El dicho dice que cada familia es un mundo, lo que no dice es que cada “mundo” está regulado por el Código Civil.

De alguna manera, el ser humano ha pasado de moverse en tribus a moverse en minivans. Muchos cambios han tenido lugar entre aquella prematura familia y la que reproducimos actualmente. En estos tiempos los valores incuestionables quedaron en el pasado, afirmando la crisis en la sociedad actual.

En estos momentos de crisis simbólica hay dos grandes fuerzas en una lucha constante, una que se aferra al pasado, y otra que impulsa cambios inspirándose en el futuro. Uruguay hace una apuesta a un futuro distinto modificando la ley de adopción de alcance nacional que habilita a gays y lesbianas a adoptar un niño.

Ley de Adopción

La senadora oficialista, Margarita Percovich, dejó en claro que las parejas homosexuales ya podían adoptar desde 2004. El cambio que se produjo con esta ley es que se igualan los derechos de los niños adoptados por parejas en unión civil y matrimonios.

La modificación de la Ley de Adopción tuvo el objetivo de unificar el sistema de adopción, acelerar el proceso y prevenir el tráfico de menores. Según esta senadora, las instituciones católicas eran las encargadas de seleccionar las familias adoptantes, y seleccionaban familias de tal religión. Esta ley permite que adopten otro tipo de personas, haciendo de Uruguay el primer país de América Latina en legalizar la adopción gay.

Elemento clave

Lo revolucionario está en la cuestión de que la orientación sexual del padre/madre no es un factor que influya ni como impedimento ni como facilitador en el proceso. La ley hace énfasis en los derechos de los niños a tener una familia, sin hacer alusión a la sexualidad de los adoptantes.

Con esta ley se equiparan los derechos de los niños sin importar qué tipo de familia tengan, lo que resulta en que los padres o madres homosexuales tengan exactamente los mismos derechos que los matrimonios heterosexuales.

En términos legales, quienes soliciten adopción deben tener cuatro años de unión civil o concubinato, ser mayores de 25 años y tener una diferencia de por lo menos 15 años con el menor adoptado.

A favor y en contra

Fue en el año 2002 cuando la Academia de Pediatría de Estados Unidos se pronunció a favor de la adopción por parte de parejas del mismo sexo. La organización arribó a esa conclusión tras la revisión de veinte años de estudios del tema, indicando que no hay diferencias entre niños educados por parejas homosexuales y niños criados por parejas heterosexuales.

En este caso particular, la principal crítica provino de la Iglesia uruguaya, que expresó su repudio ante el dictamen alegando que es clave que los niños cuenten con figuras diferenciadas de madre y padre para que desarrollen su personalidad correctamente.

El Arzobispo de Montevideo Moseñor Nicolás Cotugno declaró en un comunicado que "no es un tema de religión, filosofía o sociología. Es algo que se refiere esencialmente al respeto de la naturaleza humana".

Familia y naturalidad

En casos donde las creencias religiosas se interponen ante cuestiones científicas usualmente se generan dos posturas. Una, diferenciada por su constante utopía de conciliación y de la vida en sociedad, y otra, inmutablemente escéptica que niega toda posibilidad de acuerdo con un dogma.

Indistintamente de las posiciones personales de cada uno, sería demasiado inocente creer que la familia es únicamente una cuestión natural y no cultural, así como las figuras que conocemos por madre y padre.

Dada la crisis de la familia como institución social a nivel mundial, muchos consideran una visión más amplia del concepto. No se trata sólo de uniones biológicas, sino de vínculos afectivos y de la posibilidad de crearlos sin que la sangre sea un determinante. Pueden darse los primeros sin los segundos y viceversa, es sabido que no siempre van de la mano.

El problema se podrá solucionar en tanto redefinemos el concepto de famliia. ¿Sugerencias?