
- Winseley a la izquierda, Genovese a la derecha - No juegues con dementes
El 13 de Marzo de 1964, Kitty Genovese, de 29 años de edad, volvía, sobre las tres de la madrugada, después de su jornada laboral hacia su apartamento en el barrio de Queens (Nueva York). En ese momento, fue asaltada por un maníaco, a quien posteriormente la policía identificaría como Winston Moseley.
El brutal crimen
Mosley se acercó a Kitty por la espalda y le asestó dos puñaladas. El grito de la mujer provocó que un vecino se asomase a la ventana y gritase que la dejase en paz (aunque no la socorrió). Mosley huyó despavorido y Genovese quedó tendida en el suelo, desangrándose y sin recibir ningún tipo de ayuda. Finalmente se levantó por su propio pie, y mal herida trató de volver a su hogar cuando volvió a encontrarse con Mosley lejos del lugar de los primeros apuñalamientos.
Winston Mosley (quien posteriormente declaró a la policía que había salido de casa con la intención de asesinar a "una mujer"), volvió a asestar varias puñaladas a su víctima y los gritos pudieron volver a oírse en la solitaria madrugada de las calles neoyorquinas.
La agresión sufrida por Kitty Genovese duró aproximadamente media hora y consistió tanto en el apuñalamiento, como en posterior violación y robo. Moseley huyó de la escena del crimen, cuando Genovese aún vivía y esta murió de camino al hospital.
Revuelo social
Según publicó dos semanas después el New York Times, 38 vecinos se asomaron a la ventana y contemplaron el horrendo espectáculo sin que ninguno de ellos llamara a la policía. El diario neoyorkino versó su artículo acerca de como la sociedad de su ciudad se había desensibilizado en cuanto al dolor ajeno.
Los datos de la investigación contradicen a lo publicado en el New York Times. Según los datos oficiales, los testigos oculares fueron 12 y sí que hubo alguna llamada a la policía, aunque sin describir correctamente lo que acontecía.
Gran parte de la sociedad occidental se hizo eco de la opinión del Times de por qué ninguno trató ni de avisar a la policía ni de socorrer a la muchacha. Sin embargo la ciencia psicológica trató de investigar si esa fue la auténtica causa.
Difusión de la responsabilidad
Tuvieron que pasar cuatro años (1968), para que dos investigadores de la Universidad de Nueva York (Darley y Latanè), se interesasen por el caso. Uno de los detalles que más fascinaba a estos investigadores acerca del caso de Kitty Genovese fue que cuando se le preguntó a la mayoría de los testigos oculares que por qué no intervinieron ni alertaron a las autoridades, estos respondieron "Pensé que otro vecino lo haría".
Esta respuesta (más bien, la continua repetición de esta respuesta), les hizo formular el concepto de "difusión de la responsabilidad", que reza lo siguiente: "La creencia de que varias personas concurren en una situación hace que el individuo reduzca su responsabilidad bajo la suposición de que otro u otros también pueden responder a una demanda de ayuda".
El siguiente reto para Darley y Latinè consistiría en demostrar la existencia de este fenómeno, que también recibe el nombre de "efecto espectador" o "síndrome Genovese".
Para probar esta suposición, desarrollaron un experimento en el que una serie de sujetos, estando solos en un cuarto experimental, podían acudir en ayuda de otro sujeto que les había pedido auxilio a través de un sistema de intercomunicación. La medida que se tomó fue el número de sujetos que interrumpieron el estudio a fin de ayudar al otro sujeto. Los experimentadores encontraron que el 85% de los sujetos que creyeron ser los únicos que sabían del problema trataron de ayudar. Sin embargo, cuando los sujetos creyeron que había cuatro sujetos más que habían escuchado la petición, sólo el 31% trató de ayudar.
Los experimentadores interpretan estos resultados como el producto del conflicto en el que se encuentra el sujeto respecto de si debe responder o no y de la influencia que tiene la presencia de otras personas en su disposición de ayudar.
Como todo efecto psicológico, cabe destacar que no es suficiente para explicar (o predecir) la conducta final de una persona en una determinada situación, pero se conoce, gracias a este y posteriores experimentos, que la presencia de más espectadores, altera de una forma y otra, la presencia de la conducta altruista.
