La anguila es uno de esos peces recubiertos de un halo de misterio. Tal vez sea debido a su atípica forma, más próxima a una serpiente o culebra, o tal vez por su carácter nocturno, lo cierto es que con este pez tan singular encontramos leyendas y aventuras maravillosas a las que no dudaron en embarcarse científicos para lograr desenmarañar su misterio.

Cualquier persona, pescador o no, que se adentre en el mundo que rodea a este fascinante pez, no puede pasar por alto el aspecto de su reproducción.

Comienza la leyenda

Aristóteles tenía claro dos aspectos muy importantes que tenían que ver con la freza y cría de la anguila. El primero era el descenso a través de los ríos, en migraciones anuales hacia el mar y el segundo, era que no tenían órganos sexuales reproductores. También se aceptaba en aquella época, que la angula era la cría de la anguila.

Desde los tiempos del filósofo hasta finales del siglo XIX, la mayoría de las opiniones respecto a este pez pasaban por suposiciones casi de brujería.

Así Isaac Walton, en su libro “El perfecto pescador de caña” desarrolló una teoría propia según la cual “las anguilas se criaban como algunos gusanos y algunas clases de abejas y avispas, ya de rocío, ya de la corrupción de la tierra”.

Posiblemente el origen de tales creencias se debiera a la observación de lombrices parásitas en los intestinos de los demás peces o de otros animales, pensando la gente, que se trataba de anguilas jóvenes.

Y por fin, se descubre la verdad

Primero fue en el mar Mediterráneo y más tarde en el océano Atlántico, se observan unas formas de vida transparentes y laminares que fueron denominados leptocéfalos, aunque nadie los relacionó con las anguilas.

La pista que puso sobre el buen camino a los investigadores ocurrió cuando se observó en un acuario como un leptocéfalo se convertía en una anguila adulta. A raíz de este descubrimiento dos ictiólogos italianos Calandruccio y Grassi, pudieron probar al final del siglo XIX, que los leptocéfalos eran la forma larval de las anguilas.

No obstante, la pregunta acerca de la procedencia de estas pequeñas larvas aún no estaba contestada. En el año 1904, precisamente para acabar de aclarar este misterio, el biólogo de nacionalidad danesa Johannes Schmidt, empezó la odisea de seguir el rastro a estos diminutos alevines a bordo del barco Dana. Encontró leptocéfalos en lugares como las Islas Feroe o la costa de Irlanda y llegó a encontrarse con estos seres desde Cabo Verde a Portugal.

Finalmente, y después de 11 años de investigaciones, el Doctor Schmidt, fue demostrando que los leptocéfalos viajaban en dirección este hacia las costas de Europa y constató que las capturas de estos peces menguaban en tamaño a medida que se dirigen hacia el oeste y al sur.

Una odisea de grandes proporciones

Estableció, en 1922, el punto de meta de ese viaje tan fascinante, en el mar de los Sargazos. Y parece ser que en este punto, de aguas muy profundas, las anguilas adultas frezan dejando sus huevos allí depositados para, posteriormente morir finalizando así su gran odisea.

Existen datos todavía inexactos o poco conocidos acerca de este periplo por el mar y su posterior regreso al punto de origen en cualquier río de agua dulce.

Se demostró que, cuando eclosionan los huevos, estos diminutos seres miden en torno a un milímetro y suben hasta capas más superficiales para dejarse llevar por la acción de la deriva, siempre hacia el nordeste hasta las costas donde desembocan los ríos que habrán de convertirse en sus nuevos hogares.

El viaje peligra

Aunque tenaz como pocos peces, si exceptuamos los salmónidos, en su empeño por remontar los ríos, lo cierto es que, en la actualidad, cada vez se encuentra este pez con obstáculos más difíciles de sortear.

Aunque es capaz de remontar pequeños azudes o presas de pequeñas dimensiones, e incluso hacer parte del camino por tierra firme, la construcción de embalses con sus grandes presas, así como la desaparición de ríos en sus tramos finales debido a la sequía, la polución y calentamiento de las masas oceánicas están haciendo que este pez, se haya visto relegado a captura ocasional en jornadas destinadas a otros peces.

Un rayo de luz

Ante la preocupante escasez de anguilas, las autoridades de este país se esfuerzan por recuperar la especie, a través de sueltas controladas de ejemplares jóvenes procedentes de las piscifactorías encargadas del engorde de las anguilas para abastecer a los mercados.

Muchas de estas sueltas, se producen aguas arriba de los grandes embalses, salvando así las anguilas los muros de las presas, incapaces de hacerlo por sí mismas. Sin embargo, con esta acción solo se asegura la primera parte del viaje porque; ¿Alguien ha pensado como volverán al lugar de nacimiento para procrear?