Tierra acostumbrada a ver partir a sus hijos hacia el exilio, esta vez ha tocado a los cristianos salir de Ciudad Santa hacia un destino incierto y con rumbo desconocido. Los caminos arenosos y llenos de guijarros están atiborrados de seres de caminar cansino. Ancianos, mujeres y niños, todos huyen, agotados, famélicos. Sus caras reflejan el horror vivido en las últimas semanas.

La caída de Jerusalén ha causado una gran conmoción en la Europa católica romana donde decenas de miles de peregrinos, armados hasta los dientes, buscan la manera de poder embarcarse rumbo a Tierra Santa. ¡Hay que reconquistarla de nuevo, esa es la obligación de todo buen cristiano! arengan clérigos y frailes en sus homilías. El papa Urbano III muerto repentinamente al ser conocedor de tan amargas noticias ha dado paso a Gregorio VIII, el nuevo papa romano que ha lanzado una bula exhortando a todos los creyentes a combatir al infiel.

Solo quedan los puertos de Tiro, Trípoli y Antioquía

Quedan solamente esas tres fortalezas donde refugiarse pero tan alejadas entre sí que las hace totalmente inseguras. En Tiro, ciudad abarrotada, sólo aceptan a quienes puedan combatir sin importar su edad. En Trípoli, también atestada, les cierran las puertas, ya no cabe un alma más. Sólo en Antioquía, y de muy mala gana, les dejan entrar. Hay que reconquistar Acre y a ello se aprestan los monarcas europeos. ¡Guerra a muerte al infiel!

Francia, Inglaterra y Alemania inician los preparativos para reclutar a sus gentes y lanzarse a una nueva Cruzada, la tercera. Italia y Grecia parecen estar aletargadas. Constantinopla, la puerta de Europa, sumergida en un caos e Hispania, junto a Portugal, mantienen una lucha encarnizada para conseguir su Reconquista y expulsar a los mahometanos de sus tierras. Toda Europa está en llamas y muchos temen que sea el Armagedón profetizado.

Ernoul, mayordomo de la casa de Ibelin y cronista excepcional de los hechos narrados ha comunicado que la reina Sibila de Jerusalén ha abandonado la ciudad a su suerte y se ha refugiado en Nablús, antiguo feudo de Balián. Guy de Lusignan ha sido liberado por Saladino y se ha reunido con la reina y sus seguidores y, aunque prometió al Sultán no volver las armas contra él, ha reunido un pequeño ejército para lanzarse a la reconquista del puerto de Acre y, en él, esperar la llegada de Ricardo I, Corazón de León, Felipe II, el Augusto, de Francia, y Federico I Barbarroja, del Sacro Imperio Romano Germánico, que vendrán, escalonadamente, con poderosos ejército de hermanos en la fe.

Guerra continental contra los seguidores del profeta

El primero en ponerse en marcha es el anciano emperador germánico Federico Barbarroja el cual tomó la cruz en la Catedral de Mainz el 27 de marzo de 1188. Dado el numeroso contingente militar que iba tras él, no pudo realizar el viaje únicamente por mar por lo que se vio obligado a que más de 100.000 alemanes tuvieran que atravesar a pie el territorio de Asia Menor. A ese ejército se unieron más de 2.000 húngaros capitaneados por el príncipe Géza, hermano del rey Bela III de Hungría, que era la primera vez que participaban en la campaña contra el musulmán.

Todos ignoraban que Isaac II Ángelo, el emperador bizantino, había trabado una secreta alianza con Saladino a cambio de la seguridad de su imperio por lo que el avance de las tropas germano-húngaras se vio frenado en el cauce del rio Saleph donde Federico Barbarroja perdió la vida al caer accidentalmente de su caballo. Era el 10 de junio de 1190, un mes antes habían conquistado Konya y el avance continuaba hacia Acre sin pensar que un nuevo enemigo, más mortal si cabe, les acechaba: la peste bubónica.

En el mes de julio de ese mismo año, Ricardo Corazón de León partía desde Marsella hacia Tierra Santa después de haber derrotado a su padre Enrique II y heredado el reino de Inglaterra el año anterior. Felipe II Augusto, rey de los franceses, hizo otro tanto desembarcando en Mesina con sus tropas el 14 de septiembre.

Tancredo heredó Sicilia tras la muerte de su antecesor Guillermo II y después de encarcelar a Juana Plantagenet, hermana de Ricardo. Al llegar a Mesina, el rey inglés conquistó y saqueó la ciudad el 4 de octubre de 1190, Tancredo se rindió y pagó una importante compensación económica a cambio del cese de las hostilidades. Después de pasar allí el invierno, Ricardo y Felipe emprendieron de nuevo el rumbo hacia los Santos Lugares. Felipe zarpó el 30 de marzo, Ricardo el 10 de abril de 1991.