Cuando los ejércitos de Alejandro Magno penetraron en el corazón del Oriente, se sorprendieron al ver en las proximidades del río Tigris un desolado paraje donde, apenas doscientos años antes, se erguía Nínive, capital del imperio asirio. Las viviendas y las murallas se habían convertido en puro polvo. Siglos después, los templos y los santuarios de Grecia y de Roma se derrumbaron bajo el empuje de las hordas bárbaras. Parece que a lo largo de la historia, el destino de todas las civilizaciones ha sido el ocaso.

La decadencia como único final

A principios de la década de los veinte, un catedrático de Hamburgo llamado Oswal Spengler, publicó un voluminoso libro que causó un gran impacto en la sociedad de su tiempo. el título del libro era “La decadencia de Occidente” y en él su autor intentaba ofrecer una explicación lógica a la muerte de las civilizaciones.

Según Spengler, las culturas son como organismos, seres vivos, del mismo modo que el cuerpo humano también lo es. Ya en las primeras páginas de su libro explica que “toda cultura recorre las edades del hombre individual. Todas pasan por su infancia, su edad madura y su muerte”. Sostenía, además, que la trayectoria hacia la decadencia es fatalmente necesaria en cada cultura.

Para Spengler, el eslabón que culmina las fases de la civilización y determina su ocaso se encuentra en una época de “cesarismo”. Como ya sucedió en Roma, se alcanza este momento cuando la sociedad, tras un período de despotismo y corrupción, pierde su armonía, su coherencia. Entonces el pueblo se convierte en una masa inanimada sobre la que los césares imponen su dominio.

Por su parte, el historiador Pierre Chaunu, realizó una tabla efectiva para medir objetivamente la decadencia mediante el número de hombres que pertenecen a un estado cultural. “Todo descenso de población es penalizado por una pérdida multiplicadora de ese capital de información llamado cultura”. Todos los imperios han caído víctimas del colapso demográfico y de la pérdida de memoria cultural.

En las teorías sobre los grandes ciclos de las civilizaciones parecen escasear de las visiones optimistas. Los hombres sea cual sea la época en que vivan, están sujetos a la ley irrevocable de los acontecimientos y nada pueden hacen para escapar al cause de su destino.

Evolución Social

Sin embargo, hay muchos autores que critican estas ideas, y no conciben a cada civilización como una sociedad aislada, encerrada en si misma. Para los detractores de esta concepción, el fenómeno del nacimiento y el ocaso se explica utilizando una idea mucho más amplia: la evolución social.

El concepto de evolución nació a raíz de los estudios sobre la Naturaleza efectuados por Charles Darwin. La idea de un mundo en progresión constante entusiasmó a muchos eruditos de su época, que incluso llegaron a ampliar la teoría.

A la vista de todas las teorías de los investigadores, aunque difieran tanto entre ellas, se puede afirmar que existen leyes capaces de determinar el curso de las civilizaciones. Sin embargo, no se debe olvidar que la finalidad de la historia consiste en el estudio del pasado para proyectarnos hacia el futuro. Resulta muy difícil predecir a ciencia cierta el destino de nuestro mundo, pero los acontecimientos históricos pueden servir de lección.

Cómo se crea una cultura

  • Primer paso: encontrar una escritura propia (jeroglíficos- egipcios; escritura cuneiforme- babilonia; jeroglíficos mayas; caracteres chinos; alfabeto hindú).
  • Segundo paso: construcción de ciudades.
  • Tercer paso: la cultura organiza la administración y el gobierno. Los funcionarios, son piezas claves para el desarrollo y armonía de la cultura.