Karl Heinrich Marx nació en el año 1818 en Trveris, tres años después del Congreso de Viena en el cual, las monarquías europeas que habían derrotado a Napoleón, se propusieron recuperar las antiguas fronteras y restaurar los viejos valores, anteriores a la Revolución Francesa. El siglo de Marx, sin embargo, será una centuria de nuevas revoluciones.

El mismo año en el que Marx publicó su revolucionario Manifiesto del Partido Comunista, será el de la Revolución de 1848, un levantamiento democrático que se extendió por Europa; Marx, por su implicación en la causa, tuvo que abandonar el continente, instalándose en Londres, donde vivió hasta su muerte, acaecida en el año 1883.

Incipiente compromiso político

Marx estudió en la Universidad de Berlín, donde compartió el inconformismo político y la crítica de los jóvenes hegelianos de izquierdas. Sus aspiraciones de ejercer como docente se vieron frustradas porque el gobierno prusiano vetó el acceso a la docencia a todos aquellos que no querían someterse al régimen.

Optó, pues, por el periodismo, pero cuando el gobierno clausuró el periódico en el que trabajaba, decidió marcharse al exilio, concretamente a París, donde se instaló en el año 1843. Fue en esta ciudad donde se relacionó con distintos grupos revolucionarios, en un momento en el que Marx ya se sentía comunista, aunque todavía no había hallado base científica para su teoría.

En el 1844 redactó los Manuscritos económico-filosóficos, obra que contiene su base humanista y su crítica a la alienación que envicia toda la vida humana, la sensibilidad igual como la inteligencia. Además de la citada, también son obras suyas importantes La Sagrada Familia y La ideología alemana. Ambas comparten autoría con Friedrich Engels (1820-1895) y son una crítica de Hegel y de la izquierda hegeliana, a la que acusan de carecer de fundamento científico.

Como esgrimía Marx, “para entender los sucesos sociales y las insurrecciones obreras son precisas dos cosas: cierta penetración científica y un poco de amor hacia los hombres”.

En Bélgica, Marx intensifica su actividad política. La asociación obrera Liga de los Justos, propone a Marx y a Engels la redacción de un texto básico que exponga las ideas sociales y políticas que comparten. De esta propuesta nacerá el Manifiesto del Partido Comunista, publicado en febrero de 1848, coincidiendo con el estallido en Francia, de la Revolución del 48.

Fracasada la Revolución en toda Europa, Marx se retiró a París, donde residió bajo un régimen de libertad vigilada.

En 1875 escribió Crítica al programa de Gotha donde aparece la utopía marxista bajo en lema “a cada cual, no según sus méritos o los servicios que preste, sino según sus necesidades”. Realizó el borrador de El Capital e incluso inició su redacción, pero ésta se vio interrumpida por la muerte de su autor, en 1883.

Fue Friedrich Engels, quien tuvo buen cuidado de acabar los libros segundo y tercero de El Capital y exponerlos al criterio del público. En ellos se mostraba y denunciaba descarnadamente el funcionamiento de la sociedad capitalista.

Marx y la revolución

En Marx, la racionalidad teórica (procedimiento científico-técnico, “desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas”) y la racionalidad práctica (todo lo referente al derecho y al Estado) son verdad, la verdad, pero sólo para (o en referencia a) el propio mundo histórico capitalista o moderno (en términos marxianos, son la “superestructura”, la proyección ideológica del mundo burgués).

La revolución, en cuanto crítica sistemática del universo capitalista, no consiste sólo en abatir las creaciones del sistema capitalista, sino en derrumbarlas ya que se trata de mitos (ídolos, ideología de la clase dominante), en tanto que verdades ocultas, lo cual consiste en eliminar la base material que impide su efectiva realización. Esto mismo presenta a la revolución como el proyecto consciente que trata de hacerse cargo del programa racionalizador burgués y por ello, se postula como el intento de acabar con la irracionalidad de la estructura económica capitalista que está en su base.

No se tratará, pues, de derribar sin más, sino de “dejar que la superestructura capitalista se extinga”, una vez dinamitado su armazón.

Marx hoy

Como filosofía de hondo calado, Karl Marx despertó durante su vida y después de su muerte, reacciones de tintes desiguales: completamente contrarias a su filosofía, perfectamente de acuerdo con ella y reinterpretaciones con matices diversos, que se han difundido hasta nuestros días.

En el siglo XIX los principales detractores de Marx surgieron de entre la intelectualidad que daba sustento a las organizaciones del mundo obrero, entre otros, Bakunin, anarquista y rival dentro y fuera de la política y la filosofía.

En el siglo XX la influencia de Marx ha tenido importancia variable en Europa pero en Estados Unidos, por ejemplo, no se han dado a las teorías sociológicas de Marx ninguna importancia relevante.

El fracaso de las sociedades comunistas y su giro hacia una economía basada en el capitalismo, reabre el debate sobre el papel de la teoría marxiana en la sociedad actual, llena de contradicciones e inmersa en cíclicos períodos de crisis económica.

En cualquier caso, Marx dejó para la posteridad los fundamentos de una teoría política, sociológica, histórica y económica que debe tenerse en cuenta y que puede utilizarse para analizar los sistemas sociales.