El hinduismo cierra su filosofía vital de las metas personales con el moksha o desasimiento y desprendimiento, en forma de concepto figurado. El moksha sería interpretado como la liberación final de todas las cosas, es decir, la libertad absoluta del ser humano y su desprendimiento de todas las ataduras que impiden encontrar el progreso espiritual pleno.

El moksa se convierte en hinduismo en la cuarta esfera del ser humano, una vez que ha aprendido, practicado y experimentado las otras tres: el dharma o virtud, el artha o riqueza personal y el kama o placer sexual. El moksha sería la realización plena del individuo por medio de la liberación de las ilusiones reales del ser humano y de la eliminación de las ataduras materiales y espirituales. El moksha cerraría el círculo humano con la ausencia total de temor, es decir, quien ha conseguido el moksha no tiene ningún temor, ni tan siquiera a la propia muerte.

La ancianidad del ser humano

Esta cuarta meta se desarrolla o tiende a desarrollarse en la última etapa de la vida, una vez que el individuo ha conseguido alcanzar las otras tres anteriores, que suelen llevarse a cabo a lo largo de la vida, desde la adolescencia hasta la edad adulta.

Una vez que la persona descubre la posibilidad de alcanzar la realización plena, se retira de su entorno, de sus obligaciones personales, familiares y profesionales, y se dedica a la búsqueda del moksha, que consiste en la liberación del temor humano, la eliminación del miedo a la muerte.

En la tradición hindú, el estudio y profundización en el moksha se desarrolla en torno a dos temas esenciales. Uno de ellos es el destino del hombre, el karma, y el segundo es la reencarnación. Es tradicional en la India que ciertos maestros y profesores enseñen y adoctrinen a sus alumnos sobre estos extremos.

El destino del hombre

El moksha no pretende otra cosa que liberar al hombre de las ataduras del karma, es decir, del destino humano, al tiempo que procura la unión significativa con el Brama, que es el dios creador del hinduismo.

El karma, según el idioma sánscrito, es el destino del hombre. Es decir, el karma supone la asunción de una serie de acciones que encadenadas las unas a las otras suponen una etapa de la vida del ser humano. En consecuencia, el karma es interpretado como una especie de ley cósmica de retribución en la persona, de tal forma que es la causante de la teoría del causa y efecto.

El karma es el conjunto de energías potenciales y espirituales que residen en cada persona y que son las causantes del futuro y, en último instancia, del destino de ese ser humano.

Un paso más para el budismo

En el budismo, la ley del karma va más allá, y además de incluir las acciones que tienen lugar en la vida, el karma también se refiere a la acción de causa-efecto mental, es decir, en los pensamientos, en las palabras o en el verbo, y también en la denominada acción propiamente dicha, en las obras de cada uno.

Según esta filosofía, las acciones e incluso los pensamientos en la vida actual y diaria acarrearán consecuencias en la vida futura y también en las reencarnaciones futuras de la persona.

Normalmente, se asocia el karma con la reencarnación, ya que es imposible alcanzar a experimentar todas los efectos y las acciones del ser humano en una única vida.

La transmigración del cuerpo

La reencarnación es, en consecuencia, la transmigración o el paso del individuo hacia la siguiente existencia física. El karma, por tanto, será el que determinará las condiciones bajo las cuales el individuo vuelve a la vida siguiente. Ese tránsito positivo o negativo dependerá de las acciones, las obras y los pensamientos desarrollados en su última o últimas vidas.

En conclusión, los actos realizados en la vida causarán un efecto en el destino futuro de las próximas vidas: si un hombre ha realizado obras y pensamientos negativos, su próximo destino será un mundo de castigo y sufrimiento; si su posición ha sido neutral, el mundo próximo será semejante al que vivió; y si fue bueno en vida, el futuro será aún mejor. El moksha supone el paso último de todos los posibles, en donde el ser humano se libera automáticamente de todas las ataduras del karma.