A la luz de la historia, la experiencia acredita que todas las personas son capaces de construir su autoestima a lo largo del ciclo vital. Por consiguiente, a pesar de las vicisitudes de la vida, es muy excepcional que alguien presente una autoestima sin desarrollo alguno.

Hablando en términos generales, cuanto más flexibles aprenden a ser los individuos, tanto mejor pueden resistir reveces, errores, fallas y todo aquello que, de otra forma, les haría tender hacia la desesperación y la falta de opciones para sobreponerse a situaciones críticas.

La autoestima como filosofía

La autoestima es una fuerza innata que impulsa al ser humano hacia su desarrollo físico y emocional, independientemente de su género, edad, raza, preferencia sexual, estado civil, nivel académico, ocupación y estatus social.

Aunque va más allá de la autovalía (dignidad, sentido de pertenencia y sueños), la autoestima no debe confundirse con la arrogancia, la jactancia y la sobrevaloración de las propias capacidades ni con el narcisismo, porque todos estos síntomas revelan una salud emocional dañada.

La vida en sociedad inscrita en una elevada competitividad obliga a readaptaciones frecuentes. En determinadas coyunturas caracterizadas por cambios inesperados o no previstos, el sentido del valor propio puede quebrantarse y conllevar a sentimientos de confusión, impotencia y frustración, propios de la autoestima baja.

Sentirse a merced de las contingencias suele minar la confianza en las propias capacidades y conllevar a creer que se tiene una vida sin rumbo y sin posibilidad de recobrar el control para sobreponerse a las adversidades, incluso en medio de situaciones desfavorables pero no caóticas.

Erosión de la autoestima

Desde recién nacidos la autoestima es estimulada o contenida con las aprobaciones o desaprobaciones de padres, educadoras y personas cercanas. De ese modo los bebés empiezan a sentirse valiosos o inadecuados. El daño emocional conlleva a barreras internas capaces de afectar negativamente el desempeño escolar, laboral y en todas las relaciones sentimentales y sociales.

A medida que los niños crecen, pueden tener un rol más protagónico en el desarrollo de su autoestima si son capaces de no claudicar ante las desaprobaciones, descalificaciones o críticas. Desafortunadamente sobreponerse emocionalmente a los cuestionamientos de personas cercanas y con autoridad nunca ha sido tarea fácil a ninguna edad. Afectar la seguridad emocional de hijos, alumnos y empleados, entre otros, repercute negativamente en su autoestima.

Ese deterioro de la autoestima puede deberse a pobres estímulos en casa; a gritos, golpes y otros tipos de violencia intrafamiliar. En el mismo sentido las amonestaciones bruscas de maestros delante del grupo, también pueden lesionar la autoestima y propiciar depresión y bajo aprovechamiento escolar. Educar sin dañar es lo pertinente.

El fracaso en determinadas materias además de minar la seguridad emocional, también ocasiona que los alumnos de todos los niveles escolares se sientan molestos por su mal desempeño y el estrés inherente los arrastre a mayores complicaciones que pueden agravarse si no se cuenta con apoyo y comprensión de familiares, tutores o psicoterapeutas.

Cuando los menores de edad, los no tan niños y los adultos pocas veces se sienten bien consigo mismos, no valoran sus logros y tienden a criticarse duramente ante todo tipo de desaciertos, puede presumirse casos de baja autoestima.

Magnitudes de la autoestima

Asumiendo a la autoestima como un concepto gradual puede afirmarse que los seres humanos suelen transitar por alguna de las siguientes clasificaciones:

Con la autoestima alta, los individuos casi siempre se sienten: seguros, optimistas, aptos y decididos para desempeñarse con acierto en todas las interrelaciones y actividades personales, familiares, escolares, laborales, de pareja y sociales en general.

En contraste, la baja autoestima propicia que en términos predominantes la persona se sienta insegura, poco valiosa, fuera de lugar y con una acusada tendencia a los desaciertos. Esta situación la obliga a invertir más energía para obtener un determinado logro por el peso de los niveles de estrés asociados.

En ese orden de ideas, con la expresión autoestima término medio se busca sustentar que por efecto del deterioro o de mejoras en la autoestima es posible oscilar entre los niveles bajo y alto. Asumiendo esa lectura, mientras la autoestima alta se puede venir abajo por daños emocionales severos, una persona con la autoestima baja puede revertirla si consigue los apoyos de sus seres queridos o de la psicoterapia, en su caso.

Autoestima como motivación

En pocas palabras, para hacer realidad los sueños personales, es preciso afrontar diversos desafíos ante los cuales la autoestima es determinante pues sentirse valioso, confiado, apto para la vida y acertado como persona, tiene un efecto muy estimulante para emprender todo tipo de proyectos.

Habida cuenta de que ninguna derrota es para siempre ni para tanto, aprender a ganar y a perder es clave en el desarrollo de la inteligencia emocional, necesaria para mantenerse en pie de lucha a pesar de las pérdidas, duelos y fracasos. ¡Ánimo!