Se hablaba de las relaciones humanas, se tocó el tema de la Segunda Guerra Mundial a partir de testimonios de sobrevivientes tomados de la página web del Museo del Holocausto en la ciudad de Washington, D.C. en Estados Unidos. Los jóvenes se mostraron interesados y se les pidió redactar una carta a algún personaje que hubiera vivido esa experiencia y, fue entonces que se escuchó algo muy fuera de lugar, pues un estudiante de 15 años de edad dijo: “eso les pasó a los judíos por revoltosos, se lo merecían”. Ante la aparente falta de insensibilidad se le cuestionó sobre su punto de vista y se sintió ofendido, por lo que se le respetó, pese a que no se compartía su perspectiva.

Ante esta falta de sensibilidad... ¿a qué se enfrentan en la actualidad los docentes?

Sería muy fácil echarle la culpa a un solo elemento porque eso no implicaría un esfuerzo por tratar de comprender la realidad, no nada más del estudiante que externó este punto de vista, sino de la juventud en general.

Si bien siempre han estado expuestos, lo cierto es que en los últimos doce años los jóvenes de entre 15 y 18 años (estudiantes de preparatoria), están inmersos en un mundo que ya no camina, sino que más bien corre y rápido… ¿por qué? La respuesta es puntual: tienen acceso instantáneo a casi cualquier tipo de información en Internet por medio de las redes 3G, 4G LTE y WiFi en dispositivos electrónicos como computadoras de escritorio, laptops, netbooks, smartphones y tabletas, la programación que se transmite (al menos en México) en los canales de TV abierta carece de calidad y en los de paga no hay filtros inteligentes de fácil manejo para limitar lo que los televidentes menores de edad deben y no deben ver, casi todos los estereotipos (personas o modas a seguir) se basan en algo negativo, la informática lo resuelve casi todo, etc. En pocas palabras, ya no hay un motivante para que el joven dedique tiempo y esfuerzo para conocer y familiarizarse con el mundo que lo rodea y, por consecuencia, ya no se hable de sensibilidad y empatía.

El Sistema

El caso de México es muy complejo pues, tanto la educación pública como la privada, están subordinadas a los estatutos de instituciones de gobierno (SEP, UNAM, IPN), mismos que en los últimos seis años han demostrado que su intensión, en algunos casos, es cobijar la mediocridad y no la disciplina, aunque no debe generalizarse, pues está en la institución educativa la decisión final de inculcar los valores necesarios para que los estudiantes, futuros adultos, sean personas de principios y convicciones bien claros, sin embargo, desafortunadamente estas son las menos, ya que algunas viven bajo el cobijo que da el sistema, lo que es más notorio en varias escuelas privadas, pues estas dependen de la matrícula (alumnos inscritos) para seguir funcionando. Obviamente, cuando acceden a la educación superior, nivel académico que exige más autonomía, muchos alumnos no llegan preparados con los hábitos y conocimientos que deberían de traer, lo que deriva en bajo rendimiento académico y deserciones.

¿Hay solución?

La solución a esta situación es tan compleja como el problema. Un factor se dio con la RIEB y la RIEMS de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en 2006 con la modificación del modelo educativo, es decir, se pasó del trabajo por unidades temáticas a las labores por competencias, materias como Ética, Historia y Filosofía perdieron carga horaria, aumentando la de materias que tienen que ver con ciencias exactas como Matemáticas, Física y Química. El resultado de esto fue desastroso, la disciplina se relajó bastante y los estudiantes pasaban de un grado al otro con bases axiológicas endebles, lo que afectó su rendimiento académico y hábitos de trabajo.

Otro factor es el de los docentes, pues se modificaron los planes de estudio pero no se dio tiempo a la adecuada capacitación de los profesores, por lo que se llegó a trabajar con los nuevos planes pero con las viejas estrategias, dejando a criterio del docente el actualizarse pedagógicamente, lo que desgraciadamente muchos, a la fecha, no han hecho y no hay mecanismos legales que deriven en consecuencias para los que no lo hagan y estén dando un servicio de mala calidad.

Dos últimos factores, a saber, la familia y la economía. Los jóvenes viven con sus padres pero, a diferencia de las generaciones de unos veinticinco años hacia atrás, en la actualidad ya no está alguno de ellos (y a veces ninguno de los dos), generalmente la madre, para acompañarlos en sus labores académicas en casa, ya que el nudo económico por el que viene atravesando México ha provocado la necesidad de que ambos padres tengan que trabajar para contribuir el sustento familiar, el cual muchas veces no es bien cubierto debido a los sueldos tan precarios que permiten las leyes que se paguen a gran parte de la población económicamente activa (PEA), lo que puede llegar a manifestarse en trastornos de la alimentación, percances psicológicos, fatiga, déficit de atención, entre otros.

Por lo tanto, si se quiere mejorar la sensibilidad de los estudiantes de preparatoria para con el mundo, es necesario, primero, reconocer que todos somos parte del problema y, segundo, que también todos somos parte de la solución, por lo que tenemos que poner de nuestra parte y ceder si es necesario, para que esta gran máquina llamada “educación” funcione como debe de hacerlo y no como a la mayoría se le haga más fácil y cómodo. Solo así, un día, tendremos un mundo diferente.