehensión, Madero y Pino Suárez habían permanecido en Palacio Nacional, esperando salir hacia el puerto de Veracruz, pero en la noche del 22 de febrero, cuando eran trasladados a la penitenciaría, fueron asesinados en un ataque simulado.