El valor como personas y profesionales viene determinado por la siguiente fórmula: (Conocimiento + Habilidad) x Actitud. La actitud es el factor que diferencia a dos personas. Los conocimientos y las habilidades son importantes para algunas tareas, pero casi nunca suficientes. Además los conocimientos, si no se tienen, se pueden adquirir, todo el mundo es capaz de aprender. Las habilidades vienen de la experiencia. Con el tiempo todos adquieren habilidades, unos más y otros menos. Sin embargo las actitudes son la gran diferencia y cuesta más su desarrollo.

El comienzo de las actitudes

Si la actitud es tan importante, sería bueno preguntarse: ¿Se nace con una actitud determinada? ¿ O se va desarrollando a lo largo de los años?

Eteven Pinker, un prestigioso neurocientífico del MIT sostiene en su libro “The Blank State” “Que al nacer arrastramos una carga genética que condicionará de forma muy importante el comportamiento, las capacidades, y motivaciones”.

Los expertos dicen que en ningún caso este condicionamiento supone el 100%. Como máximo, esta variable genética puede explicar el 30% del comportamiento. El resto depende del esfuerzo de cada persona.

El Dr Rojas Marcos agrega lo siguiente: “Los factores genéticos no controlan más del 30% de lo que somos y nuestra verdadera herencia es la propia capacidad para hacer de nosotros mismos, no los esclavos de un destino labrado en nuestro ADN, sino sus forjadores”.

No se parte en la vida como un disco duro vacío. Cuando se nace ya se viene con algunas habilidades, “archivos grabados”. Pero queda mucho camino por recorrer, muchas hojas por escribir en el libro de la vida, y corresponderá a cada persona aflojar las ataduras genéticas.

La importancia del comportamiento

Una buena conducción de las actitudes dependerá del comportamiento, y éste viene determinado por tres factores:

  • Las cualidades genéticas.
  • Los hábitos adquiridos.
  • Principios y valores.
Las cualidades genéticas configuran el temperamento, que no se puede cambiar, pero si gestionar y moldear al punto de poder controlarlo. Los hábitos configuran el carácter, el cual por medio de mucho trabajo y esfuerzo puede lograr cambios. Al sumarle al carácter los principios y valores se obtiene como resultado la personalidad. Todas estas variables que configuran la personalidad, se verán reflejadas en actitudes.

La actitud y sus interpretaciones

El origen de las actitudes está en los pensamientos y sentimientos. Esto hace que se interpreten las situaciones de una manera positiva o negativa. La percepción de la realidad y las expectativas vienen determinada por lo que se piensa y se siente, esta interpretación es la que determina la actitud y por consiguiente el comportamiento.

Miedo a los aviones

Imagine a una persona que siente pánico a volar, en un momento de turbulencias. Va sola, tomando referencias de todo lo que ve para evaluar la situación;

algo debe estar pasando porque éstos ruidos no son normales, ésta turbulencia dura demasiado, he visto que una azafata ha hecho un gesto con la cara a su compañera, seguro que es un código interno que indica que pasa algo – en realidad no ocurre nada, pero eso no importa – si el piloto no nos dice nada será porque algo ocurre, además veo que las azafatas recogen las bebidas a un ritmo más rápido del habitual, claro porque pasa algo….¨

La actitud es el efecto

Esta persona se encuentra angustiada en un avión que se está cayendo. Su pensamiento alimenta sus sentimientos, y por eso está sufriendo. En el asiento de al lado, hay una persona que duerme tranquilamente. Abre los ojos un momento, cuando han empezado las turbulencias y se ha relajado de nuevo. ¿De dónde procede la actitud de ambos? De lo que están pensando. Toda la actitud positiva que trate de desarrollar la primera persona no le servirá de mucho, si piensa que el avión se va a caer. La actitud es el efecto y los pensamientos son la causa. Si esta persona no cambia lo que piensa no dejará de sufrir.

Los pensamientos siempre alimentan los sentimientos. Por eso se dice que, si hay tiempo para pensar, se hará una montaña de un grano de arena. Y lo menos importante, es saber si se trata de una u otra. Lo verdaderamente importante es si se está convencido de que es un grano de arena se actuará en consecuencia, y de la misma manera si se considera que es una montaña. La actitud es el efecto y el pensamiento la causa.