Por más que algunos quisieran prolongar indefinidamente la lucha electoral de 2012 en México, ésta ha terminado. Las impugnaciones seguirán su curso legal, pero en este momento, tanto en el país como en el extranjero, la gente bien informada sabe que el próximo presidente será el priísta Enrique Peña Nieto, quien en las elecciones del pasado uno de julio se impuso con amplio margen a su principal oponente de izquierda Andrés Manuel López Obrador. De hecho, Peña se prepara ya para asumir el Gobierno de la República el día uno de diciembre del año en curso.

Las reformas estructurales no pueden postergarse más

Hay muchas tareas urgentes en el país, pero lo esencial es llevar a cabo las reformas estructurales que se requieren y que se han venido postergando desde hace años, entre ellas la hacendaria, la laboral, la energética y el sistema de seguridad social, que está a punto de quebrar. Para sacar adelante éstas y otras reformas, el PRI tendrá que echar mano de sus mejores operadores políticos, ya que aún siendo la primera fuerza en las Cámaras de Diputados y de Senadores, no tendrá un dominio absoluto. Forzosamente tendrá que conciliar intereses.

Recuperar la seguridad pública y la paz social

Otra tarea urgente de Peña será la recuperación de la seguridad pública y la paz social, que se rompió sobre todo durante el último sexenio encabezado por el panista Felipe Calderón, pero que durante 70 años fue una preocupación constante de los gobiernos priístas. Cierto es que en ocasiones, como en 1968 y en los años 70, los gobiernos recurrieron a acciones drásticas para mantener la paz pública, pero el desarrollo político alcanzado por la sociedad mexicana hace ya imposible el retorno del autoritarismo.

El presidente electo ha reiterado que no habrá pacto ni tregua contra el crimen organizado, pero también ha insistido en que mejorará la estrategia para combatirlo con recursos de inteligencia y no sólo con la fuerza. Esto permitirá reducir los daños colaterales, traducidos en los últimos años en la muerte de miles de inocentes.

El compromiso de Peña es disminuir al menos en 50 por ciento la tasa de homicidios y de secuestros en el país, reduciendo las extorsiones y la trata de personas.

El crecimiento económico, tarea fundamental

Más de 50 millones de pobres, dos millones de desempleados, un sector de comercio informal cada vez más fuerte y la urgencia de una reforma fiscal justa y equitativa, son asuntos pendientes en materia económica.

El país necesita generar más y mejores empleos. Sabido es que el crecimiento económico no siempre es determinado por políticas nacionales o locales, sino por circunstancias internacionales, pero el Gobierno puede hacer mucho más para incentivar la inversión y detonar el potencial turístico y energético, empezando por hacer efectiva la simplificación administrativa. El burocratismo, generador de corrupción, tendrá que ser combatido a fondo.

Ligada a la generación de empleos bien remunerados destaca la educación. Es fuerte el reclamo para que ésta ya no sea manejada por líderes sindicales, sino por un ejercicio responsable de gobierno. Retomar el mando directo de la educación, a través de la dependencia oficial correspondiente, es un reto político para el nuevo régimen.

Transparencia en la administración pública

También se considera imperativo un ejercicio transparente y eficaz del gasto público, evitando el despilfarro de recursos, que especialmente en el año en curso se realizó en propaganda inútil y hasta lesiva para la democracia.

El modelo representativo también es cuestionado

Un desafío más para el nuevo gobierno es corregir el modelo representativo, porque en aras del ahorro y de un sano desarrollo democrático ha llegado el tiempo de desaparecer los escaños plurinominales en el Congreso de la Unión y también en los Estados. Peña se ha propuesto la eliminación de una parte de esos escaños, pero hay una fuerte corriente a favor de la eliminación total de los mismos, por inútiles y onerosos.

En conclusión, además de garantizar la gobernabilidad amenazada por grupos que se manifestan en su contra, el presidente electo Enrique Peña Nieto afronta grandes desafíos, como son hacer realidad las reformas estructurales, recuperar la seguridad pública, aumentar la inversión y el empleo, transparentar la administración e impulsar un nuevo modelo representativo que responda a las necesidades impuestas por el desarrollo político, económico y social del país. Tareas nada fáciles.