Manifestándose contra explicaciones unicausales de la destrucción del Imperio Romano en Occidente, Chris Wickham analiza los problemas subyacentes al fin del mundo antiguo, en términos económicos.

El papel de los procesos económicos de cambio

Estos términos, al ajustarse a la problemática marxista de la transición del modo de producción esclavista al modo de producción feudal, permiten al autor centrarse en los procesos económicos de cambio. Según él, su discusión tiene poca relación con problemas como la historia cultural, que han preocupado a otros. Sin embargo, se vincula al Estado, parte de la estructura del Bajo Imperio.

Para Wickham la caída del Estado tiene un papel fundamental, ya que la comprensión de la historia del occidente romano tardío sólo podría obtenerse a través de una precisa descripción de la naturaleza de su estructura económica, es decir, de sus modos de producción, y un gran número de análisis marxistas estarían viciados por descripciones erróneas.

Los cambios económicos de la época tardorromana se han centrado en el pasaje del modo de producción esclavista al feudal, reemplazándose la esclavitud por la servidumbre, tal como lo planteara el historiador Marc Bloch. El problema de esta interpretación, como lo manifestara también Moses Finley, radica en que dicho pasaje no fue inmediato.

Las características del modo de producción antiguo

El modo de producción antiguo era no-explotador; el control se basaba en la ciudad, y los ciudadanos eran propietarios privados que no cooperaban en el control de la riqueza basada en la tierra pública de la ciudad.

Con la expansión de Roma el modo esclavista comenzó a desplazar al campesinado propietario libre, aunque el modo antiguo se había modificado con la conquista, transformándose en un modo explotador, basado en el tributo o impuesto a los propietarios. Así se desarrolló una red de tributación que el autor denomina “modo antiguo en su forma clásica”.

Las características del modo de producción feudal

Por otra parte, el mundo feudal no se basaría en la servidumbre y el poder coercitivo, establecido por el señorío, y ejercido por la autoridad política sobre el tenente. Las relaciones feudales estarían representadas ya por los tenentes que pagaban una renta o hacían prestación de trabajo a una clase terrateniente monopolista, sin relacionarse con un señorío, obligaciones militares o vasallaje, entre otras cosas.

La coexistencia de dos modos de producción

Para explicar el pasaje de un modo a otro, Wickham sostiene que es usual la coexistencia de más de un modo de producción en la misma formación social.

Estos modos se influencian mutuamente y uno llega a ser dominante, normalmente el que logra los vínculos más estrechos con el Estado. En la época tardorromana este fue el modo de producción feudal. Por ello el Estado feudal fue consecuencia del desarrollo social después de que dicho modo llegara a ser dominante.

Las transformaciones económicas en el Bajo Imperio

Para su análisis, el autor parte del Bajo Imperio, es decir, del período histórico que comienza en el siglo III. Existían aún muchos esclavos, pero transformados en tenentes, y el cultivo dependiente se organizaba según el modo de producción feudal, si bien éste no dominaba aún la sociedad, ya que en la producción de excedente no preponderaba la renta, sino el impuesto sobre la tierra.

A finales del siglo IV, con la proliferación de guerras, este impuesto aumentó hasta niveles inverosímiles: aunque la tributación era variable, fue siempre alta después del gobierno de Diocleciano. Existía un interés del Estado por atar a los campesinos a la tierra, ejerciendo un control incluso mayor que el de algunos señores.

El rol de la tributación en el Estado romano

El Estado era la base de la riqueza y del poder en el Bajo Imperio. Lo recaudado con los impuestos era derivado, en primer lugar, al ejército, pero también a la burocracia, al aprovisionamiento de las grandes ciudades del imperio, a las obras públicas e incluso a las reservas de grano para aliviar el hambre.

El modo de producción antiguo, aunque frágil en algunos aspectos, se mantenía aún en tiempos de Diocleciano. Su colapso se presentó entre los años 400 y 600. La relación con la propiedad privada de la tierra era su punto débil: el Estado proporcionó riquezas a quienes lo controlaban gracias a la tributación pero éstas se destinaban a la obtención de más tierras, lo que implicaba grandes impuestos para los ricos, que comenzaron a evadirlos.

Las invasiones bárbaras y el debilitamiento del Estado

Con las invasiones bárbaras, fue posible elegir entre el Estado romano y su patronazgo, cada vez más costoso con los gastos del ejército para enfrentar dichas invasiones, y los estados sucesores germánicos en formación, opción preferida dadas las circunstancias.

Así, el Estado se vio debilitado por la evasión de impuestos, y privado de recursos fundamentales para mantener su ejército. Las invasiones germánicas hicieron la diferencia con Oriente al momento del colapso del Estado: éstas lo derrotaron militarmente y provocaron una crisis de hegemonía ideológica.

Consideraciones finales

No nos hallamos ante un pasaje inmediato de un modo de producción a otro. La tributación siguió siendo fundamental para los primeros Estados germánicos, y ambos modos coexistieron entre los años 300 y 700, pero el modo dominante se trasladó del antiguo al feudal.

El cambio no lo constituyó sólo la preferencia de la renta ante el impuesto, muy visible en la pérdida de control del Estado sobre la aristocracia, cuando el status se separó de la propiedad de la tierra y ésta implicó un status independiente de la intervención real. Las guerras fueron un factor fundamental en el desafío contra el dominio del Estado, que era menos ventajoso para la aristocracia, por lo que su hegemonía ideológica fue cuestionada.

Ante estas circunstancias las relaciones feudales de la posesión de la tierra se hicieron dominantes, inclinándose también los campesinos hacia la opción elegida por la aristocracia. De este modo, con la ruptura de los mecanismos de tributación, nos encontramos ante el desmoronamiento del Estado romano.