Hoy en día, afortunadamente y gracias a la difusión de la información a través de las nuevas tecnologías, existe mucha documentación a la que podemos recurrir. Esta realidad era muy diferente hace apenas una década, y en muchos aspectos la cabra era una gran desconocida. Pero aquí vamos a centrarnos en algunas cosas peculiares, sin pararnos en la raza, morfología o fisiología. Y tampoco nos detendremos en asuntos técnicos e instalaciones.

Una cuestión preliminar

Cuando vemos a un cabrero conducir un hato de cabras, a simple vista observamos cómo éste va capitaneando una determinada aglomeración de animales, más o menos cuantiosa y apiñada que se dirige a un lugar determinado. Lo hace con o sin perro, va delante de ellas o va detrás, pero todo responde a una lógica y a un gran conocimiento en el manejo de estos bóvidos.

El cuidado de un rebaño es tarea que sólo puede ser desestimada por la ignorancia de quienes, en estos tiempos, consideran a la profesión como algo “bajo y de analfabetos”. Requiere paciencia, conocimiento y un magisterio que no cualquier persona puede desempeñar con eficacia sin años de experiencia y sin cariño, independientemente de su nivel de estudios.

Las cabras “no comen con las patas”

Téngase en cuenta que la palabra cabra está emparentada con capra, caprino y “capricho”, es decir, son animales extremadamente caprichosos, entre otras cosas por su extraordinario paladar.

A menudo estarán dispuestas a recorrer deprisa grandes distancias porque su memoria selectiva recuerda perfectamente el camino donde hay una higuera, donde están las encinas que prematuramente dejan caer las primeras bellotas, los brotes de sus hierbas favoritas o las mejores jaras, dando preferencia a lo exquisito ante lo cuantitativo.

Semejante ansiedad tiene que ser frenada y prevista por el cabrero, de lo contrario andarán más de lo que comerán y dejarán atrás buenos pastos, a los que curiosamente se aferran a la vuelta, cuando ya es hora de regresar al redil y cuando se han saciado de sus preferencias.

Si el pastor permite que se le anticipen los ejemplares más avispados, la desbandada camino a los “manjares” será casi imparable. El mejor socio de un cabrero es un perro bien enseñado, que debe ser criado desde muy pequeño por el pastor. Presentirá los peligros y detectará con rapidez cualquier anomalía en el pastoreo, incluso antes que su amigo humano, a veces suelen ladrar riñéndole al pastor, ocasionalmente despistado o distraído, por demorarles una orden necesaria.

La cabra no es muy inteligente, pero es demasiado lista para sus conveniencias

Los caprinos no son obedientes, se debe a que su instinto de ser presa está muy desarrollado. No vendrán a las manos si no nos conocen bien o si presienten que no van a tener ninguna recompensa, pero si mantenemos una actitud relajada y no somos personas violentas comprobaremos, durante el manejo, cómo se nos acercan; nos huelen, muerden nuestros cordones, se nos refriegan, te quitan el sombrero y se lo llevan corriendo, y hasta nos entorpecen intencionadamente en las tareas. Son entrañablemente traviesas y juguetonas si están felices.

Hasta hace relativamente poco tiempo no contábamos con manuales sobre estos animales, y aún siguen siendo unos extraños en muchos aspectos. Sin embargo, ellas, en muy poco tiempo y sin la necesidad de manuales conocen a la perfección a sus dueños. Saben que se nos olvidará alguna vez cerrar la puerta que conduce al lugar donde guardamos el pienso o el forraje, saben el lugar más vulnerable del cercado por donde pueden escaparse, saben que tarde o temprano dejaremos la cancilla del huerto abierta. En definitiva, saben que no estaremos nunca tan despiertos como lo están ellas.

Intentar enseñar tonterías a una cabra por la vía recompensa-castigo, aparte de una crueldad supone una pérdida de tiempo. No aprenden nada por las malas. Por el contrario, si las dejamos ser lo que son, nos devuelven muchas satisfacciones y nos compensan con creces. Se trata simplemente de suprimir todo el estrés, prever y saber planificar la tarea. Estando cómodas son tranquilas y tienen muchas horas de sosiego.

Un consejo para un buen hato de cabras

No tener más animales de las que nos permite nuestro espacio disponible es fundamental. Necesitan sitio, higiene, confort y salir del redil diariamente a pasear, aunque estén bien alimentadas en estabulación. De lo contrario surgirán muchos problemas a los que llegaremos tarde a resolver.

Una curiosidad y una cuestión de crucial importancia

Mantienen los lazos familiares durante toda la vida. La madre duerme con su hija, junto a sus hermanas y al lado de la matriarca (los machos reproductores es asunto a tratar aparte).

Si en la especie humana la cara es el espejo del alma, en los caprinos este lugar se encuentra en la cola. Cuando acaricias a una cabra y esto le gusta, te moverá la cola inmediatamente. Si la hemos tenido que criar nosotros a biberón, este gesto nos lo repetirá durante toda su vida, nada más vernos o aproximarnos a ella, incluso cuando sea adulta sacrificará mucho del tiempo que podría estar con el rebaño por permanecer merodeando a nuestro lado sin perdernos de vista en ningún momento.

Cuando huye, empina la cola en señal de buena salud. Si, en estado normal, la cola se encuentra hacia arriba o ligeramente enroscada es porque está en buenas condiciones. Si vemos la cola caída, es un síntoma de tristeza asociado a algún problema, le está afectando el clima negativamente o está enferma y necesita cuidados especiales. En cualquier caso no debemos demorarnos a la hora de atenderla.