Hay que viajar al pasado rumbo al siglo XIX y parar en la localidad italiana de Casale Monferrato, en Piamonte, para encontrar noticias de este dulce. La historia de los Krumiri, en efecto, está muy vinculada a su localidad de origen y a la Cafetería de la Concordia de la Plaza Mazzini, conocida como el “Bottegone”. La idea de elaborar los deliciosos Krumiri nació de la mente de Domenico Rossi, excelente pastelero.

Domenico Rossi, el creador de las galletas krumiri

Domenico Rossi era asiduo cliente de la Cafetería “Bottegone”, donde la tertulia era al orden del día, los clientes tenían asignadas sus mesas y hasta existían una sala compartida por estudiantes y periodistas y otra reservada para los fiscales de la época.

Pero fue en el “Bauletto”, saloncito al fondo del local, donde Domenico Rossi ideó la elaboración de unas nuevas galletas, para regalárselas a sus amigos al término de una de las tantas reuniones que allí celebraba junto a ellos. Y como solía compartir con sus colegas un licor llamado Krumiro así “bautizó” a sus nuevas creaciones: los Krumiri.

Sin embargo, hay que esperar el 1878, cuando murió el rey Víctor Manuel II, para aprender por la prensa local como los Krumiri recibieron su fecha oficial de nacimiento en honor del Rey, cuyo bigote a forma de manillar dejó su huella para siempre en el exquisito dulce italiano.

Los krumiri, una galleta muy galardonada

Gracias a los Krumiri, Domenico Rossi, su inventor, pudo participar en el 1884 a la “Exposición Universal de Turín” presentando su producto en la Galería de la Agricultura. En Turín recibió la medalla de bronce.

En el 1885, Domenico Rossi recibió la primera patente por la Casa del Duque de Aosta. La segunda patente se le otorgó el 5 de marzo del 1891 por la Casa del Duque de Génova. Finalmente, el 15 de marzo del 1891, fue el mismísimo rey Umberto I, quien concedió al inventor de los Krumiri su tercera patente.

Este año los Krumiri han recibido el Certificado Kosher 2011, documento de conformidad a las reglas alimenticias hebraicas Kosher.

El himno a los Krumiri

En 1886 Ottavio Ottavi, enólogo italiano, escribió un elogio a esta galleta típica de Casale Monferrato.

“A los dulces sabrosos.

Krumiri elegantes.

De los niños glotones.

Alegran los cantes.

De Rossi la gloria.

El nombre inmortal.

Recuerda la historia.

Repite Casal.”

El secreto de los Krumiri está en la receta

Domenico Rossi moldeaba a mano las galletas y aportando una innovación quitó de su receta, para la elaboración de los Krumiri, un elemento: el agua. Así que solamente son los huevos y la mantequilla los ingredientes que ablandan la masa.

La receta original sigue siendo el secreto mejor guardado por la pastelería que continúa ofreciendo hoy en día los Krumiri a los paladares más exigentes, siguiendo sigilosamente las indicaciones del maestro Rossi. Todo el proceso de elaboración está hecho a mano, a partir de la rotura de los huevos. Solamente es admitido el uso del extrusor para moldear la masa.

Los auténticos Krumiri

Los auténticos Krumiri son los elaborados por la pastelería Rossi, ubicada en el centro de Casale Monferrato, a 75 Kilómetros de Turín. Confeccionados dentro de una bonita caja de metal litografiada, que también sirve para conservar mejor el producto, los Krumiri se presentan muy elegantes y paladinos de la historia que representan luciendo la imagen de las antiguas patentes.

Hoy en día, la empresa es gestionada por Anna Portinaro, hija de los comendadores Romolo y Dorotea Portinaro, los primeros en difundir los Krumiri por toda la península italiana.

Para poder degustar este dulce genuino y sabroso lo mejor sería concederse una escapada a Italia y de paso conocer la bella localidad de Casale Monferrato, visitando su Catedral, símbolo de la arquitectura gótica del Piamonte, el castillo y la torre del siglo XI. Pero si eso resulta un poco complicado existe la posibilidad de encargarlos directamente a la fábrica.

Ha pasado más de un siglo desde su aparición, sin embargo, los Krumiri siguen siendo un exquisito acompañante para las tardes de tertulias delante de un buen té o café.